Alberto Rabilotta, - Periodista argentino - canadiense.
ALAI AMLATINA, 31/05/2012.- Difícil imaginar el mundo actual y la sociedad creada por la “civilización capitalista”, con la enorme concentración de las poblaciones en los centros urbanos y en sus periferias, sin referirse al simultáneo poder “disolvente” y “aglutinador” del capitalismo industrial en sus dos siglos de existencia.
Disolvente porque desde su origen en Inglaterra, para imponerse como el sistema dominante, el capitalismo tuvo que destruir las antiguas formas de propiedad y de relaciones sociales que permitían el empleo y la subsistencia de la mayoritaria población rural, provocando así el éxodo de la población rural empobrecida que fue aglutinándose en los nacientes centros urbanos donde los recién creados talleres, fábricas, depósitos, comercios de exportaciones e importación, y la naciente burocracia necesitaban de una abundante mano de obra “libre”, asalariada, que podía ser libremente contratada y despedida. La acelerada urbanización en China es un ejemplo viviente de este doble proceso.