Director Ejecutivo, Food First/Instituto sobre Políticas de Alimentación y Desarrollo
Oakland, California
Los titulares de esta semana están ardiendo con reportajes sobre motines por comida. Parecería que de un día para otro, la comida barata y la sobre producción, se transformaron en alza de precio hasta del 80% y en la prohibición de exportar alimentos en algunos países para prevenir su escasez.
Los titulares de esta semana están ardiendo con reportajes sobre motines
por comida. Parecería que de un día para otro, la comida barata y la sobre
producción, se transformaron en alza de precio hasta del 80% y en la
prohibición de exportar alimentos en algunos países para prevenir su escasez.
¡Ha llegado la nueva crisis de alimentos! Pero ésta ha estado produciéndose
durante décadas. Desde que el Banco Mundial, BM, y el Fondo Monetario
Internacional, FMI, invadieron el mercado del Sur”al obligarlos a abrir sus
puertas a los granos subvenciados de EEUU y Europa”los campesinos de los países
pobres constantemente son expulsados de la tierra y la producción agrícola. Con
la bandera de "ventajas comparativas", muchos países pobres que anteriormente fueron autosuficientes en la producción
de su comida se han convertido en importadores de comida, debido a la política
externa deliberada de EEUU. Pero ahora que EEUU retiene su maíz y vende caro el
alimento, estas naciones han quedado como los perdedores del juego.
Echándole la culpa a las sequías en Australia, al aumento del consumo de
carne en China, a la explosión de los agrocombustibles y al alto precio del
petróleo, nuestros líderes (de EEUU) han sido muy rápidos en ofrecer una
avalancha de soluciones: Un "Nuevo Acuerdo" propone el BM, otra "Revolución
Verde" ofrecen las Fundaciones Bill & Melinda Gates y Rockefeller, y
rápidamente aparecen US$300 millones de George Bush en ayuda de emergencia para
la alimentación. Esto es solo el inicio de los billones de dólares que serán
gastados en este lucrativo negocio. Los monopolios del negocio agrícola como
ADM, Cargill, Monsanto y el gigantesco "General Foods" sospechosamente se han
mantenido callados respecto a la crisis. Durante los últimos tres años mientras
la crisis se extendía, ellos alcanzaban ganancias récord de 60-80%.
Urgentemente se necesitan medidas de emergencia para que la comida sea
accesible a la gente pobre. Pero también son urgentes los cambios profundos a
un sistema globalizado de alimentación que requiere transformaciones. De manera
vulnerable a los choques ambientales y económicos, producimos, transportamos y
consumimos alimentos de manera dependiente de vastas cantidades de petróleo, en
un mercado concentrado en tres o cuatro mercancías, y sujeto al poder de un
grupúsculo de compañías que dominan las semillas, los granos y productos
químicos.
Desarortunadamente, la necesidad de un cambio de sistema”no simplemente más
de lo mismo”está fuera de las propuestas oficiales para afrontar la crisis de
alimentos. Posiblemente esto es
comprensible porque significaría que los gobiernos, las instituciones de
financiamiento internacional y las corporaciones de negocios agrícolas,
reconocerían que ellos son parte esencial del problema.
Con razón están los líderes mundiales preocupados con las manifestaciones
populares en contra del alza de precios de la comida. Con excepción de Haití
(donde la población está comiendo galletas hechas con barro y aceite vegetal),
estas manifestaciones en las calles parecen más rebeliones con ira de
ciudadanos despojados de sus derechos que, enloquecidas masas muertas de hambre
amotinándose. La gente no está sólo molesta por el alza de precios, es la injusticia del sistema global de alimentación lo que los
lleva a rebelarse.
La Evaluadora Internacional de Ciencias Agrícolas y Tecnología (IAASTD
siglas en ingles) recientemente presentó su informe final en Johannesburgo, Sud
África. Producto de una exhaustiva consulta de 3 años, similar a la del Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático, IAASTD llama a una revisión de la
agricultura dominada por compañías multinacionales y un régimen de comercio
injusto. El informe advierte contra las imposiciones de la ingeniería genética
en la producción de alimentos, y enfatiza la importancia de la producción local
y la producción agroecológica. La ventaja esencial de esta forma de producción
agrícola”además del leve impacto ambiental”es que brinda tanto comida como
empleo a la población pobre del mundo, así como un exedente para el mercado. Haciendo
la comparación en kilos por hectárea de tierra cultivada, se ha comprobado que
las pequeñas fincas familiares son más productivas que las enormes fincas
industriales. Además, utilizan menos petróleo, especialmente si la comida se
comercia local o sub-regionalmente. Estas alternativas, creciendo por todo el
mundo, son como pequeñas islas de sostenibilidad en un mar económico y
ambiental cada vez más peligroso. Mientras la agricultura industrializada y los
regímenes de libre comercio fracasan, estas formas de producción serán la clave
para reconstruir la resiliencia ante el disfuncional sistema global de
alimentación.
Esperar que solucionen el problema las instituciones que han creado la
crisis de alimentos es como pedir a un pirómano apagar el fuego. Que la gente
pobre regrese al campo y brindarles el apoyo que actualmente dominan los
monopolios agrícolas y de alimentos sería verdaderamente una solución sistémica
y duradera a la actual crisis global de alimentos.







