EL
MOVIMIENTO DE COOPERACIÓN Y SOLIDARIDAD INTERNACIONAL DURANTE EL AÑO
2002
Ernest Cañada
Enero de 2003
Durante el año 2002 el movimiento de cooperación para el desarrollo
y solidaridad internacional en España no ha vivido cambios especialmente
destacables. El año que ahora termina se ha caracterizado por las constataciones,
por la continuidad en algunas dinámicas de cambio anunciadas años
atrás. Fue un año sin novedades especiales: ni la creciente
y polémica presencia en los medios de comunicación de las acciones
de las ONG de Desarrollo (ONGD); ni la ofensiva conservadora para reestructurar
este sector de la sociedad civil; ni el debilitamiento de sus espacios de
coordinación; ni la necesidad de construir espacios de colaboración
por afinidades ideológicas; ni la aparición de un movimiento
antiglobalizador que ofrece otras formas de participación a la gente
de izquierda distintas a las de las ONGD; ni, finalmente, la tensión
dentro de un mismo sector entre planteamientos y prácticas no ya distintas,
sino abiertamente contradictorias.
Por eso lo más interesante de este último año ha sido
la percepción de que estos procesos, que venían apuntándose
desde hace dos o tres años, no eran coyunturales y que con ellos se
está produciendo un cambio de escenario en el mundo de la cooperación
para el desarrollo y la solidaridad internacional. De este modo, las contradicciones
que abre este nuevo contexto empiezan a estar más perfiladas. Veamos,
pues, en qué términos se plantean esas constataciones,
esos debates y esos interrogantes.
Luces y sombras en los medios de comunicación
La mayor presencia de la cooperación internacional y del trabajo de
algunas ONGD en los medios de comunicación de masas es algo evidente
y este año, como en anteriores, se ha constatado de nuevo. Sin embargo,
el enfoque con el que es trata el tema, salvo honrosas excepciones, no deja
de ser muy contradictorio e incluso polémico. Pongamos un ejemplo.
Cierra el año la gala de Operación Triunfo en TVE en favor de
los apadrinamientos de niños a través de cuatro ONGD y el malestar,
la vergüenza y la incomodidad en parte del sector es evidente, así
como las dudas más que razonables sobre si con este tipo de tratamiento
se vulnera el código ético del que se ha dotado el sector. La
conclusión parece evidente: la cooperación, la solidaridad,
la ayuda humanitaria han entrado definitivamente en el mercado de los medios
de comunicación como un espectáculo más.
Pero cuando uno es noticia se arriesga a serlo no solamente en términos
de elogio, sino también por sus errores, incompetencias y fracasos.
También hay un mercado para ello. Durante este último año
diversos medios de comunicación han fijado su atención en supuestas
irregularidades y malversaciones de fondos de las ONGD, así como en
las limitaciones, contradicciones e incluso en los efectos negativos que sus
acciones están teniendo en los países del Sur. Citemos solamente
algunos de los ejemplos más significativos. El 21 de abril de 2002
el Semanal, dominical perteneciente al Grupo Correo, publicó un polémico
artículo de Carlos Manuel Sánchez, Escándalo en las ONGs.
Los cooperantes denuncian. En este reportaje se mezclaban informaciones de
carácter muy diverso con la clara intencionalidad de provocar la indignación
del lector y enjuiciar negativamente el trabajo de las ONG. De este modo se
citaba el informe elaborado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Refugiados (ACNUR) y Save the Children sobre abusos sexuales contra
menores de edad por parte de “cascos azules” y cooperantes que
habrían utilizado la ayuda humanitaria para acceder a mujeres y niñas
en países como Guinea, Liberia y Sierra Leona. A renglón seguido,
y sin práctica diferenciación entre unos y otros asuntos, se
denunciaba también la malversación de los fondos de la ayuda
humanitaria; el elevado índice de fracasos de los proyectos de cooperación;
las complicidades entre los distintos agentes de la cooperación para
maquillar los resultados de los proyectos con el fin de evitar que se les
cortase la financiación; el incremento de los presupuestos de los proyectos
para financiar el funcionamiento administrativo de las ONG; los efectos negativos
de múltiples proyectos. Además de un tratamiento muy superficial
del problema, que lejos de analizar e informar solamente buscaba despertar
la irritación y el escándalo, el procedimiento de obtención
de las opiniones de algunos de los cooperantes entrevistados no parece que
fuese muy limpio. Se sabe, por declaraciones de los propios entrevistados,
que la información que estos aportaron era mucho más matizada
y que solamente se recogieron los aspectos más controvertidos y polémicos
de sus declaraciones.
Un carácter muy distinto tenía la entrevista concedida a Sol
Alameda por José María Caballero, misionero javeriano español
que trabaja desde hace años cuidando a niños soldados en Sierra
Leona, y publicada en el Dominical de El País el 5 de mayo de
2002. En esta entrevista, y a partir de su propia experiencia de compromiso,
José María Caballero denunciaba, entre otras cosas, la inutilidad
de la mayoría del trabajo de las ONG y de Naciones Unidas en ese país
africano. Más que en la capacidad o no de aportar de equipamientos
como hospitales o escuelas, el problema radicaría en la incapacidad
de los profesionales de estos organismos para llegar y escuchar realmente
a la gente. Pero además de la inutilidad de sus acciones, Caballero
consideraba que la forma de estar en el país de los cooperantes provoca
efectos perniciosos para la población local: alzas de precios; estilos
de vida mucho más elevados; diferencias salariales. Y buena parte de
ello lo atribuye al hecho de que el trabajo en las ONG se ha convertido en
una carrera profesional más, una forma de “subir peldaños”,
lejos del compromiso moral que, en principio, se supondría.
Estos ejemplos, con acentos, intenciones y compromisos morales diferenciados,
son solamente indicadores de un fenómeno mucho más amplio: la
erosión de la legitimidad de las ONG como agentes de desarrollo.
Pero este fenómeno de pérdida de legitimidad no es en absoluto
algo nuevo, ni exclusivo de España. Es más, en la medida que
la cooperación al desarrollo en España tiene una historia muy
corta, las críticas y cuestionamientos fuera de los círculos
de los más directamente implicados son también recientes. Y
sin embargo se trata de un fenómeno generalizado en la mayoría
de países europeos del que ya nos advirtió hace unos cuantos
años el libro de David Sogge, Compasión y Cálculo. Un
análisis crítico de la cooperación no gubernamental al
desarrollo (Icaria, Barcelona, 1998). La consecuencia de este proceso de pérdida
de legitimidad parece obvia: la vulnerabilidad del conjunto de ONGD se acrecienta,
porque los matices y diferencias entre ellas, por grandes que sean, no siempre
llegan de forma nítida al gran público.
En cualquier caso, y por lo que respecta a la forma de tratar desde los medios
de comunicación el trabajo de las ONGD, tanto una perspectiva positiva,
especialmente en términos de reclamo publicitario, como un enfoque
negativo en el que se pretende “desenmascarar” a estos supuestos
héroes, dificulta el mantenimiento de una imagen común como
sector. Y en la medida en que esto ocurre es cada vez más difícil
consensuar un mensaje conjunto por parte de las ONGD. Una mayor relevancia
en los medios traslada los debates más allá de los círculos
reducidos y las contradicciones de un amplio abanico de organizaciones en
el que conviven posiciones que van desde la derecha más conservadora
hasta la izquierda transformadora, difícilmente pueden silenciarse
u ocultarse por mucho más tiempo.
Una ofensiva conservadora dirigida a reestructurar el sector
Pero las dificultades por las que atraviesa el sector tienen mucho más
que ver con las contradicciones que se han puesto en evidencia y amplificado
a través de los medios de comunicación, con la ofensiva conservadora
impulsada desde el gobierno para reestructurar y recomponer el particular
tejido asociativo de las ONGD. Nos encontramos ante una apuesta clara en favor
de las opciones más conservadoras y afines a los intereses ideológicos
y económicos de la derecha española.
Después de la aprobación del Plan Director de la Cooperación
Española y por segundo año consecutivo, la resolución
de las convocatorias de ayudas a las ONGD por parte de la Agencia Española
de Cooperación Internacional (AECI) ha dejado un saldo claramente indicativo
de esta tendencia. Lo apuntado el año anterior parece que se consolida,
a saber: el privilegio de las organizaciones afines o más proclives
a desarrollar las estrategias que interesan en mayor medida al gobierno español
en el exterior, como si de empresas subcontratadas se tratara. La doctrina
de la cooperación oficial española de vincular la ayuda oficial
para el desarrollo a los intereses comerciales, culturales y geoestratégicos
del país donante va tomando cuerpo. Otros receptores de estas ayudas
tienen que ver con el mantenimiento de ciertas cuotas de poder entre distintos
sectores de ONGD. Y a unos pocos, aún resulta difícil marginarlos.
El resto, por mucha historia y por mucha tradición de trabajo en cooperación,
van quedando progresivamente desplazados.
Una de las piezas rotas heredadas de este conflicto entre esta ofensiva conservadora
y parte de las ONGD es la Coordinadora Española de ONGD (CONGDE). Si
bien fue el año anterior en el que se escenificó este encontronazo,
la relación entre la AECI y la institución que hasta la fecha
representa al grueso del sector sigue sin recomponerse. De hecho, uno de los
principales conflictos en los que se escenificó este enfrentamiento,
la composición del Consejo de Cooperación, aún no se
ha resuelto. El origen del problema, sucintamente, puede enmarcarse en la
decisión gubernamental de designar, por encima de la decisión
democrática de las ONGD federadas, qué ONGD iban a estar presentes
en el Consejo de Cooperación. Hasta la fecha, la decisión de
la asamblea de la CONGDE es que hasta que no se produzca una rectificación,
no sentarse en el citado Consejo. A pesar de este acuerdo determinadas organizaciones
continúan participando en él.
Los resultados que, grosso modo, han ido dibujándose a lo largo de
este año han sido múltiples. En primer lugar, destaca el progresivo
debilitamiento de la CONGDE en relación al papel jugado en etapas anteriores.
Lo que sin embargo no se ha producido ha sido su ruptura y la aparición
de varias coordinadoras. Este era uno de los escenarios posibles tal y como
se vivió la crisis el año anterior. Finalmente parece que la
opción que ha acabado imponiéndose es la de una Coordinadora
con un perfil más bajo en términos de incidencia política
y social, y el desplazamiento hacia otro tipo de agrupamientos de parte de
los esfuerzos de coordinación en el sector.
En segundo lugar, y de forma estrechamente interrelacionada, se ha producido
un relativo fortalecimiento de algunas federaciones de ONGD en determinadas
Comunidades Autónomas y nacionalidades. En el ámbito autonómico
parece que, de momento, las ONGD han gozado de una menor presión y
han podido mantener con mayor facilidad y menor tensión las diferencias
que iban constatándose en el sector. La asignación de una vicepresidencia
de la CONGDE representativa de las federaciones autonómicas, no deja
de ser un dato indicativo de este particular proceso. Así las cosas
los interrogantes empiezan a trasladarse: ¿será posible mantener
esta evolución en las federaciones autonómicas? O, en la medida
que su influencia crezca, ¿volverá a repetirse el mismo fenómeno
de enfrentamiento, ruptura y debilitamiento que ha ocurrido en la CONGDE?
¿Las particularidades y la distinta composición de las federaciones
autonómicas, reflejo de un tejido asociativo diferenciado, podrán
generar dinámicas sustancialmente distintas y evitar el proceso que
parece dibujarse a nivel general?
En tercer y último lugar destaca la progresiva articulación
de grandes grupos de ONGD con mayor nivel de afinidad ideológica que
buscarían un espacio de colaboración particular, desarrollando
iniciativas conjuntas, tanto de cooperación, sensibilización
y educación para el desarrollo, como en el ámbito de la incidencia
política. Probablemente la cristalización y visibilización
de estas alianzas sea una de las tareas pendientes para próximos años.
Algunas de estas alianzas ya se están dando, aunque habrá que
ver qué dimensiones toman y cuantos grupos acaban configurándose.
Muy probablemente el escenario que se vislumbra para un futuro a corto plazo
sea el de una coordinación estatal débil, alguna federación
autonómica que logre mantener una cierta fortaleza y, de forma paralela,
grupos de ONGD que cada vez vayan teniendo más influencia y trabajo
conjunto con perfiles y propuestas cada vez más nítidamente
diferenciadas entre sí; determinadas ONGD que, por sus dimensiones
y nivel de incidencia muy superior al de los demás, mantendrán
un perfil diferenciado muy particular; y finalmente, otro importante grupo
de organizaciones que irán quedando fuera de lugar o con niveles de
incidencia delimitados muy localmente.
En cualquier caso, la ofensiva conservadora en el ámbito de la cooperación
para el desarrollo ha tensionado profundamente al sector. Esto ha llevado
a un contexto de polarización ideológica que puede permitir,
a pesar de los pesares, un cierto reagrupamiento de las posiciones de izquierda
dentro de este mundo. En este sentido, resulta muy significativo cómo
ONGD con un perfil claramente técnico están sintiéndose
cada vez más interpeladas a posicionarse sobre qué tipo de modelo
de cooperación para el desarrollo quieren llevar a cabo. También
está ayudando a ello la incomodidad que sienten muchas ONGD ante el
enfoque mayoritario de los medios de comunicación, que proyectan una
imagen de la cooperación en la que muchos no se sienten identificados.
Y ya por último, pero no por ello menos importante, también
está contribuyendo de forma significativa a que pueda producirse un
cierto viraje hacia articulaciones de izquierdas por parte de determinados
grupos de ONGD el hecho de que estas, precisamente a su izquierda, estén
sintiendo la presión de un movimiento social como el antiglobalizador.
Con la mirada puesta en el movimiento antiglobalizador
Para las ONGD con un carácter progresista este proceso de recomposición
del sector está plagado de dificultades y contradicciones. De entrada
no disponen de los medios y apoyos que van a contar otros grupos de organizaciones
a las que las cosas les van a ir mucho más de cara. Las dificultades
económicas por las que están pasando algunas de estas organizaciones,
derivadas de la drástica reducción del nivel de financiación
para proyectos de desarrollo, no son algo menor. Y de ahí la importancia
estratégica que para la supervivencia de su trabajo está teniendo
la diversificación de las fuentes de ingresos. En este contexto cobra
una relevancia muy significativa la cooperación descentralizada como
una de las vías más importantes para el mantenimiento de un
tejido asociativo vinculado a la cooperación para el desarrollo con
un talante claramente transformador.
Al mismo tiempo, la relación de este sector de ONGD con un movimiento
antiglobalizador cada vez más influyente, por poco articulado que parezca,
y del que también forman parte las ONGD aunque no de manera mayoritaria,
no deja de ser complicada. Para muchas personas, especialmente jóvenes,
que años atrás podrían haberse vinculado a ONGD, hoy
por hoy puede resultar mucho más atractivo, e incluso en determinados
momentos más influyente, trabajar directamente a través del
movimiento antiglobalizador. En un contexto de apropiación por parte
de la derecha de conceptos e ideas tradicionalmente vinculadas a la izquierda,
también en el campo de la solidaridad internacional; en un momento
en el que se visibilizan desde los grandes medios de comunicación mensajes
sonrojantes que confunden las identidades de las distintas organizaciones
dentro de un sector que tampoco ha acabado de romperse; en una situación
en la que la capacidad de incidencia de las ONGD es cuestionado, es fácil
entender que se produzca este desplazamiento en los espacios de organización
social.
Es evidente que en el último año ha habido espacios de encuentro
entre las ONGD de izquierdas y el movimiento antiglobalizador especialmente
significativos e importantes. Algunos de estos momentos han sido, sin duda,
los talleres y conferencias previas a la masiva manifestación celebrada
en Barcelona contra el Banco Mundial durante el mes de junio de 2002. También
lo han sido los distintos procesos preparatorios de los encuentros regionales
vinculados al Foro Social Mundial, desarrollados bajo la estela de Portoalegre.
A pesar de algunas fricciones y desencuentros estos espacios de confluencia
han estado claramente abiertos.
Pero la influencia del movimiento antiglobalizador entre las ONGD no se ha
limitado al desarrollo de acciones conjuntas, sino que también ha condicionado
algunos de los debates específicos que se han estado produciendo dentro
del sector.
Posiblemente sea en el ámbito del comercio justo en el que estos debates
hayan cristalizado de manera más clara. En este proceso de delimitación
de posturas la relación con el movimiento antiglobalizador ha tenido
un peso definitivo. Después de unos años en los que las expectativas
sobre el crecimiento del comercio justo y de sus capacidades para generar
cambios eran muy destacadas, en los últimos tiempos parece que este
tipo de actividad está sufriendo una cierta “desaceleración”.
Las dificultades económicas, tanto de las ONGD como de muchas tiendas
de comercio justo que asumieron esta apuesta, ha estado también presente
en el dibujo de los distintos caminos a seguir.
A parte de discusiones muy particulares como, por ejemplo, la referente a
los sellos identificadores, los dos grandes debates planteados en torno al
comercio justo son los siguientes: el papel del movimiento de comercio justo
en la polémica sobre el comercio internacional y la dirección
que debe tomar el movimiento.
El primer debate sobre el comercio internacional, lejos de circunscribirse
a España, se está produciendo a nivel internacional. El origen
de la discusión en los términos en los que se ha planteado últimamente
tiene mucho que ver con el lanzamiento por parte de OXFAM Internacional de
la Campaña Comercio con justicia. Se trata de una campaña importante
en la que han entrado en la discusión de forma muy crítica con
sus contenidos personalidades como Vandana Shiva, Walden Bello u organizaciones
como Vía Campesina. Pero la cuestión, más allá
de la polémica estricta de la campaña de OXFAM, parte del reconocimiento
de que el comercio justo en sí mismo tiene una capacidad de incidencia
en los procesos de desarrollo muy limitado, y que por tanto habría
que buscar su vinculación a otros procesos más determinantes.
Siendo así la cosa, la disyuntiva que parece dibujarse es, o bien trabajar
desde el ámbito de la incidencia política en favor del cambio
de las reglas del juego del comercio internacional y permitir así el
acceso de los países del sur a mercados de los países del norte
en mejores condiciones, así como un cierto nivel de protección
de sus propios mercados interviniendo sobre las prácticas del dumping.
O bien, partiendo de otro punto de partida, que consiste en considerar que
ni la agricultura ni la alimentación pueden considerarse una mercancía,
haciendo uso de un exitoso eslogan del movimiento antiglobalizador, dirigir
una oposición frontal hacia la OMC y las reglas establecidas del comercio
internacional, así como poner el énfasis en la defensa del derecho
a la soberanía alimentaria y la apuesta por los mercados locales ante
el comercio internacional. Es desde esta posición que las posibilidades
de alianza y encuentro entre ONGD, el movimiento antiglobalizador y organizaciones
campesinas del norte y del sur, articuladas a través de Vía
Campesina, está siendo especialmente fructífero.
El segundo gran debate que se está produciendo en el ámbito
del comercio justo tiene que ver con la dirección en la que hay que
orientar el crecimiento del movimiento. Para algunas organizaciones la prioridad
estaría en el incremento de ventas a través de la entrada en
las grandes superficies comerciales. El principal argumento que apoya esta
opción es que así puede beneficiarse directamente a un número
mayor de organizaciones productoras de los países del sur. En cambio,
para otras organizaciones, esta apuesta entraña un riesgo tan elevado
del que difícilmente se podría salir indemne. La percepción
del riesgo tiene que ver que con la constatación de que en la actualidad
el movimiento de comercio justo es aún muy débil y difícilmente
podría tener la suficiente capacidad para controlar los mensajes ni
influir decisivamente sobre el consumidor en un marco de comercialización
masiva a través de las grandes superficies. En ese caso, la posibilidad
de que el comercio justo sea absorbido por otras lógicas y acabe integrado
en los circuitos comerciales normales, sin posibilidades de incidencia real
en términos de sensibilización y creación de opinión
entre los consumidores, cobra mayor verosimilitud. De ahí que las organizaciones
que están ubicadas en esta segunda posición entiendan que la
dirección del crecimiento del comercio justo es hacia la construcción
de un movimiento social entorno al consumo responsable. En este ámbito
las alianzas se van dibujando hacia los sectores de la producción y
el consumo biológico, cooperativas de consumidores, etc.
Tanto en uno como en otro debate las referencias a la relación con
el movimiento antiglobalizador no solamente han influido en su definición,
sino, y lo que es más importante, han permitido imaginar otro tipo
de escenarios. Pero esta mirada hacia el movimiento antiglobalizador también
ha condicionado otras discusiones además de las que se han dado en
el ámbito del comercio justo. Un ejemplo especialmente ilustrativo
al respecto ha sido el debate sostenido por las ONGD de la Federación
Catalana de ONG para el Desarrollo a propósito de su participación
o no en el Fórum Universal de las Culturas del 2004. En la discusión
sobre las implicaciones que supondría participar en un gran evento
de estas características las ONGD que manifestaron su desacuerdo utilizaron
argumentos como que con dicha presencia se estaría legitimando un proceso
de remodelación urbanístico de la ciudad de Barcelona de carácter
especulativo y al servicio de los intereses de los sectores más pudientes;
o que se estaría contribuyendo a una limpieza de imagen de determinadas
empresas mutinacionales españolas que están teniendo actuaciones
en los países de sur muy contradictorias con los intereses de las mayorías
populares de estos lugares. Pero de forma muy significativa se argumentó
también que cómo se iba a justificar una presencia en el Fórum
2004, por muchas facilidades, medios y posibilidades de difundir determinados
contenidos, mientras el movimiento antiglobalizador prepara acciones de denuncia
y actividades de contrarias al Fórum.
En cualquier caso, el debate sobre las formas de colaboración y los
aportes específicos tanto de las ONGD como del movimiento antiglobalizador,
es especialmente relevante en un momento como el actual en el que el movimiento
de cooperación y solidaridad internacional se está abriendo
cada vez más. Desde los espacios propios de cada quien es importante
encontrar espacios de colaboración y reconocimiento de las posibles
complementariedades. Temas estratégicos que pueden servir como puentes
no faltan: desde la defensa del derecho a la soberanía alimentaria;
la exigencia de la abolición de la deuda externa; la denuncia de los
planes de integración económica como el ALCA u otros como el
Plan Puebla Panamá, claramente al servicio de esos planes de integración;
o el seguimiento de las acciones del núcleo duro del capitalismo español
en los países del sur.
Barcelona, enero de 2003
Publicado en: Elena Grau y Pedro Ibarra (Coord.).,
Anuario de movimientos sociales. Nuevos escenarios, nuevos retos en la red,
Betiko Fundazioa – Icaria, Barcelona, 2003, págs. 123-130.