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Medio Oriente en el sistema de estrategias de los Estados Unidos.

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Gisselle García. Ceamo (La Habana)

La revisión de las doctrinas y estrategias de seguridad de los Estados Unidos para la región del Medio Oriente evidencian que está considerada por la superpotencia como un objetivo priorizado. Es conocido que el Medio Oriente, y en particular la zona del Golfo Arábigo-Pérsico, alberga abundantes recursos naturales (especialmente petróleo y gas). A la importancia económica se adiciona la provechosa posición geoestratégica, al constituir una región de conexión tricontinental, por ser el paso obligado de un importante comercio marítimo.

Sin embargo, la presencia estadounidense ha sido favorecida por el reforzamiento de su sistema de alianzas con los Estados monárquicos petroleros del Golfo, quienes conciben la relación estratégica con los Estados Unidos como una garantía para su seguridad nacional.

Esa ecuación estratégica entre la superpotencia y esos Estados, así como el tratamiento de temas como la lucha contra el terrorismo, la presencia directa de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos como consecuencia de la ocupación de Iraq en el 2003, la percepción por las monarquías de la amenaza del modelo republicano chiíta iraní y el interés por garantizar la superioridad ante otras potencias con intereses en el Medio Oriente y en el Golfo, demuestran que estamos en presencia de una zona extremadamente explosiva y que pudiera convertirse en el epicentro de una crisis de imprevisibles consecuencias.

El panorama político regional mesooriental y en específico en el Golfo donde se cruzan agendas ligadas con la lucha contra el terrorismo (y en particular contra la red Al Qaeda), el enfrentamiento a una supuesta amenaza nuclear (con el doble rasero que la caracteriza), los llamados a la reforma y a la democratización de las denominadas petromonarquías del Golfo, así como las dinámicas internas en cada uno de esos Estados forman parte del escenario donde se ponen en práctica los fundamentos estratégicos estadounidenses encaminados a reforzar su presencia y su capacidad militar en esa zona de importancia geoestratégica para todas las potencias mundiales.

Los años noventa trajeron aparejados a la par de la desaparición de la bipolaridad, el incremento de la presencia militar estadounidense en el Golfo Arábigo-Pérsico. Como resultado en Qatar, Kuwait y Arabia Saudita se asentaron importantes contingentes que demuestran el diálogo de seguridad entre las petromonarquías y la superpotencia. Sin embargo, esa presencia en la zona de efectivos de Washington provocó la aparición de grupos contestatarios que desde las posiciones de islamismo radical condenaron la subordinación de sus Estados a la agenda hegemónica.

Todos esos pasos sucesivos encaminados a lograr el posicionamiento estratégico en el Golfo aparecen reflejados en las sucesivas estrategias de seguridad nacional implementadas por las administraciones estadounidenses hasta la fecha. El punto de partida de esta política de posicionamiento y control, que llega hasta la actualidad con la administración de Barack Obama, podemos encontrarlo en la Doctrina Carter, surgida en los marcos de la victoria popular iraní y como una respuesta sistémica estadounidense a los cambios que en esa zona amenazaban sus intereses geoestratégicos.

Los sucesos del 11 de septiembre constituyeron el segundo pretexto para ampliar la penetración en el Golfo. La administración de George W. Bush presentó en el 2002 una agresiva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) que tuvo como ejes temáticos la “lucha contra el terrorismo” y la “seguridad energética”. No obstante, debe destacarse que se trata de la seguridad de los Estados Unidos y no de la de los países de la zona, aunque los líderes de las petromonarquías, alineadas junto a Washington en la “guerra global” supieron aprovecharse de forma pragmática de dichas formulaciones para aplicarlo a sus intereses de política interna.

Esa belicista línea de acción estuvo precedida de las formulaciones realizadas por los sectores académicos neoconservadores los cuales marcaron el camino que condujo a las tropas estadounidenses a las sucesivas ocupaciones de Kabul (2001) y Bagdad (2003).

La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Bush fue readecuada en el 2006. Podemos destacar que en ambas versiones, y en la Estrategia de Defensa Nacional del 2008, se enfatiza en la necesidad de apoyar el sistema de alianzas e instituciones en la zona, como piedra angular para la consecución de sus fines de dominación.

Según criterios de algunos especialistas, en la estrategia del 2002 y en la actualizada en el 2006, la región mediooriental está considerada como prioridad. Pero, en cuanto a la solución de conflictos, la atención se centra en zonas de Asia y África. Sin embargo, focaliza en ese entorno la posibilidad de agresiones “terroristas”. (1)

La presencia creciente de las Fuerzas Armadas estadounidenses en la zona constituye la evidencia de la aceptación por parte de las monarquías dominantes de la agenda estadounidense de seguridad, las cuales a pesar de ser Iraq un Estado árabe no cuestionaron su ocupación por parte de Estados Unidos. Ello es evidencia del pragmatismo de las petromonarquías al que hicimos referencia con anterioridad y que ha ayudado a la implantación de la arquitectura estadounidense de seguridad.

El Presidente Barack Obama, quien mantuvo en su cargo al Secretario de Defensa Robert Gates, heredó en el Golfo el diseño estratégico de la administración precedente. Solo en el año en curso, esa administración presentó una nueva Estrategia de Seguridad. Esta Estrategia responde a un contexto global de reestructuración en las relaciones de poder y de transformaciones en la correlación de fuerzas. Ante la actual coyuntura Estados Unidos está presionado a implementar una “política de reparaciones” mediante la combinación de elementos de presión y distensión. (2)

La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos en su versión del 2010 (en lo adelante: NSS 2010), expresa cierta continuidad con los lineamientos de política exterior de la administración precedente. Aconseja un discurso estratégico que tome en cuenta los siguientes intereses nacionales, calificados como permanentes: la seguridad, la prosperidad, los valores y el orden internacional. (3)

En el Nuclear Posture Review Report (NPR) 2010, en concordancia con la NSS 2010, se hace mención al contexto de seguridad como un proceso que está cambiando dramáticamente desde el fin de la Guerra Fría en el cual ha incrementado la posibilidad de un ataque nuclear. (4)

Teniendo en cuenta esas formulaciones estratégicas, la actual administración ha mantenido sus nexos con los Estados del Golfo y reforzado las presiones sobre la República Islámica de Irán.

Para valorar cómo se cumplen los objetivos en la zona no se deben obviar los objetivos priorizados en la Quadrienal Defense Review (QDR) 2010. Ellos son: imponerse en las guerras actuales, impedir los conflictos y disuadirlos, prepararse para una amplia variedad de imprevistos y, preservar y realzar las fuerzas armadas totalmente por voluntarios. (5)

La guerra empantanada en Afganistán y contra la red Al Qaeda extendida, a otros territorios como Yemen, Somalia, el Sahel-Sahara y el Magreb, se mantienen entre los objetivos priorizados de la actual estrategia.

Iraq continúa siendo una encrucijada para el gobierno estadounidense. Washington intenta desplazar sus posiciones desde la esfera militar a la económica con una presencia militar indirecta, por lo que ha expresado la necesidad de una retirada “gradual y responsable” de sus tropas en un corto y mediano plazo.

En la NSS 2010 se plantea la necesidad de compartir con los aliados la responsabilidad global, haciéndolo extensivo a instituciones internacionales (no estatales). Estas últimas adquieren cierta relevancia en la actual estrategia. “La diversificación de actores ofrece la posibilidad de nuevas combinaciones de ellos a agrupaciones (partnerships) para hacer frente a nuevos problemas de seguridad mientras que para los problemas de naturaleza militar siguen siendo necesarias las alianzas intergubernamentales.” (6)

En ese sentido, la QDR 2010 expresa: “Para prevenir el aumento de amenazas a los intereses de los Estados Unidos se necesita el uso integrado de la diplomacia, el desarrollo y la defensa, junto con los servicios de inteligencia y aplicación de la ley y los instrumentos económicos de la política, para ayudar a fortalecer la capacidad de nuestros aliados de mantener y fomentar la estabilidad.”(7) Es decir la aplicación del smart power a la máxima expresión.

En la NSS 2010, los países de Medio Oriente son considerados como centros de influencia emergentes. Se destaca la importancia del mantenimiento de la alianza con Israel, pero se sigue apostando por la profundización de los vínculos en materia de seguridad con países árabes aliados de la región como el reino de Arabia Saudita, y el resto de los países que integran el Consejo de Cooperación del Golfo.

“Si en las estrategias anteriores irrumpió con fuerza el enfoque preventivo-con demasía en el ámbito de los ataques preventivos- en respuesta a la gravedad de los efectos y la necesidad de prevenir los daños y agresiones. En la NSS 2010 aparece el concepto de recuperación (resiliencia)” (8)

La amenaza nuclear, es percibida por Estados Unidos. como una de las principales amenazas. Por ello, la Estrategia señala que constituye uno de los problemas a resolver en política exterior. Resulta interesante cómo se valora la necesidad de enfrentar en el tema nuclear tanto a actores estatales como a los no estatales.

Nuevamente, los Estados Unidos se toman el papel de árbitro en el tema de la proliferación y con el doble rasero que los caracteriza cuestionan a los países que consideran sus enemigos, mientras que defienden a ultranza a sus aliados. Por otra parte, no renuncian al empleo de los medios nucleares ante aquello que denominan “amenazas a su seguridad”. Es en esta línea de pensamiento que se inscriben las actuales presiones contra un estado del Golfo, Irán, al cual la superpotencia acusa de desarrollar un programa nuclear con fines militares.

La concepción geoestratégica global de Estados Unidos parte de un diseño en el cual los temas económicos, políticos y de seguridad se entremezclan. Incluso el concepto de Medio Oriente se ha modificado y ya no se corresponde con la tradicional denominación geográfica. Por esa razón, las estrategias de seguridad, de defensa y nuclear con respecto al Medio Oriente y a la zona del Golfo tienen puntos de coincidencia, los cuales en la práctica se materializan en los sistemas de alianzas con las petromonarquías y las presiones contra Irán.

No debemos obviar en un análisis del posicionamiento estratégico estadounidense en el Golfo el papel que desempeñan los intereses nacionales de esas monarquías para las que contar con los Estados Unidos como socio constituye una necesidad con vistas a garantizar su seguridad nacional, frente a supuestas amenazas externas y reales amenazas internas.

Referencias:

(1) Brooks Beltrán. I.: “El Medio Oriente en la Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana” CEAMO, 2006.

(2) Morales, E.: “El contexto.”, Conferencia en la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad de La Habana, 2010.

(3) White House: National Security Strategy 2010.

(4) US. Department of Defense: Nuclear Posture Review Report 2010.

(5) US. Department of Defense: Quadrienal Defense Review 2010, p.III

(6)Arteaga, F.: “La Estrategia de Seguridad Nacional del presidente Obama”, www.realinstitutoelcano.org.

(7) US. Department of Defense: Quadrienal Defense Review 2010, p.III

(8) Arteaga, F.: ob.cit.