Propuesta epistemológica sobre sujetos y movimientos
El materialismo dialéctico prioriza la relación de clase en su entendimiento y en su explicación del mundo. Como concepto de entrada a la "realidad".
La relación de clase es la que se produce cuando unos seres humanos se apropian del hacer y de lo hecho por otros (quienes son expropiados de su hacer y de lo hecho). Es decir media entre ellos un proceso de explotación. Lo que se traduce en una usurpación de oportunidades de vida de los últimos por los primeros.
Las oportunidades de vida hacen referencia al diferente acceso a los recursos, prestigio y poder que tienen los seres humanos dentro de una determinada sociedad. Condicionando, por tanto, la capacidad de acción y decisión de unos u otros seres humanos y, en conjunto, sus posibilidades de autonomía.
Lo que quiere decir, entonces, que la explotación no es sólo extracción de plusvalía: es también dominación, control de la vida ajena. Materialidad negada. Negación de la realización humana.
La relación de clase es pues una relación de explotación en este sentido amplio. Implica un antagonismo básico: el bienestar de unos depende de la expropiación de otros, de usurpar y por tanto menguar sus oportunidades de vida. Esto es, de mantener la escasez (relativa o absoluta) de los demás (1).
Por eso esta relación ha generado una contínua oposición entre quienes están a un lado y otro de ella. Este antagonismo o relación de clase se ha dado a lo largo de toda la historia de la Humanidad en muy diferentes versiones.
Con la irrupción del Capitalismo y la hegemonización de sus relaciones sociales de producción (RSP), la relación de clase fundamental se produce entre el Capital y el Trabajo.
El Capital es una relación social que conlleva la expropiación del hacer, del trabajo y de la vida de otros a partir de la acaparación de los medios de producción colectivos. Es la expropiación y el sometimiento del trabajo vivo , esto es, los seres humanos.
El Capital tiene además una encarnación, que le da carácter de sujeto: la de quienes expropian y actúan para reproducir o ampliar esa relación.
El Trabajo lo personifica la parte humana que es expropiada de su hacer para sí misma. Es por tanto, explotada y alienada.
Esta relación se manifiesta hoy principalmente en la División Social, Sexual, Étnica o cultural del Trabajo. Lo que quiere decir que la relación de género y la étnico-cultural son también formas o expresiones de la relación de clase.
Son expresiones transversales a esa relación, que la complejizan al ser susceptibles de afectarla en ambos lados de la misma [tanto vertical como horizontalmente (Capital/Trabajo, y Capital/Capital, Trabajo/Trabajo)].
Posibilitan, por tanto, la acaparación de oportunidades de vida también entre el Trabajo (2) a través del diferente acceso de unas u otras personas que integran este lado del binomio de clase a los recursos, a los medios e instrumentos de producción de pequeña escala o a la posición dentro de una división social del trabajo dada. Todo lo cual determina unas relaciones de privilegio estructurales.
Las relaciones de privilegio que obedecen a los patrones de género y étnicos están fuertemente arraigadas al presentar una base sociohistórica naturalizada.
Sin embargo, hay otras relaciones de privilegio estructurales que pueden devenir de las diferentes posiciones en los procesos productivos o de la distinta inserción en los mismos:
a) bien por posesión de cualificaciones que otros no tienen
b) bien por formar parte del engranaje directivo o supervisor
en esos procesos
Todas estas diferencias afectan horizontalmente a la relación
Trabajo/Trabajo, atravesando y segmentando al conjunto de la población.
En todo ser humano se reproduce el desgarro vertical (Capital/Trabajo),
el transversal (generización, etnificación) y también
el horizontal (Capital/Capital o Trabajo/Trabajo) siguiendo estas divisiones
o infinitas otras (3). Es decir, todo ser humano tiene en sí
un germen de transformación y a su vez de perpetuación del
antagonismo de clase en sus variadas expresiones (4).
El gran "éxito" del Capital es que ha supeditado todas las demás líneas de fractura de los seres humanos a su dinámica de explotación (de extracción de valor), que por eso se ha constituído en hegemónica, sustentadora de todo un sistema social hoy planetario.
Eso transcurre paralelamente a su logro para difuminar de la relación de clase vertical Capital/Trabajo, visibilizando y multiplicando en cambio, las diferencias horizontales Trabajo/Trabajo (5).
Por consiguiente el Capital es Poder. Poder como posibilidad de controlar el hacer de otros: su producción, su trabajo, pero también, por tanto, su vida. El Capital es Alienación al dividir en los individuos su tiempo de vida y tiempo de trabajo (como parte, este último, de su tiempo de vida que no pueden dedicar a ellos mismos, sino a otros: quienes compran su tiempo). Lo que quiere decir que una gran pate de su vida no les pertenece, es enajenada de sí mismos. Proceso más grave si consideramos la centralidad del tiempo de trabajo en el tiempo de vida de cada individuo, que crecientemente pivota en torno a aquél y se subordina a su lógica.
El Capital es pues Poder para disolver el potencial de emancipación de los seres humanos, para evitar el trabajo libre, en cooperación (como parte de la vida de las personas dedicada a sí mismas). Convierte a las personas en trabajo abstracto, negado, con pretensiones de hacerlo invisible.
El Trabajo en principio es siempre resistencia a ese Poder. Al menos resistencia pasiva, latente, más o menos incosciente, para no estar (tan) sometido, para no tener controlada (tanta parte de) la vida propia, para no trabajar (tantas horas) para el Capital, o para no hacerlo en las condiciones impuestas, etc. Estas resistencias son las que dan lugar, desde el punto de vista del Capital a los "escamoteos", "negligencias", "perezas", "absentismos", "mal trabajo", "huídas", "vaguería", "ingratitudes" o "infidelidades", etc. (6). Multiplicidad de "partículas de energía" (Negri) que socavan el Poder del Capital.
De hecho la realización del trabajo, esto es la conversión del trabajo abstracto (la capacidad de tener seres humanos a disposición para trabajar) en trabajo concreto (el hecho de que esos seres humanos trabajen efectivamente y de la manera más eficaz posible para el que dispone de ellos), supone siempre una fricción constante. Para el Capital implica la superación contínua de una resistencia (7).
Ahora bien, para que esas resistencias se tornen activas, manifiestas (conscientes y orientadas a la raíz de los procesos), para que puedan constituir un desafío al mismo hecho de la explotación (y hacerse lucha de clase cualitativa), para que se elimine o supedite en cada ser humano cada vez más su parte que reproduce los antagonismos de clase, han tenido que producirse parciales transformaciones del Trabajo como objeto de explotación al Trabajo como sujeto de desalienación (que intenta recuperar la totalidad de su tiempo de vida para sí). Es decir, que hay partes del Trabajo que se transforman de meros agentes inmersos en dinámicas dadas, en sujetos que procuran establecer sus propias dinámicas (8).
Cuando estos sujetos confluyen originan Movimientos.
El Movimiento Obrero (MO) como desafío al propio hecho de la explotación es un hito de la conciencia de la Humanidad, piedra angular de la pugna por su propia emanciapación de las circunstancias que la constriñen.
El materialismo dialéctico no es más que la expresión sistematizada de esa conciencia.
El marxismo le da además una proyección política: el compromiso irrenunciable con la transformación de la realidad construida sobre la desigualdad de la relación de clase. Mediante la siguiente secuencia:
1º Denunciar e intentar eliminar la relación de explotación vertical y transversal de clase Capital/Trabajo, (así como el conjunto de usurpaciones de oportunidades de vida derivada de esta relación o de otras relaciones de clase).
2º Apostar siempre por el factor antagónico y resistente del Trabajo: es decir, hacer hincapié y potenciar el lado emancipador y liberador de los seres humanos.
3º Transformar ese factor resistente intrínseco en una fuerza política. Convertir al Trabajo en sujeto social transformador.
El marxismo, pues, supone:
a) Una síntesis de la conciencia de la especie sobre sí misma y del esfuerzo de emancipación que ella protagoniza (9).
b) Un compromiso con ese esfuerzo para congeniarlo con el estado real
de emancipación de los seres humanos, sus formas de organización,
acción, etc, para potenciar ambos.
Propuesta histórico-dialéctica sobre los Movimientos
Sociales
La Modernidad es el revestimiento filosófico-ideológico del transcurrir del modo de producción capitalista a su fase de madurez (fase industrial).
La Modernidad supone una inflexión en la evolución de la conciencia social humana. Está ligada por una parte al concepto de racionalidad, por otra a la acción o el protagonismo sobre la propia historia (como emancipación de los seres humanos respecto de las determinaciones de la Historia con mayúsculas).
Es decir, la Modernidad llevaría emparejados los procesos de Racionalidad y Emancipación (10).
El compendio de ambos conduce supuestamente a aumentar la Autonomía de los seres humanos.
Sin embargo, según veremos, la Racionalidad pronto se manifestaría como un elemento de clase, y por tanto también a esta relación estarían sujetas las posibilidades de "emancipación" y "autonomía".
De hecho la racionalidad es una supuesta tendencia que en un principio incoscientemente (sin formulación científica ad hoc) y después explícitamente, se adjudican a sí mismas las sociedades centrales (modélicamente capitalistas) del que se estaba configurando como Sistema Mundial. Su dominación económica, política y militar del resto del planeta se tradujo en una dominación ideológica y teórica, paralela al epistemicidio realizado en las otras sociedades (o aniquilamiento del conjunto de sus fundamentos del saber). De ahí que la Modernidad se extendería como una supraestructura ideológica (como una capa de ozono) a la vez que desideratum (y por ende, como legitimación de la dominación "occidental"), por todo el orbe planetario.
Esta colonización capitalista del mundo (la anterior expansión colonial ibérica había representado la última gran colonización precapitalista o de capitalismo inmaduro), va dando forma a un sistema interestatal paneuropeo (Arrighi). Justamente a la par que se produce la metamorfosis del capitalismo liberal al capitalismo monopolista de Estado (ver sinopsis posteriores). Acompañando a esa transición, en las sociedades a la sazón centrales se producen dramáticas reordenaciones económicas, políticas y sociales. Por consiguiente también, jurídicas e ideológicas.
Es el momento de la Primera Revolución Industrial, con sus intrínsecos procesos estructurales:
¨ Acentuación de la desposesión de los medios de producción a la fuerza de trabajo: proceso de proletarización generalizado o de "producción de productores" (mercantilización de la fuerza de trabajo).
¨ Nueva forma de alienación de los seres humanos convertidos en fuerza de trabajo asalariada. Alienación que se traduce en la pérdida de la capacidad de decisión individual y colectiva en los procesos productivos y en una consecuente heteronomía social.
¨ Consiguiente concentración de la racionalidad en una sola clase: la capitalista.
Posteriormente, de la Primera a la Segunda Revolución Industrial se consolida el Capitalismo Monopolista de Estado (CME); se exacerba la apropiación de clase de la racionalidad y la aplicación de la misma a los procesos productivos con su colofón tylorista; se completa la expansión colonial o dominio del planeta. Con el tiempo se impondrá y expandirá una nueva forma de regulación social: el fordismo.
Asistimos al afianzamiento de la heteronomía social a escala
planetaria: proceso de alienación generalizado a través de
las RSP capitalistas.
Fases del modo de producción capitalista que recubren estos procesos:
Capitalismo de libre competencia
Extendida mercantilización de los medios de
producción, de los bienes producidos y de los
servicios comunitarios.
Mercantilización de la fuerza de trabajo, esto es,
de la mayor parte de los seres humanos.
Competencia generalizada entre capitales en la
carrera de la acumulación originaria de Capital.
Colonización capitalista del planeta: expansión
de capitales; apropiación de recursos, tierras y seres humanos para
la reproducción ampliada del capital en las sociedades centrales.
Convergencia de las dinámicas territorial y
capitalista: formación de los Estados modernos.
Transición o metamorfosis:
1ª fase: Concentración de capital en todas las ramas
de la economía. Fusión de los grandes capitales
industriales y bancarios o bursátiles. Formación de los primeros
monopolios que buscan correlación de fuerzas dentro
de los primeros Estados "modernos".
2ª fase: Las oligarquías financieras van negando
en la práctica la "libre" competencia en el ámbito
estatal, pero todavía no se han fundido con el
Estado.
Capitalismo monopolista de Estado (CME)
[Primera fase (2ª mitad siglo XIX, 1ª mitad sg. XX)]
El Estado se convierte en garante de las condiciones generales
de la reproducción ampliada del capital en la economía nacional
y de la expansión económica exterior de
los monopolios.
El Estado deviene regulador social de la producción y
de la distribución a escala "nacional". Se
convierte en una potencia financiera y de intervención económica
más allá de sus funciones administrativas y represivas.
Fase imperialista: exportación de capitales; lucha entre
monopolios estatales por la hegemonía mundial. Repartición
del mundo entre los Estados que sostienen sus monopolios.
Desarrollo de la forma más agresiva del nacionalismo imperialista:
el fascismo. Aumento acelerado de la concentración de la producción
y de la propiedad a escala estatal.
Formación de los primeros movimientos modernos. Aparición de los sujetos de clase.
Los movimientos sociales que irrumpen en la escena de la Modernidad
responden a las nuevas circunstancias históricas que había
ido generando la hegemonización de la civilidad burguesa (los agentes
históricos que promueven las RSP capitalistas con sus correlatos
sociopolíticos (11)): propugnación de derechos civiles (libertad
individual, de credo, actividad, etc.) y derechos políticos (libertad
de asociación, reunión, manifestación, etc.). Estos
derechos se habían ido gestando en los siglos anteriores, pero adquieren
su eclosión con la paulatina hegemonía burguesa, que en gran
medida intenta reservarlos para sí misma, como clase social.
El afianzamiento de las relaciones sociales de producción (RSP) capitalistas con la incorporación de una dinámica territorializadora para la competencia por la reproducción del capital, va a suscitar también dos movimientos sociales de especial relevancia para la configuración del sistema interestatal paneuropeo: el movimiento abolicionista en las colonias (contra la esclavitud de la fuerza de trabajo) y el movimiento nacionalista en Europa y en el conjunto de las colonias americanas. Ambos son claves también en la comprensión del sigo XIX tanto por la reestructuración socioeconómica y cultural que conllevan, como por su aportación decisiva al propio devenir del capitalismo.
Estos movimientos de impulso burgués aunque con evidentes manifestaciones populares, tuvieron que ir superando las resistencias de los movimientos del Antiguo Régimen, de defensa de las RSP tradicionales, aquellos que mantenían la tensión entre el mundo premoderno y el moderno (iglesias, movimientos por la moralidad social, los restauracionistas, conservadores, etc.).
También entre la población se extendían las asociaciones y movimientos que significaban y recogían un despertar de nuevas conciencias y circunstancias de vida (cooperativas de consumidores, movimientos deportivos, naturistas, gastronómicos, etc.).
Sin embargo, con el transcurso de la Primera Revolución Industrial surgiría un movimiento que desbancaría en importancia a todos los demás, si exceptuamos al movimiento nacionalista (entonces principal movimiento en la configuración sistémica mundial que adquiría el capitalismo), con quien competiría en su capacidad de arrastre de las poblaciones, ya que se constituía paulatinamente como el elemento antagónico fundamental de la dinámica sistémica del capitalismo: el movimiento obrero (MO).
Pronto se convertiría en uno de los principales protagonistas de la contienda social y política. Su importancia viene dada por las siguientes características:
1. Es la expresión madura de una conciencia social que se va
gestando en los siglos de transición entre el orden feudal y el
capitalista, y al mismo tiempo el principal elemento en la formación
de la clase obrera como sujeto histórico (12).
2. El MO, a diferencia de todos los demás coetáneos,
apunta a la contradicción central del modo de producción
capitalista: la relación de clase o de explotación, encarnada
en esta fase histórica en la relación salarial. Lo que quiere
decir que: a/ traduce en clave de clase las reacciones a los cambios decisivos;
b/ vincula problemas y contradicciones a un programa político comprehensivo,
como proyecto global (Olofsson). Es decir, revela la esfera de la Producción
como esfera Política.
3. Todo esto quiere decir, en suma, que por primera vez en la historia una parte de los explotados no podían al tiempo ser dominados: se habían convertido en sujetos colectivos que atentaban contra la relación básica sostenedora del Sistema Capitalista (13).
4. El MO resulta de la expresión consciente de la creatividad constitutiva inherente al Trabajo. Freno a la racionalidad destructiva del Capital (14).
En consecuencia, el MO se convierte en el principal movimiento antisistémico. Sus frentes de incidencia se establecieron en torno a tres aspectos clave de la relación salarial:
a) El empleo; b) el nivel de los salarios; c) las condiciones laborales.
Poco a poco fue constituyendo organizaciones laborales y políticas de presión, reivindicación y lucha: sindicatos y partidos (teniendo como objetivo la abolición de la propia relación salarial).
Pero al tiempo, el MO trajo consigo transformaciones culturales de amplio y profundo alcance [algunas de las cuales analistas actuales se empeñan en achacar exclusivamente a fenómenos y movimientos de finales del siglo XX]. El nuevo sujeto de clase originó también en su expansión social formas organizativas de carácter horizontal y profundamente democrático que incidirían en muchos aspectos de la vida cotidiana (o lo que hoy se llamaría mundo de la vida): asociaciones de consumidores, cooperativas de productores o propietarios, escuelas, editoriales, sociedades de amistad, organizaciones culturales, recreativas, formativas, de ayuda mutua, etc.
Estas estructuras, anticipándose a la “novedad” de las del movimiento social actual, eran flexibles, horizontales, democráticas...producto de unas circunstancias similares a las de hoy, tanto para el movimiento como para el contexto sociopolítico, como al final se explicará (ver nota 28).
El sujeto obrero se fue constituyendo y consolidando en las diferentes formaciones sociales, con distintos tiempos, pero con una secuencia general que iba de las sociedades centrales, a las semiperiféricas (las mediterráneas y del este europeo, amén de entonces EE.UU.) y periféricas (casi todo el resto del planeta).
Movimiento que a pesar de sus derrotas insurrecionales, va arrancando paulatinamente derechos a los Estados:
a) Extensión de los derechos políticos y generalización de los sociales que la burguesía también había acaparado.
b) Consolidación y ampliación, por tanto, del concepto de ciudadanía (éste siempre está, como concepto y como realidad, en función de la lucha de clase).
c) Construcción, en consecuencia, de un nuevo ámbito: lo social. Entendido como espacio de interacción, negociación y representación, como realidad en la que llevar a cabo la acción e intervención de los diferentes agentes sociales.
d) Estos procesos transforman la propia concepción de sociedad civil, ahora vista a la vez como sujeto interviniente y como lugar de confluencia de las luchas, pactos o interacciones sociales en general (15).
El poder que adquirían los sujetos de clase como Movimiento frente al Capital termina por hacer entrar a éste en un proceso de negociación. Surge así el "conservadurismo moderno" que propugna concesiones socioeconómicas y políticas al Trabajo.
Pero al tiempo esto hace entrar a gran parte del propio MO en una dinámica
de pactos (se perciben posibilidades de mejorar la situación del
Trabajo a través de la negociación, los pactos y las reformas).
Es el origen de la socialdemocracia .
Se establecen así las bases para un modo de regulación
de lo social, que pronto en los países más centrales del
Sistema generaría el denominado Estado social.
Buena parte del MO pasa de ser una fuerza 'negativa' a aceptar la 'positividad' de lo dado. Establecimiento de un "pacto de clase" en las sociedades centrales. O lo que es lo mismo, un compromiso entre clases sociales sobre la base de un crecimiento económico. Las clases poseedoreas aceptaron la redistribución vía Estado, del producto social, esto es, la instrumentación y aplicación estatales de políticas de redistribución de las rentas en favor de los salarios, y políticas fiscales coherentes con ello, al objeto de conseguir activación económica por la vía de la posibilitación de la demanda, así como paz social. Exigían a cambio la intangibilidad de los fundamentos de la producción capitalista: la propiedad privada de los medios de producción sin limitación. Reconocieron políticamente sobre esta base, las instituciones político-sociales de las clases subalternas, las cuales, como los sindicatos y partidos, se comprometen implícita e incluso explícitamente a no poner en cuestión esta política de rentas que a corto plazo posibilitó un incremento del consumo de las clases populares, ni los fundamentos del capitalismo, dentro del cual no sólo se integran, sino que contribuyen a apuntalar (garantizando así tanto la explotación del resto de las sociedades del planeta como la división sexual del trabajo, sin las cuales este pacto social hubiera sido inviable).
Todo esto sucede mientras se consolida el sistema interestatal político-económico (comienzo de la gestación del capitalismo monopolista de Estado), y el [Capital] conjunto de los países capitalistas han entrado en su fase imperialista aguda: la intensificación de la intervención económica del Estado más allá de sus fronteras para garantizar la preponderancia de sus monopolios y en suma, la acumulación de capital a escala mundial.
Tienen lugar la Primera y Segunda Guerra Mundial como choque interimperialista, por el relevo de Gran Bretaña en la hegemonía mundial.
Tras estas dos enormes convulsiones del Sistema se da el fin del modo
de regulación mercantil-competitivo. Le sustituye ya en el siglo
XX el monopolista keynesiano, con su profundización en la cosntrucción
y regulación de lo social y su simbiosis con el modelo tylorista-fordista.
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?Reordenación de la estructura de oportunidades
políticas(EOP) global:
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La fase capitalista de monopolismo de Estado se ve forzada a contar
con el sujeto obrero convertido en multitud de organizaciones y movimientos.
Los métodos y el pensamiento económico hegemónico
neoclásico (el individualismo, la maximización de beneficios
en el comportamiento, asignación de recursos escasos, etc...) tienen
que enfrentarse al desafío de su lógica que supone el MO.
Se produce una recomposición mundial de fuerzas, con cierto reequilibrio a favor del Trabajo a escala planetaria: aparición del sovietismo como constituidor de un Segundo Mundo.
Afloran por doquier los movimientos de descolonización o independencia y soberanía para las Periferias: por su propio acceso a la civilidad. Resurge el movimiento nacionalista, esta vez más focalizado en esas Periferias y también con cierto carácter más antisistémico.
Mientras que en las sociedades centrales se da una profundización
de la regulación social y la consolidación del nacionalismo
sistémico.
Capitalismo Monopolista de Estado (2ª fase o fase keynesiana)
El Estado se erige en agente económico de vital importancia, interviniendo en la desmercantilización de lo social, o lo que es lo mismo, de la esfera de la reproducción de la fuerza de trabajo y de circulación de las mercancías, a fin de garantizar la activación y desarrollo de la demanda a escala nacional-estatal.
El MO es en alta medida encauzado mediante sus organizaciones de representación política y laboral dentro del marco de las RSP capitalistas, en una forma de regulación corporatista [organización de intereses a escala nacional a partir de grandes organizaciones que representan coaliciones de fuerza, suprasectoriales, de actores cohesionados en torno a incentivos y elementos ideológicos expresos, que tratan de articularse en programas de actuación económica y sociopolíca convergentes (Alonso)]. Lo que significa que el MO incidirá en la estructura política en gran medida como un grupo de interés organizado, en dinámicas de negociación y de conciliación de intereses contrapuestos. Se sitúa, de esta forma, en el ámbito general del macrocorporatismo, propio de las sociedades centrales europeas de esta fase.
Pero al tiempo, el modo de regulación keynesiano potenciará en las sociedades centrales un acrecentamiento de la diferenciación de la clase trabajadora, con la acentuación de la división social del trabajo y el desarrollo de profesiones en la esfera de lo social-estatal. Esto es consecuencia de la transformación de una parte mayor de la plusvalía en servicios: educación, sanidad, atención social general y especializada a segmentos particulares y más vulnerables de la población.
Estos servicios son atendidos por profesionales que reciben su ingreso de la redistribución de plusvalía que realiza el Estado. Una parte de ellos se inserta dentro de una clase media en expansión (sumados a los tradicionales componentes de la misma) que conquista cuotas crecientes de autonomía social, acceso a conocimientos especializados y ciertos resortes de decisión dentro de las sociedades keynesianas (viviendo la ilusión de forjarse el propio destino o "hacerse a sí mismos", los profesionales "liberales" parecen mostrar una pretendida vía de acceso al carácter de sujetos sociales desde lo estrictamente individual).
Aumentan los niveles de educación formal para el conjunto de la sociedad, pero según se agranda la diferencia de inversiones en el sistema educativo se produce también una mayor diferenciación de la clase trabajadora. Se amplía la gama de servicios profesionales asalariados no obreros.
Se produce una pareja extensión de los trabajos no manuales, en el sector servicios, en detrimento de los empleos en la agricultura y la industria.
Con todo ello se amplía la conciencia de clase media entre la fuerza de trabajo y se produce una paulatina fragmentación de la clase obrera, así como una pérdida de la conciencia de tal de amplios sectores de la población.
Por contra, los sectores desmercantilizados (muchas mujeres, estudiantes...), o insertados en los servicios profesionales del Estado o en las profesiones liberales en auge (clase o pseudoclase media), irrumpen con sus propias reivindicaciones en el espacio social que, producto de todas estas circunstancias, se había ido agrandando. Al mismo tiempo, hacen de lo social algo político al hacer visibles las contradicciones en que se basa.
Se están gestando los Nuevos Movimientos Sociales (NMS).
Sus principales aportaciones serán:
- La politización de la vida cotidiana (esto es, de la esfera de la Circulación-Reproducción), o lo que es lo mismo, la socialización de la Política.
- Dar respuesta a la colonización del mundo de la vida (Habermas)
que emprende el Capital en su dinámica de extensión del valor
a todos los aspectos de la vida, activando el dilema entre racionalidad
vertical mercantil y la razonabilidad autónoma de los sujetos sociales
(17).
- Denunciar y desafiar el pacto de clase Capital-Trabajo, en las relaciones
de explotación y desigualdad que había dejado incólumes.
Entre las principales:
a) Relaciones de género o división sexual del trabajo
b) Instrumentalización mercantilista del hábitat humano y de la Naturaleza en su conjunto
c) La división internacional del trabajo
d) El militarismo
e) La moralidad sexual y relaciones afectivas
- Trasladar el foco de atención hacia las relaciones de dominación y reproducción ideológica (por sobre las de explotación).
- Promover con ello la construcción de una ciudadanía enriquecida con nuevos derechos sociales y la incorporación de los ecológicos.
- Defender las identidades elegidas contra la estandarización y alienación.
- Incidir en el salario indirecto o social, promoviendo la desmercantilización
de ciertos consumos sociales, lo que implica la lucha en aspectos cualitativos
de la reproducción social frente a la invasión de la esfera
privada por las RSP capitalistas. Reivindicación de la (autenticidad)
autonomía, la participación social, la democratización
de los poderes, etc.
El reverso de estas líneas de actuación fue:
· Su descuido de la esfera de la Producción, y en concreto de la expresión capitalista de la dinámica de clase: la relación salarial.
· Sus intervenciones son parciales, sin una formulación o proyecto altersistémico, sin estrategias programáticas ni coordinadas entre los distintos movimientos que fueran capaces de perfilar nuevos sujetos históricos.
· No presentar apenas articulación entre su fuerza y actividad
social y la esfera política. Lo que impide en gran medida (estabilizar
los logros) traducciones estructurales de sus luchas y, entre otras cosas,
está en la base de su inestabilidad, pequeña dimensión
y carácter por veces efímero de sus actuaciones.
· Su indeterminación política hace que sus demandas puedan ser asimiladas o manipuladas con mayor facilidad desde los diferentes poderes y formaciones políticas (que las pueden incorporar de forma ambigua y desgastada a sus programas).
· Manifiestan una autolimitación reformista.
En suma, son resultado de la fragmentación de las oposiciones que supuso el MO (con cierta "periferización" de los antagonismos), si bien las enriquecen y profundizan e incorporan algunas otras que surgen con el afianzamiento y penetración de la ley del valor capitalista en la esfera de lo social [recuperando en sus primeras fases la práctica de autogestión desde el tejido social básico que había sido propia también de las primeras fases del MO]. No suponen un serio obstáculo para la reproducción del propio Sistema, pero sí amplian los frentes de lucha contra el mismo, que se ve forzado a incorporar de una u otra manera sus agendas. Generan nuevas identidades y conciencias sociales.
En el Segundo Mundo estos NMS apenas tendrían réplica, por suponerse todas las demandas sociales canalizadas por el Estado (que reprimiría de hecho severamente cualquier intento de manifestación de lo social fuera de su control).
Mientras que en el Tercer Mundo los sujetos sociales están vinculados sobre todo al proceso nacionalista, modernizador-secularizador de sus sociedades (Africa y Asia-Oceanía); o son todavía herederos de los idearios y praxis del MO, avivados con la influencia "desconectista" del Segundo Mundo (sobre todo América Latina, pero también ciertos sectores sociales más "europeizados" de África y Asia-Oceanía). Son frecuentemente "sujetos armados" (ante la general cooptación del MO institucional).
Poco espacio, por tanto, en estas "Periferias", para la intervención
de los NMS, que no obstante, impregnan tímidamente la cultura cotidiana
de algunos sectores sociales crecidos en los márgenes de aquellos
sujetos.
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?Fin del capitalismo monopolista de Estado ?
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A partir de los últimos años 60 del siglo XX, y especialmente de la fractura de 1968-1973, se ponen en evidencia algunos procesos desfavorables para la reproducción ampliada del capital:
. Las enormes inversiones en capital fijo que se habían producido habían acrecentado la vulnerabilidad de la tasa de ganancia.
. Los gastos del capital variable aumentan a consecuencia del aumento de poder de la fuerza de trabajo.
. Se produce una saturación nacional de la demanda, especialmente de bienes de consumo durables, con el consiguiente rebrote de la sobreproducción.
. Agotamiento de los ajustes keynesianos para compensar este desequilibrio
. Crece la competencia intercapitalista que favorece también la caída de la rentabilidad y de la inversión.
. Todo ello en un contexto de crisis energética.
Lo que genera en conjunto un ciclo recesivo. Y con él dos vertientes de medidas:
a) El Capital, a través de sus agentes a la sazón más representativos, las empresas multinacionales (EMNs), busca soluciones en la inversión externa directa, con la consiguiente profundización de la internacionalización productiva y financiera.
b) Se produce un paulatino e intencional desmantelamiento de los instrumentos regulatorios, lo que en conjunto da lugar a una nueva fase del Capital (aparentemente) desregulado, o "salvaje", precisamente cuando éste consigue su extensión planetaria.
Estos serán los dos principales nutrientes de lo que más
tarde se conocería como Globalización.
Capitalismo Monopolista Transnacional, nueva EOP global y Nuevos-Nuevos
Movimientos Sociales
El capitalismo monopolista transnacional, conocido vulgarmente como globalización, es la expresión o fase actual del sistema capitalista, y no una "nueva época" o sistema de la Humanidad. Esta fase supone la culminación de un proceso que con diferentes alcances y retrocesos comenzó hacia el siglo XV-XVI con los albores de la expansión europea al resto del planeta.
Con la culminación del paso del capitalismo monopolista de Estado (CME) al capitalismo monopolista transnacional (CMT), la relación de fuerzas se desequilibra abrumadoramente hacia el Capital, tanto a escala interestatal como intraestatal.
En general puede decirse que los Estados se ven incapaces por más
tiempo de ofrecer un marco propicio para el desarrollo del capitalismo
monopolista, el cual rompe las barreras estatales de regulación
social de la producción y de la distribución en que se hallaba
confinado en la anterior fase de capitalismo monopolista de Estado, y tiende
a buscar para esos fines el espacio global (planetario), aunque necesite
del Estado para su reproducción y expansión. Pero ahora precisa
también la potenciación de instituciones globales (BM, FMI,
ONU, UE, G-8, OMC, etc.) que garanticen junto a los Estados individuales
las condiciones generales de reproducción ampliada del Capital.
Primera fase (2ª mitad años 70 hasta primeros años 90 del siglo XX)
Este proceso es resultado y a la vez motivo del diverso desmoronamiento
de la conjunción de fuerzas sociales que a nivel intra estatal e
interestatal propiciaron un mayor equilibrio de fuerzas entre el Capital
y el Trabajo tras la Segunda Gran Guerra del siglo XX. Lo cual ha significado
el fin del sovietismo en el Segundo Mundo, el agotamiento del desarrollismo
tanto de liberación nacional (Africa y Asia) como populista (América
Latina) en el Tercer Mundo, y el paulatino desmantelamiento o retraimiento
de la socialdemocracia en el Primer Mundo (Amin). Supone por tanto, la
ruptura de cierta correlación de fuerzas y pactos de clase a escala
intraestatal e interestatal y la ofensiva del Capital a nivel mundial para
recomponer la tasa de ganancia.
El Capital persigue su utopía de haber conseguido un mercado
global para autorrealizarse, lo que le empuja a perder en cada lugar buena
parte de su atención sobre la vitalidad del mercado nacional y por
tanto a declinar en gran medida su participación en la reproducción
de su propia fuerza de trabajo, la cual había sido al mismo tiempo
pieza fundamental en la demanda de sus productos. Es el sacrificio del
mercado nacional por un supuesto mercado global, en el que la competencia
intercapitalista se exacerba y lo achica en realidad por momentos.
Esto quiere decir que el "pacto de clase" keynesiano deja de tener valor para el Capital y con ello:
. El Estado pierde su eficacia como elaborador de estrategias que rigen la expansión del Capital o la modulan, para convertirse en servidor o gestor de las mismas. Sustituye su atención por la demanda (propia de su fase keynesiana) a su esfuerzo por favorecer la oferta.
. La Política al interior de los Estados, como lugar donde se construye, decide y regula el devenir social y las posibilidades de participación y protagonismo de unos u otros seres humanos o sectores sociales en el mismo, va cediendo lugar a la gestión administrativa y a la 'administración' social.
. Esto supone el espejismo de la ahistoricidad del Sistema: el Capitalismo ha venido para quedarse. Se trata sólo de regular su mejor funcionamiento.
. Previamente, y sobre todo en las Periferias, se ha dado una eliminación
física de los sujetos colectivos antagónicos, mientras que
tanto en las sociedades periféricas como en las centrales se produce
un ataque frontal en la esfera de la Producción (a las organizaciones
de clase) y una asimilación parcial (lo más inoculizada posible)
de las luchas de los NMS en la esfera de la Circulación-Reproducción.
. Se extiende una resignación de clase (debilitamiento, arrinconamiento
o cooptación de las organizaciones de clase), pareja al establecimiento
de un marco general de lo posible. Consecuente compromiso entre las fuerzas
políticas a través de la contienda electoral que inscribe
sus propios límites: la alternancia se impone y oblitera la alternatividad.
Fuera de los márgenes del Sistema no hay nada.
. Los sujetos de clase como sujetos antagónicos se difuminan al tiempo que paradójicamente la dinámica de clase capitalista cobra dimensión, intencionalidad, planificación y conciencia mundial, convirtiendo también al conjunto de la especie humana en una única fuerza de trabajo (mundial).
. La segmentación de los procesos productivos y, en general, la flexibilización y precarización de los mercados laborales, genera un incremento de la fragmentación (estratificación y heterogeneización) estatal e interestatal de la fuerza de trabajo. Lo que redunda en la pérdida de poder negociador de la misma, tanto en la esfera productiva como en la política. El MO pierde prácticamente su presencia social y se repliega a la esfera laboral, donde sus "resistencias" se tornan más inmediatas (o economicistas) (18).
. La fuerza de trabajo en todos lados pierde capacidad de negociar sus intereses y por tanto de reequilibrar la distribución de plusvalías y de dar forma al propio Estado (19).
. Con todo ello se produce el suicidio de la socialdemocracia (al colaborar con la pérdida de la propia base antagonista que la posibilitó) y se perfila un proceso de des-socialización, que en la pluma de muchos autores ha sido descrito algo más eufemísticamente como de entrada en la "sociedad del riesgo": aquella en que se desmoronan las certidumbres y los marcos de protección colectivos, que son reemplazados por opciones individuales, autorreferentes.
. Esto quiere decir que se produce una paulatina recomposición del Estado Social, que segmenta su espectro de acción y por tanto también divide y clasifica a sus destinatarios, a menudo a través de la individuación de sus prestaciones. Generando la competencia entre sectores de población por las mismas y en suma el aislamiento entre sí de los diferentes grupos receptores, con una inseguridad colectiva planificada. Lo que refuerza la metamorfosis hacia un Estado asistencialista o "Proveedor", con el consiguiente incremento del subvencionismo, del "voluntariado" y de diversas formas de caridad social. Transformando derechos sociales en gracias concedidas a discreción.
. Pero como todo proveedor ese Estado se atribuye cada vez más potestades de represión y control: leyes de seguridad ciudadana, radical incremento del componente policíaco-militar, aumento de las instituciones, lugares y dispositivos de vigilancia y castigo (policías y elementos técnicos o humanos de supervisión, instalaciones peninteciarias, proliferación en la vida cotidiana de los video y audiocontroles, intervención en las comunicaciones privadas, espionaje social, etc.).
. Se da una acelerada exclusión de amplios sectores de la población: invisibilización extrema del Trabajo (materialidad negada en su grado máximo). Esta exclusión está vinculada a la política de brutal desregulación del mercado laboral con miras a recomponer la tasa de plusvalía favorable al Capital. Así, mientras que quienes trabajan en puestos más o menos regulares de ese mercado laboral (economía formal) son sobreexplotados en esfuerzo y horas laboradas, cada vez más población entra en relación informal, transitoria, parcial o sumergida con el mundo del empleo, y otras capas sociales son excluidas aparentemente de forma definitiva del mismo. Las mujeres se vinculan con la parte más precaria del mercado, lo que refuerza su posición social de sometimiento y en general la división sexual del trabajo; mientras generaciones enteras de jóvenes son desestimadas para el empleo cualificado e incapacitadas por tanto para realizar el relevo social. Al tiempo que todo esto desguaza las posibilidades de la acción de clase, toda una serie de disposiciones legislativas la previenen por si acaso: leyes de huelga (como la prohibición de huelga solidaria), estatutos de los trabajadores, etc.
. Paradójicamente, según las relaciones sociales de producción del Capital profundizan la "colonización del mundo de la vida", los tradicionales "nuevos movimientos" no encuentran claves de movilización masiva ni de formación de sujetos estables o que acrediten capacidad de intervención transformadora en la sociedad. No es extraño, por eso, que sin desaparecer las condiciones estructurales que les motivaron y que les dieron su determinada composición social, se vean estancados y reduzcan su incidencia social. Si bien bastantes de sus propuestas han adquirido un nivel de transversalidad social, al haber sido interiorizadas por amplias capas de la sociedad.
Por contra, cobran cada vez más protagonismo otros "movimientos" heterónomos, de corte reaccionario (convenientemente a menudo suscitados y dirigidos desde diferentes centros de poder, con un gran auge y capacidad de movilización). Favorecidos por los efectos negativos de las leyes del mercado para toda la población y concretamente para muchos sectores de las clases medias débiles, que van adquiriendo miedo a todo, y en especial a la posibilidad de su propia exclusión social. Representan la opción más fácil: un intento de blindar lo que queda de ciudadanía frente al creciente número de descolgados de la misma, frente a los "extraños" (otras identidades, grupos étnicos, inmigrantes, etc.), que son criminalizados. Reclaman la protección del Estado para sí mismos, para su estatus social.
. Poco a poco el espejismo de la "autonomía individual" que había
encandilado a las clases medias se ve resquebrajado ante
su creciente "reproletarización".
. Mientras, el Tercer Mundo vuelve a arcaísmos religioso-culturales como forma de huir del espejismo imitativo de Occidente (de ese "si hacéis lo que nosotros seréis como nosotros" que aquél le había propuesto) (20). La práctica totalidad del movimiento nacionalista de las Periferias se hace sistémico, mientras que alguno del Centro, casi siempre de cariz minoritario, gana fuerza antisistémica.
. En todo el planeta, la consciente destrucción de las organizaciones políticas de base, populares, vecinales, etc. conlleva la pérdida de las redes de protección secundaria o sociopolítica que la población había ido construyendo tras la destrucción de las redes primarias con la Revolución Industrial capitalista (21).
. Son sustituidas, por contra, por organizaciones intermediarias, controladas a distancia o indirectamente (mediante la fiscalización, la contabilidad, la dependencia financiera, etc.). Su principal "virtud" será, dadas las circunstancias, el autodisciplinamiento. Integradas por personas en general no directamente afectadas en los problemas sociales (a menudo buscan en ellas sus propias salidas profesionales). También en lo sucesivo el Estado fomentará o se descompondrá en multitud de agencias subsidiarias para mantener parcialmente algunas de sus anteriores funciones sociales. Se produce, en suma, el fenómeno del oenegeísmo (22).
. Consecuentemente con todo ello, tiene lugar también la recuperación del protagonismo social de las diferentes Iglesias y sus organizaciones, amén de otras formas organizativas de carácter asistencial, paliativo o caritativo.
. En este contexto tiene lugar un reflujo de los referentes de clase o género, por ejemplo, nuevamente a los de sociedad civil burguesa. En consecuencia se agranda la amorfización y al tiempo atomización de los agentes sociales autoconfinados en formas asociativas u organizativas cada vez más pequeñas (lo que quiere decir que para una gran parte de las sociedades, de la masa se llega al microgrupo más o menos afectivo, sin instancias intermedias de identificación), y se produce la reinvención del individuo-ciudadano (justamente cuando "la ciudadanía" queda fuera del alcance de un número creciente de excluidos).
. En conjunto las organizaciones y asociaciones de la "nueva sociedad civil" son fruto de la fragmentación o dilución de los anteriores sujetos sociales, y presentan mucha menor dimensión y escasa amplitud de sus propuestas e intervenciones. Se han transformado en microsujetos.
. Estos serán los que den cuerpo a los Nuevos-Nuevos Movimientos Sociales (NNMS), de un radio de acción mucho más limitado, y reducido en general a la esfera privada colectiva, esto es, a las reivindicaciones de asuntos cercanos e inmediatos de ciertos sectores de población (pérdida de la universalidad de las luchas).
. Sin proyecto ni fidelidad histórica, los NNMS son cada vez más esporádicos, de militancia crecientemente intermitente o puntual (relacionada con ciertas formas de amistad, se deshacen por desafecciones internas o bien al conseguir sus objetivos más inmediatos, o también ante una elevada adversidad), con toboganes de concentración y desconcentración de actividad.
...............
En definitiva, si con la evolución del capitalismo liberal al capitalismo regulado los conflictos y los sujetos de carácter más transformador se desplazaron de la esfera de la Producción a la de la Reproducción general, con el paso al capital trasnacional neoliberal (antisocial), esos sujetos se ven confinados a la supervivencia privada colectiva.
Hay por tanto un transvase de protagonismo del ámbito social al privado, que cobra cada vez más centralidad en la vida de los actores sociales. En adelante el individuo se convierte en la unidad de reproducción de lo social. Debe asegurarse por sí mismo su existencia y organizar su propia biografía.
Esta pugna por la sobrevivencia diaria contribuye también al retraimiento de la Política, Proceso que se traduce más tarde en una "afasia política" (Bilbao) o incapacidad de expresar en términos políticos las cuestiones sociales.
La sociedad en conjunto pasa a la defensiva: todo el mundo tiene bastante con sobrevivir en la vorágine del mercado laboral, en un día a día cada vez más "competitivo", y en hacer frente a las deudas contraídas con el Capital (23), ante la remercantilización de lo público y de los derechos sociales que habían sido arduamente adquiridos: sanidad, educación, seguridad en la vejez, etc. Recobran, así, fuerza patética, las palabras de Marx sobre la "coacción sorda de las relaciones económicas", la tiranía de las RSP capitalistas, que en esta fase anulan su precedente potencial emancipador para la Humanidad.
Del macrocorporativismo general que implicaba el "Estado Social", hemos pasado hoy a un microcorporativismo particularista, en el que cada quien quiere salvarse por su cuenta.
Mientras que se hipoteca la acción presente a causa del incremento de riesgo del futuro.
Terreno óptimo para la construcción de nuevas formas de
gobernalidad (Rose); formas que requieren la colaboración activa
de los individuos en su propio gobierno. Ciudadanos libres, producto de
la creación de condiciones subjetivas que promueven su autodominio,
autorregulación y autocontrol. Es el biopoder (Negri) que regula
el conjunto de la vida desde abajo.
Estas nuevas formas de dominio son el resultado de la economización
de los medios de gobierno, que tratan en esta fase del Capital de gobernar
contando con la mayor cantidad posible de energía que aporten los
gobernados mismos. A partir de ahora se requiere la activa intervención
de los individuos en su supervivencia, la promoción de la "ciudadanía
social", de la responsabilidad civil, de la "racionalidad" económica
de cada quien.
Llamadas continuas a la participación ciudadana para los actos y proyectos que han sido previamente diseñados por las diferentes instancias de gobierno y poder. Alusiones constantes a la autoayuda o a la economía social, se corresponden con un mayor cierre hermético de las instancias de decisión sociales y la creciente dificultad de acceso a una información realmente útil (los ciudadanos cada vez conocen y deciden menos sobre los grandes procesos político-económicos mundiales que les afectan directamente).
Estamos frente a lo que algunos autores han llamado autonomía dirigida o regulada (Gorz, Rose, Antunes...). Muy propia del que sería nuevo modelo hegemónico de regulación: el toyotismo.
Con él se da en realidad una acentuación de la alienación, o lo que es lo mismo, una todavía mayor concentración de la reflexividad en la clase capitalista y fundamentalmente en sus sectores dirigentes. Lo que se traduce en un aumento sin precedentes de la capacidad de planificación social, de previsión de alternativas y elaboración de opciones (lo que se ha llamado gestión o manejo de la incertidumbre).
Aunque, paradoja insalvable, la incertidumbre terminará aumentando
con la propia dinámica del Capital transnacionalizado. Y por tanto
también lo hará la ingobernabilidad general del Sistema.
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? Actual EOP global ?
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Fruto de la creciente ingobernabilidad, en adelante se acrecienta el recurso a la fuerza en las sombras de la "certidumbre" de la racionalidad capitalista mundial.
Al mismo tiempo, los programas de gobernabilidad (manejar el desorden social generado sin que se altere el Sistema) se convierten por doquier en una obsesión; mientras que se pretende el dominio ideológico planetario, a partir de la concentración y centralización del control de los medios de difusión y socialización. Se intenta expandir, de esta forma, una ideosfera mundial que traería emparejado, a la postre, eso que se ha llamado pensamiento único (Ramonet) (24).
Con ello parecía confirmarse que el sueño racionalizador de la Ilustración estaba destinado nada más que a la parte humana que encarna al Capital. De igual modo, el pretendido universalismo capitalista (que proclamara a los seres humanos hacedores de su propia historia) resultaba estar reservado para quienes personificaban ese lado dominante de la relación social de clase.
Pero la Historia nunca se para.
Algo empezaría a cambiar frente a los propios límites
que evidencia el Sistema (límite de explotación de los seres
humanos, colectivos y pueblos; límite de tasas de ganancias; límite
de recursos y sumideros; límite de legitimidad, entre los más
importantes).
Fase actual del CMT (mitad años 90 siglo XX hasta
hoy)
La última década del siglo XX (para algunos en realidad la primera del siglo XXI político), trae consigo la maduración de los procesos descritos para la primera fase del Capitalismo Monopolista Transnacional (CMT), y a la par un intento de algunos sectores del propio Capital por introducir cierta razonabilidad al Capitalismo para salvarle de sí mismo.
Asistimos, por ello, a una (tímida) reconsideración de las políticas de Ajuste Estructural y un cierto freno a la destrucción del componente social del Estado, al menos en las sociedades centrales europeas. Comienzan a oírse voces dentro del propio Capital para poner cortapisas a su fase de financiarización salvaje. Se apela de nuevo a algunos "pactos" supraestatales de regulación.
Sin embargo, como decíamos, los procesos iniciados en la primera fase de CMT siguen mientras tanto su curso, dificultado su cambio de rumbo por la ofensiva unilateral mundial que emprende EE.UU. en todos los órdenes.
Podemos sintetizar los complejos procesos que tienen lugar en la actualidad mediante algunos puntos clave:
. Incremento de la inestabilidad del Sistema a través de su financiarización. Al reducirse enormemente la creación de riqueza social, la pugna intercapitalista por un mercado cada vez más reducido se hace mayor (las fusiones reflejan el intento de constituirse en bloques cada vez más grandes frente a los competidores). Se extrema la oligopolización.
. Exacerbación de las desigualdades intra e intersocietales en todo el planeta.
. Generación de un "espacio global" de entrecruzamiento de flujos comerciales, laborales y financieros.
. Creciente necesidad de la violencia armada como dispositivo de salvaguarda del Sistema (se incrementa exponencialmente la dificultad de controlar el mismo, especialmente por un solo país; la "clase capitalista" dirige pero apenas controla las dinámicas del Capitalismo Monopolista Transnacional).
. Redefinición y reestructuración de la relación laboral, que pasa a diversificar sus expresiones en todo el mundo. En concordancia con ello se produce un generalizado proceso de desposesión de la población pero esta vez sin creación de un proletariado, merced a la heteróclita combinación de formas de explotación (tributarias o feudales, esclavistas o semiesclavistas, fordistas, postfordistas, "invisibles", autoexplotación, etc.) y marginación (excedentes de la fuerza de trabajo, a menudo ni siquiera válida como "ejército de reserva").
. Transformación del Capitalismo de industrial y estatal (o interestatal) a cada vez más social y global. Lo que produce la práctica fusión de las esferas de la Producción y la Circulación.
. Las consecuencias fundamentales de ello es que el conjunto de la sociedad se convierte en fuente de valor productivo y reproductivo, así como que toda la vida de los seres humanos queda sometida a la lógica del valor del Capital. Lo que es lo mismo que decir que el conjunto de la Humanidad es transformada en Trabajo. En realidad, cada vez más en trabajo abstracto (invisibilizado). Se genera el espejismo de que el Capital (inmaterializado) puede reproducirse sin necesidad del Trabajo.
. Pero por eso mismo, el campo de la contestación va definitivamente mucho más allá de la fábrica, la oficina o la empresa (Negri). Se produce una auténtica socialización del antagonismo de clase. Lo que quiere decir por una parte que las fricciones o resistencias de los seres humanos a ser meros objetos de extracción de valor o a admitir la mercantilización del conjunto de su vida, se generalizan en todos los ámbitos. Y por otra, que en adelante cualquiera de estas resistencias es susceptible de afectar el antagonismo vertical Capital/Trabajo.
Es la pugna de la Vida (convertida en Trabajo) por realizarse. La irrupción en escena de la materialidad de los impedidos. Cada lucha es una aspiración por hacer visible lo invisible, por devolver al Capital su expresión concreta (violenta), por recuperar la concreción de las relaciones humanas que subyacen a su dominio: esa es la propia debilidad de la globalización.
En la medida que esos rechazos o resistencias se vayan haciendo más radicales (dirigidos a las raíces que los generan), tendremos un paso sustancial de cada vez más sectores de la Humanidad a Movimiento (precisamente para dejar de ser Trabajo en su expresión alienada y llegar a ser Trabajo socializado)(25).
Esto ha permitido la convergencia de cada vez más fracturas de
la relación vertical, transversal e incluso horizontales de clase,
en forma de movimientos. Lo que supone por una parte, un espectacular salto
de los NNMS desde su microesfera a la macroesfera (a lo glocal); y por
otra, la revitalización de los antiguos NMS en las nuevas expresiones
globales que adquieren los sujetos de la Humanidad en movimiento (26).
Nuevas formas organizativas y de intervención
Con el paso del CME al CMT, las expresiones más reflexivas de la Humanidad como Movimiento apuntan también a la vertiente global (desafío y alternativas a la globalización capitalista).
Por otra parte, si el Capitalismo industrial traía emparejadas formas burocráticas de organización (asumidas incluso por el MO), con los resultados tan frecuentes (aunque no únicos ni necesariamente queridos) de jerarquización, verticalidad, intrasparencia, incomunicación... El Capitalismo informacional [con su modelo de (des)regulación gatesianista (27)], por contra, fomenta las formas organizativas virtuales, reticulares, ante la descomposición de las físicas tradicionales.
De ahí que comienzan a aparecer los arcoiris, los rizomas, las redes, las webbs... Formas de organización muy blanda, muy flexible, por eso también difícilmente controlable, hegemonizable, cooptable (pero al tiempo con relativamente escasa operatividad). Conllevan altos grados de igualdad interna, trasparencia y democracia horizontal. Quienes a ellas se acogen realizan una especie de "internacionalismo comunicacional" (28).
Pero en realidad están en una dimensión más allá del internacionalismo clásico. La mundialización capitalista fuerza hoy un transnacionalismo planetario o movimiento(s) de corte también mundialista. Lo que de hecho ya ha comenzado a apuntalarse como un Movimiento de Solidaridad Global (MSG), que en realidad es más una metáfora de la multiplicación de luchas y movimientos que surgen desde todas las esferas de la vida.
Entre los principales retos que tiene por delante ese naciente MSG (o nueva idea-fuerza) están:
* Combinar democracia con organización.
* Congeniar heterogeneidad con operatividad, coordinación y consensos de futuro. Lo que significa también en algún momento el paso de las agrupaciones meramente coyunturales en negativo, contra el Sistema, a las definiciones en positivo (qué se quiere y cómo).
* Incorporar (para hacerse uno con) los sujetos que se formaron en la tradicional esfera productiva (el Trabajo clásico) y comenzar a afectar realmente los procesos de acumulación del Capital tanto a escala intraestatal como planetaria.
* Articular su intervención también en la dimensión Política. Búsqueda de (nuevas) formas de participación directa y de mediación entre lo social y lo político (para ir disolviendo esta distinción), que quizás tengan que superar las estructuras partidarias y organizativas propias de otros modos de regulación social.
* Desarrollar y coordinar formas de acción, intervención y organización que sean capaces de dar respuesta a los moldes y procesos actuales de un capitalismo heterogéneo que combina su expresión informacional con otras variedades propias del tylorismo y pretylorismo, y que incorpora extensivamente formas de explotación precapitalistas.
* Vigilar para que esas formas y estructuras organizativas practiquen antipoder. Para que así puedan intervenir a la manera de líquido disolvente del Poder en todas sus expresiones.
* Superar la ambigüedad constitutiva, que viene marcada por la
propia realidad que se reproduce internamente al tiempo que se quiere superar.
Trazar el discurso como verdadera guía del actuar, y el actuar como
mejor discurso.
Uno de sus mayores retos será complementar "vieja" con "nueva" izquierda (la participación sin dirigismos ni hegemonizaciones de la primera en la segunda).
Un movimiento de solidaridad global debe ser capaz de una vez por todas de conciliar en su seno la fragmentación de la Primera Internacional (marxismo/anarquismo).
Debe superar la pugna hegemonizadora y mutuamente excluyente entre dos "viejas" izquierdas, herederas respectivamente de la Tercera y de la Cuarta Internacional.
Por último, debe ir dando espacios a los sujetos que se reconocen
próximos a la Segunda y que intentan salir del suicidio de ésta
durante las últimas décadas del siglo XX.
Además, tiene el reto de articular síntesis y epistemes
emancipadores eurocentrados con los no occidentalcentrados.
Articular, en suma, los sujetos de clase tradicionales y todos esos
otros sujetos de lucha no eurocentrados, así como los nuevos y nuevos-nuevos
sujetos que no provienen de ninguna de aquellas referencias clásicas.
Se podría de este modo (¿o debería soñarse con?) construir desde el mundo de la Vida una (¿Quinta Internacional?) Primera Mundial de la Solidaridad.
Logros hasta el momento de los movimientos globales:
- Han conseguido la visibilidad de las resistencias. Ruptura de los bloqueos informativos.
- Multiplican la contestación por doquier al pretendido pensamiento único (lo que ha supuesto la primera derrota ideológica del Capital durante esta fase transnacional a pesar de su casi absoluto control de los media).
- Funden en retroalimentación permanente teoría y acción. Con el consiguiente aumento de la reflexividad de los movimientos y de la de sus componentes individuales. La razonabilidad del Trabajo se hace más y más reflexiva.
- Son elementos pedagógicos para el resto de la sociedad. Fuentes de socialización y praxis alternativas.
- Motivan y son resultado a la vez de la extensión de una conciencia global, pero a partir de las diferencias. Incorporando distintas narraciones, visiones del mundo, no sólo las occidentalcentradas.
- Comienzan a hacer ver la posibilidad de un espacio social global o ciudadanía planetaria, que se aprovecha del espacio mercantil global que ha generado el Capital.
- Consiguen establecer Encuentros y Agendas mínimas a nivel planetario,
con Foros de discusión como el Foro Social Mundial de Porto Alegre.
Posibles eslabones primordiales para una auténtica transnacional
planetaria de la Humanidad (o Mundial de la Solidaridad).
Reflexión final
Hemos de considerar que tanto los desafíos como los logros del Trabajo en la actualidad (sea a través de su expresión como MSG o cualesquiera otras), se enmarcan dentro de unas condiciones enormemente desfavorables. El marco de lo posible ha sido tremendamente estrechado por la ofensiva del Capital previa y paralela a la expansión del CMT, con la eliminación física o política de sujetos y órganos (institucionales, populares, armados, ideológicos, etc.), con el apagamiento de las fuerzas conscientes alteristémicas o la marginación incluso de las reformistas, y por tanto también con la expansión de otras formas de subjetividad claramente integradas.
Erradicadas las fuerzas del sovietismo que conmovieron el mundo durante casi un siglo, y desplazadas las vías nacionalistas-desarrollistas de la mayor parte del planeta, la Estructura de Oportunidades Políticas actual se muestra realmente pobre si aplicamos un punto de vista ortodoxo positivista, para cualquier nueva irrupción o preponderancia del Trabajo a escala social.
El compromiso irrenunciable de la dialéctica marxista por coadyuvar, no obstante, a esa posibilidad, nos obliga a teorizar y actuar constantemente en sentido contrario, en el de la negación de lo dado. Justo ahí donde se generan las Estructuras de Oportunidades Vitales (las que traducen la imposibilidad de negar a la Vida su materialidad).
La lucha es de nuevo por levantar otros marcos cognitivos y otras subjetividades, por intentar permanentemente potenciar sujetos alternativos que promuevan nuevas formas organizativas y estructuras de realidad (deseablemente más ricas gracias al aporte de las praxis de quienes lucharon antes). Pero al tiempo sin descuidar el análisis de las situaciones y sujetos concretos, las relaciones de poder a que están sometidos y las que generan por sí mismos (precisamente para saber quiénes y cómo pudieran llevar a cabo sus emancipaciones, así como sus posibilidades de unos u otros tipos de éxito). Esta última tarea se presenta urgente en lo sucesivo.
Queda por ver la capacidad de congeniarse que tendrán las diferentes "fracturas conscientes" que el capitalismo mundial suscita en todos los ámbitos; su intencionalidad y posibilidades de realizarse como fuerzas operativas capaces de modificar las dinámicas de acumulación capitalista sistémica. Algo de lo que hoy parece estarse tremendamente lejos.
Pero la Historia está siempre por hacer y no tiene por qué
seguir ninguna sistematización (válida, en todo caso, para
poder entender mejor qué ha pasado, como en estas líneas
se intentó). Los indeterminables vaivenes de la lucha de clase están
siempre prestos a abrir a la Humanidad insospechados caminos. Y muchas
partes de esa Humanidad han empezado a reconocerse a sí mismas la
posibilidad de transitarlos con
miras emancipadoras.
Nuestra aportación a esa aventura también es importante.
Andrés Piqueras
Sociólogo y Antropólogo Social
Universidad de Castellón
(España)
4 Cada antagonismo de clase no forma una "clase". La clase social
fue una construcción teórica que se realizó para designar
la población que quedaba a un lado y otro de la relación
Capital/Trabajo según la detentación o no de los medios de
producción de una sociedad. La "lucha de clases" es una metáfora
de la lucha de clase que seres humanos concretos realizan para perpetuar,
trascender o buscar una mejor posición dentro de esa relación.
[Pero no hay que perder de vista que las clases no son sujetos, son una
conceptualización].
La idea y el concepto de lucha da a entender el reconocimiento
de que en un medio social caracterizado por la apropiación estructural
de recursos y en general, oportunidades de vida, de unos por otros, hay
que combatir políticamente (esto es, estructuralmente, colectivamente)
para posibilitarse esas oportunidades de vida.
5 En cuanto a la división transversal de género, se utiliza
para potenciar las divisiones del Trabajo según sexo, pero se obstaculiza
la visibilización del proceso de género que las subyace.
6 Suelen expresarse como lucha de clase cuantitativa (por un mejor
reparto de la plusvalía, menor explotación, mejores condiciones
e trabajo, etc.).
7 Por eso, como se sabe, el Capital "huye" siempre que puede del Trabajo
(Holloway). Prefiere mecanizar los procesos productivos (es decir, transformar
trabajo vivo -seres humanos- en trabajo muerto -máquinas-), para
no tener que enfrentarse con él. Sin embargo, como se sabe también,
la única fuente disponible de plusvalía para el Capital es
la utilización de trabajo humano (las máquinas no son sino
plusvalía diferida, pues ya las hicieron otros seres humnanos).
De ahí su perpetua contradicción interna.
8 Sujeto en este contexto es el agente, individual o colectivo, que
identifica en un plano social sus sujecciones e interviene en el mismo
plano (colectivamente) para transformarlas en orden a conseguir mayor autonomía.
El concepto de sujeto, especialmente para los subordinados, está
estrechamente relacionado al afán colectivo, al mayor papel en la
construcción de la propia biografía, al mayor protagonismo
en la historia social.
La fuerza de trabajo es la única mercancía que
no se puede separar de su forma-vida. Cualquier obstaculización
a su realización humana tiene la potencialidad de provocar lucha,
esto es, movimiento: prevalencia de la vida sobre la mercancía.
El movimiento obrero es a la vez productor y producto de esta
contradicción, como negación de la negación de la
vida.
9 Se trata de una síntesis, no de la única existente
ni posible. De diferentes cosmovisiones culturales se han iniciado síntesis
dispares, con diversos grados de complejidad.
10 Más tarde, en el siglo XX, aparecería el concepto
de Reflexividad para sintetizar ambos, pero mucho más desideologizado.
La ciencia social actual propone la reflexividad como la capacidad
de la agencia, es decir, de los seres humanos y de sus expresiones sociales,
de pensar su acción y las propias estructuras en las que ella se
enmarca. La reflexividad denota el proceso de despegue de los individuos
y sus organizaciones respecto a sus condicionamientos estructurales. No
sólo de medios respecto a fines, sino la posibilidad de replantear
el marco desde el que se hace el cálculo. Es decir, que mientras
la racionalidad actúa dentro de unas coordenadas, y en ese sentido
no es crítica, la reflexividad permite abrir la posibilidad de establecer
las propias coordenadas, aunque siempre partiendo del marco de referencia
dado (su constreñimiento, en ese sentido, es insalvable).
11 Como se ha dicho a menudo desde Marx, estas RSP fueron liberadoras
en lo social e individual para muchos seres humanos, al tiempo que daban
como resultado nuevos sometimientos. También se ha trazado la ecuación
desde entonces entre emancipación (de las relaciones de control
del viejo orden) e incremento de la vulnerabilidad-riesgo con la libertad
desposeída de cada individuo, careciendo además de protecciones
colectivas.
12 Sujeto histórico podríamos llamar a aquel que presenta
conciencia y afán de historicidad, intencionalidad de crear sus
propias coordenadas sociales. Por lo tanto, con proyecto alternativo global.
Por supuesto, MO y clase obrera no coinciden: la clase es una idea-fuerza
para expresar la división de los seres humanos según la relación
de apropiación y explotación; pero también para resaltar
y potenciar el que los expropiados y explotados pueden erigirse en sujetos.
Si clase obrera es igual a resistencia o lucha de clase "objetiva",
latente, pero con posibilidades para quienes la integran de convertir esa
lucha en explícita, activa, movimiento obrero implica lucha efectiva
de sujetos, con intencionalidad, subjetividad.
13 Se les podía someter a una forzada explotación
cuantitativa (extracción de plusvalor) pero no cualitativa (colaboración
con, y aceptación de esa relación de clase).
14 El Trabajo es el único que introduce resistencia y por tanto
posibilidades de razonabilidad en la dinámica de la racionalidad
capitalista de destrucción de recursos y vida.
La reflexividad del lado del Trabajo supondrá en adelante
la lucha de la razonabilidad contra la racionalidad.
15 En adelante al menos dos concepciones de la sociedad civil se confrontarán:
la burguesa (verticalizada y heterónoma) y la popular (no dada,
sino como fruto cambiante de la autoorganización, autónoma).
16 En esta primera fase todavía propugna la superacion del capitalismo,
mediante acumulación de reformas, fuerzas y ventajas parciales que
supuestamente irían inclinando el equilibrio de fuerzas a favor
de la clase obrera. Se estima que poco a poco irían transformándose
las RSP capitalistas, que se diluirían por sí mismas en las
socialistas. Después, sin embargo, la socialdemocracia es digerida
por el Capital, convirtiéndose primero en factor de su perpetuación
en las sociedades centrales (está en la base de la clave keynesiana),
y más tarde en mera supraestructura política, implicada directamente
en la ofensiva neoliberal del fin de siglo XX.
17 Los NMS (mediante la agrupación de los nuevos sujetos que
salen de lo social) encarnan la denuncia de las consecuencias irracionales
de la Racionalidad. Esta Racionalidad había fundado las condiciones
de la separación, del extrañamiento de los seres humanos,
de la opacidad del Sistema, como ya anticipara Weber y más tarde
causara el desencanto de los sociólogos frankfurtianos.
18 La clase capitalista ha creido que con el proceso de transnacionalización
de las economías (más o menos eso que ellos gustan de llamar
"globalización"), las tasas de acumulación y plusvalía
pueden garantizarse sin necesidad de pactar la redistribución y
la "paz social" keynesianas con las organizaciones obreras, que pierden
su potestad de interlocutores. A partir de ahí, los "intereses"
de explotadores y explotados dejan de poder conjugarse en una suma positiva
para ambos, y entran en una pugna de suma cero*. En los países centrales
es la clase capitalista la que reabre las hostilidades, realizando por
su cuenta y a su manera la "lucha de clases", cada vez más segura
de ser ella el "sujeto histórico" verdadero, el "motor de la historia"
por excelencia (en una asunción de las ideas-fuerza, o mitos marxistas,
sólo que al revés). Evidenciando también que, contra
las ilusiones postmodernas, los conflictos en el orden de la producción
sólo se habían sobrepasado tan aparente como transitoriamente.
* Aunque el mantenimiento del pacto podría seguir siendo beneficioso
para ambas partes en el centro del Sistema, hay un componente histórico
de "venganza de clase" del Capital, que prefiere sacrificar parte de plusvalía
por disciplinamiento obrero y abundar en la sumisión de la fuerza
de trabajo.
19 Se produce la incorporación de la última frontera:
la población y recursos del Segundo Mundo (especialmente China y
ex países del Este europeo, pero también de otras zonas de
Asia, antes sólo parcialmente incorporadas, y ciertas de Africa);
así como la fuerza de trabajo femenina mundial no incorporada anteriormente
(sobre todo de las Periferias del Sistema). Población, en su conjunto,
sin apenas derechos sociales ni laborales que pudieran permitir atenuar
su extra-explotación. Esto conlleva la pérdida de poder negociador
del resto de la fuerza de trabajo mundial y el refuerzo de la capacidad
de dominación de la misma por parte del Capital, con el consiguiente
incremento general de la plusvalía (mundial) y el refuerzo de las
formas tyloristas y pretyloristas de explotación del Trabajo.
20 La encumbración de lo cultural (entendido como algo
esencial, inmune a las cambiantes condiciones de vida de las gentes) y
la elevación de la "identidad" a desideratum, resultan algunas de
las principales contrapartidas en todo el planeta. De hecho, pasan a ser
los factores movilizadores aparentes más eficaces (tras los que
subyacen, no obstante, muchos otros procesos).
Astillamientos étnicos e integrismos religiosos como forma
de agarrarse a un pasado en el que se vuelven a buscar las respuestas,
están al orden del día ante la barbarización social
imperante a escala planetaria y la ilegibilidad de una realidad cada vez
más mundializada. Las identitades folclorizadas, anestesiadas y
excluyentes (en su gran mayoría autocentradas en la mística
de la sangre-etnia-nación y restringidas en lo social) son correlativas
a este nuevo contexto mundial: fácilmente domeñables, resultan
por lo general inocuas cuando no conniventes con el proceso de acumulación
capitalista planetario.
21 Para Robert Castel (1997) este es un proceso que se
produce de forma paralela al desarrollo del capitalismo, el cual fue destruyendo
o suplantando la protección de las redes de sociabilidad primaria
(familia extensa, comunidad, vecinazgo, gremio...), que fueron siendo incorporadas
a un Estado cada vez más "social". Posteriormente, sin embargo,
también debilitó o adelgazó en extremo las redes de
protección secundaria (política) con las que los sujetos
se habían dotado para defenderse del Nuevo Orden (sindicatos, organizaciones
obreras, vecinales, partidos de clase...). Castel traza así la secuencia
de individuación: los ciudadanos de la Modernidad pasaron de la
agregación de la communitas al individualismo negativo de los albores
de la Primera Revolución Industrial. Su reacción contra esas
circunstancias generó una suerte de individualismo positivo de masas
con vinculación a identidades abstractas (políticas) y logro
de universalización de los derechos (individualismo independiente
y a la vez autónomo): es la fase de formación y organización
de la clase obrera y el posterior keynesianismo. Hoy se produce un nuevo
salto al individualismo negativo, sin apoyos y por tanto consecuencia y
causa de privaciones: los agentes sociales se reencuentran convertidos
en individuos por defecto, porque se ven excluídos de los colectivos
protectores, o porque simplemente éstos desaparecieron.
22 La forma de intervención o de actuación social
de este tipo de organizaciones, en conjunto, no persigue transformaciones
estructurales sino medidas paliativas y maquilladoras del orden social
imperante, pero sin llegar siquiera al reformismo, dado que sus intervenciones
son puntuales y desgarradas de cualquier proyecto integrador sociopolítico,
promoviendo la generación o afianzamiento de clientelas y dependencias,
al contribuir a la discapacitación, sumisión o disolución
de los movimientos populares y formas de intervención autóctonas.
El Oenegeísmo como fenómeno sociopolítico es paralelo
a la autoexplotación de las poblaciones (a través del refuerzo
y divulgación de formas de "autoayuda", "voluntariado" y "economía
social", tan promovidas desde los distintos ámbitos de poder), contribuyendo
en suma a la sustitución de las políticas sociales y derechos
duramente conseguidos, por asistencialismos de uno u otro tipo, y coadyuvando
en general a la aceptación de la inevitabilidad del orden dado.
23 El obrero endeudado (fruto del espejismo de "consumidor"
que se le ha impuesto) no se puede ocupar de otra cosa que de trabajar.
Es la versión actual del antiguo campesinado cargado de deudas y
obligado al fin a vender sus tierras, en el proceso de desposesión
de los medios de subsistencia implicado en el desarrollo del capitalismo.
Sin embargo, ¿qué le queda al trabajador o trabajadora aparte
de buscar con ahinco la sobreexplotación de su propia fuerza de
trabajo?. ¿Qué más puede vender?: su sumisión,
su disciplinamiento laboral, que es lo que garantiza el efectivo y mejor
aprovechamiento de su fuerza de trabajo por parte de quienes se la compran
(es decir, que podrán conseguir también su explotación
cualitativa).
24 Entendiendo bien que con este término no se hace referencia
a una sola manera de concebir el mundo, sino a la aceptación, desde
las diferentes sociedades y versiones culturales actuales de la Humanidad,
de la racionalidad capitalista y su abanico de propuestas adjuntas, a las
que todas se amoldan, haciendo de aquélla un referente universal.
25 Partes de la Humanidad que previamente fueron "desclasadas" o "desconcienzadas"
como integrantes del Trabajo, se convierten así de nuevo en Movimiento.
Esta vez desde la esfera de la Vida como un todo, más allá
de la distinción producción-circulación.
26 La complejidad de tamaño fenómeno y procesos,
provoca una enorme dificultad de teorizarlos. Se han realizado hasta la
fecha parciales aproximaciones a través de lo que algunos se han
atrevido a llamar "Teoría de los Movimientos Sociales". Pero
ciertamente muy poco ha aportado esta pretendida teoría sobre las
dinámicas y probabilidads de los procesos capitalistas, de las configuraciones
sociales que ellos motivan o de las propias alternativas humanas frente
a tales procesos.
En realidad, como estamos intentando mostrar aquí, todo
esto puede teorizarse desde el materialismo histórico, a condición
de que se haga desde su prisma más dialéctico.
27 De Bill Gates (Lacroix & Tremblai).
28 En el capitalismo salvaje de la Primera Revolución
Industrial se fue gestando un, en primera instancia, desarticulado movimiento
obrero, con organizaciones “horizontales”, “flexibles”, etc., hasta que
se articuló e institucionalizó (y en cierta manera se “verticalizó”)
mientras conseguía construir lo social y arrancar formas de regulación
que sujetaron la barbarie del Capital. En el capitalismo salvaje de finales
del siglo XX y principios del siglo XXI, surge un, en principio, desarticulado
movimiento antiglobalización, “horizontal”, “flexible”, etc. Uno
de sus grandes desafíos es cómo se articulará en términos
políticos sin repetir los mismos procesos, para cambiar la propia
concepción de la Política y conseguir nuevas formas de regulación
social favorables ahora al conjunto de la Humanidad.
[* PONENCIA PRESENTADA AL SEMINARIO INTERNACIONAL
DE LUXEMBURG “MOVIMIENTOS SOCIALES. REALIDAD Y SIGNIFICACIÓN”. UNA
VERSIÓN DE ESTE TRABAJO ESTÁ PUBLICADA EN AFRICA/AMÉRICA
LATINA, nº 38. EDITORIAL SODEPAZ, MADRID, 2002].