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La Iglesia cómplice

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Patricia Dávila (Proceso)

 

Desde la manifestación del 13 de agosto, el arzobispo Octaviano Márquez y Toriz hablo por teléfono con el presidente Dí­az Ordaz para expresarle el apoyo de la jerarquí­a eclesiástica contra los "comunistas". Pero una vez que se evidencio la división de la Iglesia en tres sectores -el "anticomunista", el "diplomático"  y el "critico profético" -, ese apoyo, reforzado por el cabildeo del propio mandatario entre los obispos, se tradujo en severas represalias contra los clérigos que defendieron a los estudiantes después de la matanza

Horas después de la manifestación del 13 de agosto de 1968, la primera vez que 105 estudiantes llegaban al Zocaa10 capitalino encabezados por la Coalición de 
Profesores, el Obispo de Puebla, Octaviano Márquez y Toriz desde Medellí­n, Colombia, una llamada telefónica al presidente Gustavo Dí­az Ordaz:

Señor presidente: Nos estamos enterando horror de que 105 comunistas hicieron una manifestación muy grande en el Zócalo de la Ciudad de México, y nos apresuramos a  hablarle a que cuente con nuestro total apoyo y simpatí­a. No podemos permitir que 105 comunistas lleguen a agitar."

Tales fueron los términos en que el prelado se dirigió al presidente de la Republica mientras asistí­a a la Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Medellí­n. A pesar de que hacia unos meses el arzobispo de Oaxaca, Ernesto Corripio Ahumada, 10 habí­a sustituido en la presidencia del Comité Episcopal (CE), Márquez y Toriz conservaba una fuerte influencia sobre los obispos mexicanos y mantení­a una estrecha relación con Dí­az Ordaz, no solo por su afinidad anticomunista, sino porque ambos eran originarios del estado de Puebla.

De acuerdo con sacerdotes y laicos de la época consultados por Proceso, Márquez y Tooriz era uno de los más destacados miembros del grupo "anticomunista", uno de 105 tres en que se dividió la Iglesia ante el movimiento estudiantil de 1968; 105 otros fueron el "diplomático" y el "critico profético".

EI "grupo diplomático", con declaraciones no comprometedoras, estuvo representado por el entonces arzobispo de la Ciudad de México, Darí­o Miranda; y el "critico profético" apoyo públicamente las causas estudiantiles y fue promovido por 37 sacerdotes encabezados por el arzobispo Sergio Méndez Arceo y el Secretariado Social Mexicano (SSM).

Este respaldo alas protestas juveniles tuvo represalias: La jerarquí­a eclesiástica obligó a algunos sacerdotes a dejar el ministerio -como le ocurrió al padre Salvador Garcí­a Angulo, de la diócesis de México-, debido en gran medida al cabildeo que Dí­az Ordaz mantuvo con casi todos 105 obispos.

EI episodio de Medellí­n, que hasta ahora no habí­a sido dado a conocer en 105 medios de comunicación masiva, acaba con el mito de "neutralidad" que, durante 40 arios, alego la jerarquí­a eclesiástica respecto de 105 acontecimientos de 1968.

Fue relatado en 1999 por José Álvarez Icaza, entonces director del Centro de Estudios de comunicación Social (Cencos), a la investigadora Raquel Pastor, quien sostuvo con el una serie de entrevistas para la elaboración de su tesis de doctorado en la Facultad de Ciencias Polí­ticas y Sociales de la UNAM. La tesis, presentada en 2004 y titulada José Álvarez Icaza y la puesta en práctica del Concilio Ecuménico Vaticano 11 en el Laicado Mexicano, en su apartado sobre el movimiento del 68 incluye la conversación telefónica de apoyo a Dí­az Ordaz.

En entrevista, Álvarez Icaza precisa: "Estábamos en Medellí­n con los obispos mexicanos, algunos curas, yo como miembro del Consejo de Laicos ( ... ), y en eso nos dieron la noticia de que habí­a una agitación muy grande en México: que estaban unos muchachos en el Zócalo protestando; que habí­an montado unos campamentos; que habí­an llegado los tanques a desmontar los campamentos y que los tanques estaban persiguiendo a los muchachos".

Esa noticia, prosigue, la llevó el padre Pedro Velásquez, entonces director del SSM, quien según Álvarez Icaza narró las cosas "con mucha impresión" y "como muy afectado". Ante el relato, el arzobispo de Puebla, Márquez y Toriz, dijo:

"Comuní­queme inmediatamente con el señor presidente Dí­az Ordaz para comentarle esta situación. Y ahí­ mismo, frente a nosotros -puntualiza Álvarez Icaza-,  habló con el presidente."

En ese momento, "para mí­ fue claro que los obispos estaban apoyando al régimen", señaló José Álvarez Icaza, padre de Emilio Álvarez Icaza, actual presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. »

Mientras que para la investigadora Raquel Pastor el movimiento estudiantil y su represión significo para muchos católicos un cambio polí­tico radical, para Álvarez Icaza "fue un parte aguas", pues "si antes creí­amos que solo faltaba tiempo para alcanzar el desarrollo, el movimiento estudiantil nos descubrió que faltaban muchas cosas".

Tras la reunión de Medellí­n, Álvarez Icaza asistió a la Cuarta Sesión del Consejo de Laicos, en Roma, donde recibió las primeras noticias de la matanza de estudiantes del 2 de octubre:

"Fue una experiencia bastante dramática porque los periódicos de Roma traí­an una fotografí­a grande de la masacre ( ... ) Poco después, los periódicos traí­an pegados unos murales en los que aparecí­a una fotografí­a, que fue muy conocida, de un solidado que estaba agarrando de los pelos a un muchacho. Y abajo decí­a: México, a FAS olimpiadas de la sangre .. .".

En medio de la división, la Iglesia católica tardo una semana en fijar su posición a trabes del CE, dominado por el grupo anticomunista.

"Después de la masacre, 10 que querrí­amos era lograr que el CE hiciera una declaración. La conformaban 60 obispos, de los cuales 18 eran del Comité Permanente, y Corrigió es quien la firma como presidente. EI mensaje fue emitido siete dí­as después de la masacre", cuenta el padre Jesús Garcí­a, en aquella época investigador del SSM.

Actual sacerdote en la Ciudad de México, dice que el documento fue elaborado por el padre Pedro Velásquez, pero fue "suavizado con juicios cautelosos" por Corrigió "para no condenar a la autoridad". Los jerarcas mexicanos siguieron la lí­nea que dos semanas atrás habí­a marcado el Papa Paulo VI al censurar la "moda de protesta" y las "explosiones de locura de 105 jóvenes", en alusión alas manifestaciones estudiantiles que se multiplicaban en el mundo.

En su Viro Historia de la Iglesia cat6tica en México, el sociólogo Roberto Blancarte escribe sobre el documento oficial fechado el 9 de octubre: "Pretendí­a ser un llamado al dialogo y un rechazo a la violencia. Siguiendo la lí­nea de la Carta pastoral sobre el desarrollo e integraaci6n del paí­s, de marzo de 1968, el CE sostenga la responsabilidad de todos 105 mexicanos en las estructuras injustas del Paí­s". Pero, añade, negaba "La emoción efervescente, la indignación agresiva que impele a destruir 10 que parece sí­mbolo de opresión".

En sintoní­a con la versión gubernamental, el CE séllalo: "Comprendemos bien la difí­cil tarea de gobernar y no podemos aprobar el í­mpetu destructor ni el criminal aprovechamiento, por quienquiera que sea, de las admirables cualidades de la juventud para inducirla a la violencia, a la lucha anárquica, al enfrentamiento desproporcionado, aun cuando fueran nobles las motivaciones".

LA REPRESION CLERICAL

EI 22 de julio de 1968, en la Plaza de La Ciudadela, dos pandillas, Los Aranas y Los Ciudadelas, más 105 alumnos de la preparatoria Isaac Ochotorena, se enfrentan a 105 estudiantes de las vocacionales 2 y 5 del Politécnico.

Al dí­a siguiente, la pelea se reinicia. AI regresar 105 del Politécnico a sus escuelas, aparecen 105 granaderos y entran alas vocacionales maltratando a 105 jóvenes. AI cabo de un tiempo se van, pero minutos después regresan asestando marranazos y lanzando bombas lacrimógenas.

La trifulca se produjo a unas cuadras de las oficinas del SSM, recuerda el padre Jesús Garda, quien actualmente oficia en el Templo de Lourdes, en el centro del DF, como uno de 105 pocos sobrevivientes del grupo de sacerdotes católicos que en el 68 defendieron a 105 estudiantes.

"Desde el momento en que aquello toma dimensiones desproporcionadas entre protesta estudiantil y represión policí­aca, conformamos un grupo de seguimiento del conflicto entre jesuitas, miembros del SSM, profesores de la UNAM y de la Universidad Iberoamericana (UIA). habí­a sociólogos, historiadores, politólogos, todos encabezados por Méndez Arceo", recuerda en entrevista, "después de varias reuniones, llegamos a la conclusión de que era necesaria la apertura democrática y que la exigencia de justicia y democracia eran las grandes banderas que el gobierno presentaba como conspiración del comunismo internacional.

"Esa fachada era presentada por Dí­az Ordaz, quien tenia control sobre la mayorí­a de los medios de comunicación y muchos sectores de la Iglesia", explica por su parte, Dí­az Ordaz "visito a casi todos los obispos del paí­s tratando de convencerlos de que se trataba de una conspiración del comunismo internacional",

-¿Tení­a razón Dí­az Ordaz?

-No. No la tení­a. Eran razones de autoridad y dizque de seguridad nacional. decí­a que tenia toda la argumentación, pero nunca presento nada solidó.

-¿Cuales arzobispos se identificaron con la visión presidencial?

-EI obispo de León, en aquella época Anselmo Zarza, y el arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez. Eran hombres muy conservadores que estaban ideológicamente dispuestos a aceptar la tesis de conspiración. Incluso, desde 1961, Márquez fue quien lanzo aquellas grandes manifestaciones que se hicieron en varias partes del paí­s con la consigna: Comunismo no, Cristianismo si. Prosigue Jesús Garcí­a: EI arzobispo de la Ciudad de México, Darí­o Miranda, era un hombre más hábil. Hací­a declaraciones genéricas; no se comprometí­a; se mantení­a por encima del problema. Hasta gramaticalmente era muy cuidadoso.

-¿Se valí­a?

-No era valido. Es más importante que la Iglesia defienda causas éticas. Sin embargo, hay personajes que tratan de mantener un discurso genérico, el cual es utilizado Hábilmente por el que quiera, y en este caso era interpretado como apoyo al régimen. Si se leen las declaraciones, gramaticalmente son abiertas y abstractas, pero precisamente por su nivel de abstracción dejan hacer, y el dejar hacer es un cierto apoyo.

Para el Secretariado, se evidenciaron entonces los tres sectores de la Iglesia: el "critico profético", que encuadraba a los integrantes del SSM; el "diplomático", que mantuvo esas declaraciones abstractas, y el "anticomunista", encabezado por los jerarcas de León y Puebla.

Aun antes de la masacre de Tlatelolco, el 10 de septiembre, el SSM hizo publica la Declaración de 37 sacerdotes sobre el conflicto estudiantil de 1968. Expusieron:

El actual conflicto importa a todos, por los valores que en el entran en juego, personales y comunitarios. La dignidad de las personas se esta viendo lesionada por la calumnia, el insulto, la represión violenta ...

Decimos:

-No al uso sistemático de la violencia y la fuerza del atraco, de cualquier parte que venga.

-No al uso de medios de control sociológico que confunden y degradan, ya sean rumores, abusos de sí­mbolos y creencias, o publicidad masiva dirigida.

-No a los oportunistas y provocadores, a los indiferentes y apáticos.

Decimos:

-Sí­ al dialogo respetuoso y franco en busca de una paz equitativa.

- Sí­ a la unidad del estudiantado, el respeto de su pluralismo ideológico y su contacto y preocupación por los problemas del pueblo.

-Sí­ a la necesaria reforma universitaria.

EI documento, de dos páginas a renglón cerrado, concluye:

Como sacerdotes y como mexicanos, nos hacemos solidarios del actual despertar de la juventud, calculando que si son muchos sus riesgos, son mayores sus posibilidades para el futuro de un México mejor.

Por el SSM, firman Manuel Velásquez, Rodolfo Escamilla, Esteban Medina V., J. Jesús Garcí­a G., y Jesús Maria Rodrí­guez; por la UIA, Luí­s González H, de la UMAE; Miguel Pérez, Humberto Salinas, Jesús de la Rosa, Luí­s Alberto Heredo, Mauro Rodrí­guez, Guillermo Garcí­a y Luí­s Morrales; por el SM, J. Jesús Gallardo, Benjamí­n Ferreira, Alejandro G. Parada, Pedro Herrasti, Oscar Núñez, Alejandro Ortiz, Andrés Caires, Manuel Robles y Luí­s Barragán Valencia; por las Arquidiócesis de México, Salvador Garcí­a y José S. Quintana; por la de Puebla, Jaime Rocha, Germen Rojas y Hugo Corona; por la de Cuernavaca, José Montoya, Baltasar López y Anastasio Serafí­n; por la de Zamora, José Álvarez Zamora, José G. Cuara, J. Jesús Garcí­a M. y Antonio Méndez; por la de Huajapan, Teofilo Domí­nguez Jordán; por la de Toluca, Rene Reyes y Luciano Villanueva; por la de C. Altamirano, Francisco Morales; por la de Tepic, Felipe de J.  India; de Tlapanntla, José Guadalupe Arias; de Papantla, Leopoldo Garduño, y de la diócesis de Morelia, Mario Padilla.

-¿Por que entre los firmantes no aparece Méndez Arceo?

-Porque estaba siendo muy atacado por la ultraderecha. No quisimos exponerlo a mayores ataques de los integrantes del MURO (el grupo de extrema derecha 
Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, fundado en 1961 en la UNAM). Ese grupo 10 roció de tinta roja anos después. Tenia demasiados frentes de conflicto: con el Vaticano, el gobierno, la CTM. Y dijimos: ¿para que exponerlo a un nuevo ataque? »

- ¿Difundieron esta carta en aquella época?

- Sí­, pero el único  medio que la publicó fue el Exélsior de Julio Scherer. Evidentemente ni la televisión privada ni a los medios de comunicación mayoritarios les convení­a (difundir) estas posiciones. Las silenciaron. Y en aquella época estaban mas controlados por el gobierno de Dí­az Ordaz, como Televicentro, que tení­a el Canal 2 y el Canal 5.

La carta la incluyo el padre Garcí­a en el libro Historia General de la Iglesia en América Latina, publicado en 1984. Circulo muy poco en México porque se imprimieron pocos ejemplares y se distribuyeron en América Latina.

-¿Cual fue la postura de Dí­az Ordaz ante el pronunciamiento del Secretariado a favor de los jóvenes? -se pregunta al sacerdote Jesús Garcí­a.

-A los que firmamos la carta nos descalifico, igual que a todos los que no aceptábamos su versión de conspiración del comunismo. Ante la opinión publica nos hizo ver (como el grupo de la Iglesia) que apoyaba esa conspiración. después del mensaje del 10 de septiembre, los medios de comunicación nos presentaban como los padres comunistas que ya asomaron la cabeza.

-¿Hasta ahí­ liego la descalificación de Dí­az Ordaz?

-No dudo que haya habido vigilancia telefónica y personal.

Acerca de la represión contra los sacerdotes que apoyaron las causas del movimiento estudiantil, el arquitecto Luí­s López Llera, quien en esa época representaba la parte laica al interior del SSM, asegura en entrevista:

"EI documento emitido por el Secretariado fue el inicio de la represión que sufrieron algunos sacerdotes por parte de la alta jerarquí­a de la Iglesia, principalmente de Corrigió Ahumada."

Menciona algunos:

-Salvador Garcí­a Angulo, sacerdote del Secretariado Social de la diócesis de León, abocado a la promoción obrera. Ahora vive en Ixmiquilpan, Hidalgo, y dirige la Asociación Servicios para el Desarrollo (Sedac).

-Mario Padilla Becerra, sacerdote del Secretariado Social de la diócesis de Morelia, dedicado a la promoción de cooperativas. Vive en el Distrito Federal, participa en una confederación de cooperativas y asesora a la Secretaria del Trabajo del GDF.

-Carlos Salgado, uno de los mas veteranos y "auténticos promotores" del campesinado y de las cooperativas, quien dirigió el Secretariado Social de Morelia. Fue reprimido y marginado. Fundo la asociación civil Centro de Apoyo al Desarrollo (Cadac), ya desaparecida. Sobrevive enfermo en Morelia, con más de 80 años.

-Guillermo Dávalos, quien fue integrante del SSM de León y párroco en Dolores Hidalgo, Guanajuato, en donde antes del movimiento estudiantil forma el Centro  para el Desarrollo Agropecuario (Cedesa). "Para deshacerse de el 10 mandaron dizque a estudiar a Roma". Murió enfermo del corazón en 1983 y nunca regreso a  Dolores.
 

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