Lucia Skromov, fundadora del Comité de Apoyo a las Luchas de América Latina y del Comité Pró-Haití, profesora de Semiótica y vicepresidenta-embajadora del Círculo Bolivariano en Sí£o Paulo."Ya es común en Haití que la población pobre coma galletas de barro mezclado con agua, adobado con sal que secan en los patios o tejados de las casas. Sin comida normal, la fabricación de estas galletas ha aumentado sintomáticamente."
Un alerta para el mundo
En esos primeros años del siglo 21, el aumento del precio de los alimentos ya venía aconteciendo, sin embargo de tal forma silenciosa que solamente los países más pobres lo sentían más de cerca.
Como los países ricos se acostumbraron a ver como "naturales" la pobreza y el hambre en países del continente africano, americano y asiático, ninguno tuvo en consideración ese aumento de precios, hasta que este explotó de una vez, acompañado de la respuesta de las masas empobrecidas.
El mundo, entonces, se dio cuenta de la gravedad de la situación y asistió espantado a la insurgencia de las masas hambrientas condenando en continuas manifestaciones la política económica y dejando clara la nueva estrategia genocida del imperialismo: desviar la producción de cereales para la producción de agrocombustibles y provocar una escasez letal de alimentos.
El aumento medio del 48% en el precio de los alimentos, y principalmente el aumento del 75% del arroz -alimento básico de la mesa del Tercer Mundo- está llevando la población pobre a una situación-límite, calamitosa e insoportable: la muerte por inanición. Aproximadamente 800 millones de personas en el planeta viven abajo de la línea pobreza y no se alimentan de acuerdo con las necesidades básicas de un ser humano, o sea, esas personas no comen siquiera una ración al día. Por lo tanto, ese aumento, que va a hacer con que la clase media coma con menor calidad de lo normal o menos de lo normal, hará con que el pobre tenga que enfrentar una verdadera batalla para sobrevivir. La población pobre se dio cuenta de que a están siendo condenados a la muerte.
El eterno estado de rebelión de Haití
En esta situación, Haití fue titular nuevamente en casi todos los periódicos del mundo. Conocido como el más pobre de las Américas, este país colecciona históricas cifras trágicas de pobreza y exclusión: 80% de los habitantes de una población de 8.200 millones están abajo de la línea de la pobreza; 76% de desempleados; tres dígitos de mortalidad infantil; esperanza de vida de 49 años, sin bosques, con el manto freático comprometido, un número altísimo de analfabetos, sin hablar en hospitales en número insuficiente. Como si no bastara, el país es ruta de huracanes -lo que le trae aún mayores calamidades, ya que no posee ni infraestructura, ni tampoco un Estado proveedor de servicios.
El hambre es uno de los termómetros en ese país. Los niños golpean sus barrigas para mostrar su hambre; los adultos revelan en su mirada fija un hambre crónica y, cuando pasa un huracán y acaba con la parca cosecha de las tierras áridas, una familia divide una patata por semana. La incertidumbre de la comida los lleva a valorar cada grano y reverenciar el alimento en sus ceremoniales religiosos, principalmente en el Vudú.
Era, pues, de esperarse que esa población que siempre se levantó indignada contra cualquier forma de explotación, sea la esclavitud, sea la ocupación de su territorio, por Francia, por los EUA y, ahora, por la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), una vez más se sublevara contra la masacre que, hace tiempo, sufre para intentar mostrar esto al mundo. No se trata de una población sin capacidad de análisis; por el contrario, pues todos tienen memoria histórica y repiten cada instante: "Un hombre puede ser analfabeto, pero ni por esto deja de ser un hombre o deja de pensar".
La rebelión parece estar en la sangre de este pueblo que, una vez más, evaluó el peligro de ser eliminado físicamente e inicio protestas contra el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos, abriendo, una vez más, las puertas a las demás protestas en el mundo. Fueron y continúan siendo un ejemplo de lucha y resistencia. El pueblo pobre de Haití aguanta mucha cosa, pero nunca callado.
El Drama del Hambre
En el espacio de este último año, los precios de la comida subieron vertiginosamente. El arroz subió 24%; la harina de trigo, 31,2%; el pan, 27%, pero el salario mínimo en Haití no sufre reajuste desde hace 5 años, además de ser el más bajo de todo el continente americano: 30 euros. El precio del transporte público - dígase de pasada, bastante malo - prácticamente dobló. El coste de vida se hizo una amenaza a la vida y acabó generando respuestas a un gobierno rehén de las alianzas que realiza y de acuerdos que se ve obligado a hacer y sin autonomía para comandar el país.
Ya es común en Haití que la población pobre coma galletas de barro mezclado con agua, adobado con sal que secan en los patios o tejados de las casas. Sin comida normal, la fabricación de estas galletas ha aumentado sintomáticamente.
Estrangulada por ese coste altísimo, sin empleo o ganando casi nada en las fábricas maquiladoras o con el comercio informal que invade las calles de las ciudades principales del país, la población hambrienta marchó en búsqueda de derechos y, entre ellos, el más básico: el derecho a la existencia.
El Curso de las Manifestaciones en el País
Las primeras manifestaciones ocurrieron en ciudades del sur: Okay, Gonaives, Petit Goave, lugares donde el campesinado es mayoría y cuyas ganancias no son más de 1,25 euros/día. Después, alcanzaron la capital, Puerto Príncipe, por iniciativa de grupos partidarios del Lavalas, partido del ex-presidente Aristide. Gran parte de los manifestantes se adhirieron espontáneamente a la movilización, por tratarse de vida y muerte. La manifestación en la capital se hizo gigantesca, del tamaño del hambre en el país.
La multitud fue directamente a pedir una actitud firme del presidente que había elegido en 2006: René Préval. Irónicamente, días antes, el presidente había dicho a la prensa que él mismo participaría de las manifestaciones, siempre y cuando fueran serias y no manipuladas, aludiendo a la presencia de la oposición en las marchas contra los aumentos abusivos de precios. No sólo no dio la cara, si no que convocó a las fuerzas represivas - léase Minustah - para controlar a la población rebelde que levantó barricadas en la Calle de los Ministerios y frente al Palacio Nacional y, por fin, logró derrumbar los portones del Palacio Nacional, en una muestra de fuerza y de desesperación, exigiendo que los compromisos electorales fueran llevados a cabo.
Los medios y los acontecimientos en Haití
Nuevamente la prensa aparece con el mismo discurso: no analiza las causas profundas de la rebelión, destaca la pobreza de este pequeño país caribeño, presentándolo como un lugar sin salida y con una población violenta - lo que ayuda a justificar la presencia de las "tropas de paz" de la ONU delante del "peligro" de acciones de "exaltados y bandidos". Los "exaltados" y los "bandidos" son siempre perseguidos por la Policía Nacional, debidamente entrenada por las fuerzas militares de 20 países y por los propios miembros del ejército, ahora de 19 países (ya que España retiró su tropa), bajo la mirada minuciosa del comando (comando aquí se utiliza para las tropas brasileñas) de Brasil. Esos "bandidos", exaltados o no, son miles en las calles de las ciudades principales del país. En la realidad, ni siempre con métodos pacíficos, pero luchan por sus derechos y por la recuperación de la soberanía de la nación, exigiendo la salida de las tropas extranjeras.
Son esos "bandidos" que consiguieron en parte sacudir las estructuras de una política que no es aislada y que es mantenida por un gobierno inoperante. Cabezas ya fueron cortadas. El primer ministro, Jacques Edouard Aléxis fue el primero a caer; Préval tuvo que aparecer en la TELE para presentar algunas medidas paleativas, ya que el hambre no puede esperar un cambio lento de la situación. Esos "bandidos" son reprimidos continuamente y la Minustrah los caza en las calles, en los becos y rincones de las favelas y donde actúan políticamente y continuarán siendo buscados y eliminados porque representan una amenaza a la ocupación y a la estabilización, no del país, pero sí de los intereses imperialistas en la región.
Publicado en la revista ALANA (Grecia), traducido del protugués por Marcela Peixoto y Francisco Calderón









