TURISMO SOLIDARIO Y DESARROLLO SOSTENIBLE
Ignacio del Villar / Natalia Herce
Coordinadora de ONGD de Navarra
Con 12% del PIB mundial y 200 millones de empleos (8 % del empleo mundial),
el turismo es la primera industria del planeta. En 1998, los 635 millones de
turistas generaron un ingreso de 468.000 millones de euros. Si las tendencias
actuales continúan, la Organización Mundial del Turismo (OMT)
prevé 1.000 millones de turistas en 2.010. Los países del Norte
son los principales beneficiarios de este auge sin precedente, y en ellos se
concentran la industria turística y sus actores principales: compañías
aéreas, operadores-turísticos, agencias de viajes, cadenas hoteleras,
restaurantes...
En paralelo, los países del Sur se abren cada vez más al turismo.
Los gobiernos que consideran que el turismo favorece su desarrollo, ven en ese
sector un fuerte creador de empleos, productor de divisas, impulsor del desarrollo,
creador de infraestructuras productivas y de servicios, además de atraer
la inversión extranjera.
Pero ese turismo, también produce inmensos daños y distorsiones,
entre las que destacan, hiperconcentración de las infraestructuras productivas,
de comunicación, de servicios; encarecimiento de la tierra y del inmobiliario;
competencia desigual por ciertos bienes escasos como el agua; precariedad del
empleo y sobreexplotación de la mano de obra, bajos salarios, trabajo
infantil, alcoholismo, prostitución, etc.
Ante esas evidencias, tanto en el Norte como en el Sur, la OMT, los gobiernos,
las ONGD, las comunidades locales... se preocupan por un turismo
más ético y más equitativo, un “turismo solidario”.
Aquel en el que los procesos de desarrollo turístico se realicen esencialmente
en beneficio de las poblaciones del Sur directamente concernidas. Que minimice
el impacto sobre el entorno, buscando conservar el patrimonio local, las culturas,
las tradiciones... Que fortalezca las sociedades locales, gracias a dinámicas
económicas autónomas, para que se constituyan en fuerzas de contestación
del modelo dominante y en fuerzas de propuestas alternativas a ese modelo. Que
enfatice en la capacitación de los recursos humanos, desarrollando información
para formar personal de base y para apoyar la constitución de organizaciones.
Que ponga en sinergia a los actores locales para que se constituyan en redes
de intercambio, de concertación y acción. Este tipo de turismo
juega además para los consumidores de los países del Norte, un
papel esencial en la educación para el desarrollo.
Sin embargo, es una realidad que las personas y las organizaciones que se interesan
por un enfoque alternativo del turismo y que lo ponen en práctica, todavía
son muy pocas. Los actores del Sur, en particular, no se reúnen, por
falta de medios y por falta de oportunidades. Los responsables de la toma de
decisiones, por ejemplo de los ministerios de Turismo de los países del
Sur, lo mismo que los principales donantes de fondos (agencias internacionales,
organismos de cooperación bilaterales, fundaciones, empresas, ONGD, etc.),
apenas comienzan a interesarse y de manera dispersa.
Es por ello que del 25 al 29 de septiembre tendrá lugar en Francia un
“Foro Internacional de Turismo Solidario y Desarrollo Sostenible”,
cuyo objetivo principal es fortalecer el movimiento internacional que emerge
en favor de un turismo más equitativo y solidario, vector de desarrollo
sustentable para las poblaciones del Sur, considerando por primera vez, un encuentro
entre los actores europeos del turismo responsable y los actores de los países
del Sur.
Conviene diferenciar el concepto de turismo solidario con respecto a los “campos
de trabajo”. Ambos pueden estar organizados o apoyados por ONGD y ofrecen
una forma más enriquecedora desde el punto de vista personal de pasar
las vacaciones, pero mientras que en los campos de trabajo se colabora en aquello
que indique la ONGD con el requerimiento de una formación previa, con
el turismo solidario las propias entidades locales son las que gestionan y organizan
todo, permitiendo de este modo un mejor conocimiento del país, de las
gentes y de su cultura, beneficiando directamente a la población que
nos acoge.
En ambos casos y en contra de lo que mucha gente piensa, es la persona que va
al campo de trabajo o de turismo solidario la que más recibe, en comparación
con las gentes del país que visita. Es por lo tanto requisito imprescindible
una gran dosis de humildad y respeto ante la cultura y las personas que nos
acogen en su país.
Con este tipo de vacaciones no vamos a cambiar el mundo, pero nuestra actitud
hacia el mundo sí que puede cambiar. De nosotros depende que nuestro
paso por un país del Sur sea un mero tomar fotos y comprar recuerdos
con nuestra poderosa moneda, o que por el contrario nos permita empaparnos de
su música, de su gastronomía, de sus danzas, de sus tradiciones
y por qué no de sus problemas. Para conseguirlo tendremos que hablar
sin prejuicios con las gentes del lugar entre las que descubriremos su capacidad
para acoger al forastero. Nuestra labor será más de escucha que
de proponer ideas para impulsar un cambio en los países del Sur. Ellos
ya nos pedirán nuestra opinión cuando la necesiten, aunque siempre
debemos ser conscientes de que nuestras opiniones van a tener un gran matiz
eurocéntrico por lo que la prudencia nunca será excesiva a la
hora de emitir un juicio. Comprender sus problemas en un mes es una labor imposible.
Este tipo de experiencias no deberían tener una fecha de finalización;
ello supondría un fracaso. Al regresar a nuestro país es cuando
llegará el momento más difícil, que es el choque que se
produce con nuestro estilo de vida. El enriquecimiento personal debe manifestarse
en actitudes, en nuestro modo de vivir cada día. Lo que está
claro es que los valores solidarios adquiridos no deben perecer con el tiempo,
lo que sucede si no se ponen en práctica. La solidaridad debe ser una
forma de vida, y unas vacaciones diferentes nos pueden ayudar a ello.
Fuente: www.tourisme-solidaire.org
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