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Navarra multiplica por catorce la superficie dedicada a cultivos transgénicos en una década

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Ocupa el cuarto lugar en la clasificación estatal de superficie dedicada a maíz modificado. Dos de los organismos genéticamente alterados más extendidos llegan en dosis bajas a la mesa de los consumidores navarros

Pamplona. Navarra es un lunar en el oasis antitransgénico de la UE. Mientras el campo europeo rechaza mayoritariamente el cultivo de organismos modificados genéticamente (OMG), la Comunidad Foral ha pasado de dedicar 300 hectáreas al cultivo de maíz transgénico a multiplicar por 14s esta cifra para situarse en 4.397 en diez años. La tendencia, sin embargo, es a reducir los sembrados de este tipo de gramínea en Navarra. La desconfianza hacia estos productos, su coste económico y la aparición de nuevos estudios sobre sus posibles efectos adversos en la salud y el medioambiente han provocado una caída del 14,5% en los cultivos de la Comunidad Foral desde 2008.

Desde que la UE autorizó el cultivo, importación y consumo de maíz MON 810, la tipología que se cultiva en Navarra y del que España acapara el 75% de la producción con 76.000 hectáreas, los estados han podido acogerse a la cláusula de salvaguardia, un procedimiento por el que un país, pero no una comunidad autónoma, puede alegar nuevos conocimientos científicos sobre riesgos medioambientales o sanitarios para vetar el uso o venta de dicho OMG. Así, el maíz transgénico sembrado en Navarra, que ocupa el cuarto lugar en el ranking estatal de hectáreas dedicadas a su cultivo, está prohibido en Alemania, Francia Austria, Luxemburgo, Grecia y Hungría (más Italia y Polonia, que tienen moratorias). Este maíz está modificado genéticamente mediante la introducción de una proteína que repele el taladro, un insecto de la plaga que más afecta al maíz. Este OMG, que en principio no se destina a consumo humano, está patentado por Monsanto, una de las cuatro empresas biotecnológicas que controlan el 90% del mercado de los transgénicos.


Pero Navarra no es únicamente una potencia productora de OMG, también es receptora de este tipo de organismos a través de la alimentación para animales. Según explica el portavoz de la Plataforma Navarra Libre de Transgénicos, Fernando López López, a los ganaderos locales les resulta ya difícil encontrar piensos libres de estos organismos, lo que dificulta la alimentación tradicional del ganado.

La cuestión es: ¿son realmente peligrosos este tipo de organismos? "El problema es que no se conocen sus efectos a largo plazo, pero los estudios más recientes apuntan a que pueden tener consecuencias negativas para la salud", apunta López. Las agencias evaluadoras, como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), por el contrario, descartan la existencia de riesgos, una postura que no convence a las grandes potencias de la UE.

En la actualidad, según confirma el portavoz de la plataforma, dos de los OMG más extendidos llegan a nuestros platos aunque sea en bajas dosis o como residuos: soja bañada en un pesticida llamado glifosato y maíz que incorpora una toxina letal para los insectos. Esa soja -distinta a la empleada en la comida asiática- es la base de la alimentación de la ganadería intensiva y un ingrediente importante de la comida industrial, donde la encontramos en forma de lecitina en la bollería, las salsas, las papillas. Según un estudio de Universidad de Caen en Francia citado por López, el glifosato de esta soja produce la muerte de células dando origen a malformaciones y tumores. En cuanto al maíz, los animales alimentados en laboratorio con una versión modificada desarrollaron más grasa en sangre, azúcar y problemas de riñones y de hígado.

Y ello abre la puerta a otra cuestión. Un estudio de la UE hecho público en 2009 descartaba que los transgénicos contaminasen los cultivos tradicionales y ecológicos para consumo humano, sin embargo, el contagio está demostrado, según los colectivos ecologistas. El Consejo de la Producción Agraria Ecológica de Navarra ha detectado la presencia de OMG en cosechas de al menos dos explotaciones ecológicas de la Comunidad Foral. Según denuncian estas asociaciones, la separación entre los cultivos transgénicos y el resto no evita el cruce de polen. Además, la apuesta por las semillas modificadas amenaza con reducir las variedades autóctonas, advierte López.

La incertidumbre que generan estos productos, que dividen al sector agrícola, provoca, por ejemplo, que casi la totalidad de la producción del MON 810 se dirija a la elaboración de piensos y que la mayoría de empresas se abstengan de utilizarlo para consumo humano pese a estar autorizado. La normativa de la UE obliga a etiquetar los productos elaborados con transgénicos, algo insuficiente para los colectivos ecologistas y de consumidores: "Pedimos que se controlen también los animales alimentados con transgénicos", reclama el portavoz la plataforma, uno de los colectivos participantes en la marcha que se celebrará el 17 de este mes en Madrid en defensa de una alimentación sin OMG.

 

M.Gonzalez, www.noticiasdenavarra.com, 4 de abril de 2010

 

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