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El referéndum de Ecuador y el acoso al presidente Correa

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Una clara victoria popular en el referéndum

Andrés Martínez Lorca

Cierta vez
el maíz infinito había sido suyo!Oh dulce patria caminada a soga
entre huellas de mulos y de esclavos!
César Dávila Andrade, Catedral salvaje

El referéndum celebrado el día 7 de mayo en Ecuador significa un paso adelante en el proceso de cambios impulsado por la Revolución Ciudadana. Entre las diez preguntas formuladas, algunas las cuales implicaban enmiendas concretas a la Constitución, sobresalían estos dos objetivos: el saneamiento profundo del sistema judicial lastrado por la corrupción y el poner freno a los abusos de los grandes medios privados de comunicación que, como oposición de hecho, constituyen un permanente desafío al Estado democrático. También se intentaba en esta consulta popular la mejora en la seguridad ciudadana mediante una nueva regulación de la prisión preventiva y una mayor protección de la contratación laboral.

 

Hay que decir, ante todo, que la victoria del Sí en las diez preguntas representa un notable éxito político del presidente de Ecuador, Rafael Correa, de su gobierno y de su partido, Alianza País. Según los datos definitivos hechos públicos con cierto retraso por el Consejo Nacional Electoral (CNE), incluso en las más conflictivas como las relativas al sistema judicial (preguntas 4 y 5) y a la regulación de los medios de comunicación (preguntas 3 y 9) la diferencia ha oscilado entre los 6 y los 2 puntos porcentuales con una ventaja del voto afirmativo que va de los 252.116 votos (nº 9) a los 457.718 (nº 3). El apoyo de las zonas más pobladas del país ha sido decisivo en el resultado final. A destacar entre éstas, el fuerte respaldo obtenido en la provincia del Guayas.

El rechazo a las propuestas del referéndum procede en su mayor parte de las provincias de la Amazonía. A pesar de los esfuerzos y los logros sociales del gobierno en esta región (avance del bilingüismo, importantes obras públicas, nuevos centros educativos y de salud, etc.), falta sintonía con la población indígena. Han contribuido también a aumentar esta desconfianza la actitud de abierta confrontación con el poder central mantenida por dirigentes de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) y la influencia electoral que todavía mantiene allí Lucio Gutiérrez, ex militar que llegó a la jefatura del Estado mediante un golpe protagonizado por jóvenes oficiales e indígenas y que en los últimos años se ha convertido en punta de lanza contra el gobierno de Correa y contra los gobiernos latinoamericanos de la Alianza Bolivariana (ALBA). Presidente del partido de oposición Sociedad Patriótica y activo conspirador cada día más enredado con la extrema derecha continental y con los sectores más conservadores del partido republicano de los Estados Unidos, este hombre de paja del imperio parece empeñado en fomentar la división interna en las fuerzas de seguridad y en impedir el acercamiento entre la población indígena y el gobierno popular.

El núcleo duro de la oposición (oligarquía local, grandes medios de comunicación y jerarquía católica) esperaba una derrota del gobierno en el referéndum y para ello empleó a fondo todos los recursos a su alcance, fundamentalmente la mentira y la desinformación. Conforme se iban desgranando los resultados de las provincias hostiles a las reformas, crecía su euforia. Después, ya más templados, hablaron de empate técnico; más tarde, de retroceso político del presidente respecto a elecciones anteriores. Y ahora, pretenden impedir que se apliquen las propuestas refrendadas por el pueblo en aquellas circunscripciones electorales en que ha ganado el No: buen ejemplo de cómo entienden la democracia y el Estado estas castas reaccionarias que se niegan a aceptar el resultado de las urnas.

Algunos izquierdistas le han echado una mano a la oligarquía durante la campaña electoral y ahora andan contentos por haber contribuido a incrementar el voto negativo. Critican al gobierno por haberse “derechizado”, según ellos, y para enderezar este entuerto se han convertido en acólitos de la derecha económica y política. ¡Que Santa Lucía les conserve la vista!

Del intento de asesinato del Presidente Correa a la absolución de la mafia policial y a la calumnia mediática

Apenas se habían cerrado los colegios electorales en Ecuador cuando desde Londres el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) lanzó una andanada contra Rafael Correa y Hugo Chávez intentando demostrar por enésima vez que la guerrilla más antigua de América estaba financiada por el presidente venezolano y que el presidente ecuatoriano se había sido beneficiado del dinero de las FARC en una campaña electoral. ¿Cuál era la prueba aportada por estos sesudos caballeros entre los que figuran diplomáticos, generales, catedráticos y expertos en temas militares? Parece de risa pero es verdad: esas calumniosas acusaciones contenidas en el informe se basan aparentemente en los archivos informáticos que contenía el ordenador de Raúl Reyes. Mágico ordenador que se conservó intacto tras los criminales bombardeos del ejército colombiano en territorio de Ecuador y que fue recuperado, guardado y protegido por el mismo espionaje militar que concibió esa ilegal y criminal operación en suelo extranjero. Después de ser descalificado su valor por los expertos informáticos dada la más que probable manipulación, ahora descubren el Mediterráneo… en Londres. Según manifiesta el propio Instituto, su “actividad es para-diplomática” y pretende ayudar a suavizar las tensiones internacionales. Resulta sospechoso el calificativo de “para-diplomático” si tenemos en cuenta el similar término “para-militar” que encubre un sangriento fardo de muerte y de terror contra la población civil colombiana. Y más sospechas infunde todavía el revolver ahora en la olla podrida del “milagroso” ordenador bombardeado en la selva cuando precisamente están normalizadas las relaciones diplomáticas y comerciales entre los gobiernos de Colombia, Venezuela y Ecuador.  La propia ministra colombiana de Asuntos Exteriores, al ser preguntada por ese informe, dejó de lado el tema subrayando que “pasamos página”. Qué curioso, pasó página el gobierno colombiano pero no estos caballeros “independientes” que ahora editan un librito con CD incluido para convencernos de lo malos que son Chávez y Correa y lo bueno que ha sido Álvaro Uribe, de siniestra memoria.

También se dieron prisa algunos jueces de la capital ecuatoriana en dictar la absolución del coronel César Carrión y de cuatro policías acusados de participar en el intento de asesinato del presidente Correa el día 30 de septiembre de 2010. El coronel Carrión, entonces director del Hospital de la Policía, vestido con bata blanca hizo de enlace con los policías sublevados y cerró con candado la puerta del hospital para impedir que entrara al presidente de la República, agredido con una bomba de gas y que apenas podía moverse aquejado de una lesión en la rodilla. Uno de los policías acusados  lanzó a corta distancia una bomba de gas contra Correa, otro intentó quitarle la máscara que le habían puesto para protegerle y un tercero repetía mientras tanto por la emisora policial el mensaje de “maten al presidente”.  Estas imágenes han sido vistas por televisión y es fácil recuperarlas en Internet.

Pues bien, los tres jueces del Tribunal Quinto de Garantías Penales de Pichincha dictaron el día 13 de mayo  sentencia absolutoria de todos los sublevados, poniéndolos en libertad y estableciendo su inmediata incorporación al cuerpo de policía, ya que “se les deben restablecer todos los derechos que les han sido violados”. La jueza Jacqueline Pachamama en un alarde de desvergüenza llegó a solicitar prisión para los miembros de la seguridad presidencial que habían comparecido como testigos acusatorios en el proceso. Innoble sentencia que pasará a los anales de la infamia judicial. El diario El Universo, en su línea habitual, tituló al día siguiente a toda página: “Triunfó la justicia”. Tanto esos jueces prevaricadores como los periodistas venales que los jalean y los conspiradores que mueven los hilos en la sombra deben añorar “la justicia” que los reaccionarios y clericales de la época aplicaron el 28 de enero de 1912 al héroe nacional Eloy Alfaro, padre del Ecuador moderno y democrático, a quien un soldado mató de un disparo en la cabeza y cuyo cadáver fue arrastrado por las calles de Quito hasta ser quemados sus restos a las afueras de la ciudad en el actual parque de El Ejido.

No debe olvidarse, por último, la importante contribución del presidente Rafael Correa a la progresiva unión latinoamericana a través de UNASUR y del ALBA. Asimismo, conviene valorar en su justa medida la cancelación de la base militar de los Estados Unidos en Manta, ordenada por su gobierno el 18 de septiembre de 2009, ya que representa un paso decisivo para la paz y la independencia de la región. “Ecuador es un territorio de paz y nunca más se permitirá la presencia de bases militares extranjeras”, declaró el entonces ministro ecuatoriano de Asuntos Exteriores, Fander Falconí.

Los pueblos de América aprecian como se merece el coraje de Correa. Los halcones del imperio guardan su rencor por esa derrota estratégica. La oposición haría bien en desarrollar su papel por medios legales, tomando  buena nota de la voz del pueblo expresada en las urnas. De los conspiradores  internos y externos que sólo confían en la traición y el crimen debería protegerse con eficacia el gobierno ecuatoriano mediante los instrumentos que tiene en su mano un moderno Estado de Derecho.

 

Red social