ALCA, deuda externa y militarización: tres ejes de un mismo proyecto

Martha Cecilia Ruiz

ALAI-AMLATINA, 30/10/02, Quito.- Con un auditorio repleto,
donde se izaron banderas del Tahuantinsuyo y no dejaron de
oírse gritos en contra de la propuesta para crear un Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA), ayer se iniciaron en
Quito las conferencias del Encuentro Continental de Reflexión
e Intercambio: "Otra América es posible", que se enmarca
dentro de las Jornadas de Resistencia Continental contra el
ALCA. Estas Jornadas se desarrollan en varios países de la
región y durante todo el mes de octubre, y se llevan a cabo de
manera paralela a otros eventos donde se discute el tema del
ALCA, como el encuentro de parlamentarios, el foro empresarial
y la reunión de ministros de comercio.

El Encuentro Continental de Reflexión -que se desarrolla entre
el 28 y el 30 de octubre, en Ecuador- tiene entre sus
objetivos ampliar el entendimiento de los verdaderos
propósitos del ALCA. Por ello, la primera conferencia, donde
participaron expertos de siete países del continente, abordó
la relación que existe entre el ALCA, la deuda externa y la
creciente militarización de América Latina y el Caribe.

En un evento anterior, organizado por Jubileo-Sur Américas, en
mayo pasado, en Quito, ya se analizó esta relación entre ALCA,
deuda y militarización. Entonces, se explicó que los tres
temas son "ejes estratégicos complementarios de un solo
proyecto de expansión y de consolidación del imperio
norteamericano" (Declaración de Jubileo-Sur Américas). Esto
porque, en primer lugar, el ALCA intenta "crear un bloque
regional dominado por Estados Unidos, capaz de enfrentar la
competencia de la Unión Europea y del bloque asiático en la
disputa por la hegemonía económica, geopolítica y cultural del
mundo". Además, porque la deuda externa cumple también un
papel de "apropiación de los excedentes de los países
latinoamericanos por la vía financiera". Y porque la
militarización es, a su vez, una "garantía armada de la
hegemonía hemisférica y global de Estados Unidos".

La hermana Elsie Monge, de la Federación Ecuatoriana de
Derechos Humanos, y moderadora de la conferencia, recordó que
Estados Unidos ha instalados cuatro bases militares en el
continente, en Manta (Ecuador), Curazao, El Salvador y Aruba.
Además, existe la propuesta de crear dos bases más: una en
Alcántara, en Brasil, y una más en Tierra de Fuego, en
Argentina.

A estas bases se suma el Plan Colombia, que es una iniciativa
militar de Estados Unidos, emprendida con el argumento de
luchar contra el narcotráfico. El colombiano Héctor León, uno
de los expositores y miembro del Instituto Latinoamericano de
Servicios Legales Alternativos (ILSA), señaló claramente que
el Plan Colombia (hoy transformado en un proyecto más amplio
que es la Iniciativa Regional Andina) es, en realidad, un
"proyecto militar contrainsurgente", es decir, un proyecto en
contra de todos aquellos que se oponen al sistema y que hoy
son considerados por Estados Unidos como "terroristas".

Además del caso colombiano, lo/as expositore/as presentaron
otras experiencias en donde se evidencia la creciente
militarización de América Latina.  Así por ejemplo, Gilberto
López y Rivas, de la Red Mexicana de Acción contra el Libre
Comercio (RMALC), y quien fuera integrante de la Comisión de
Concordia y Pacificación (COCOPA), creada para buscar
soluciones al conflicto en Chiapas, explicó que hoy el
gobierno mexicano de Vicente Fox sigue la misma estrategia que
impuso el régimen priista en contra del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN).

Se trata de una "guerra de desgaste"-dijo López y Rivas-, es
decir, de una sucesión de pequeñas operaciones en contra de la
población civil y de la forma de vida de las poblaciones
indígenas. Para llevar a cabo esta "guerra", el gobierno
mexicano utiliza una variante del modelo guatemalteco, en
donde se utiliza a grupos paramilitares de origen indígena
("el cuño debe ser del mismo palo"), que desarrollan acciones
que el gobierno no puede emprender directamente. "Se ha
denunciado la presencia de estos grupos paramilitares -señaló
López y Rivas-, pero no se ha hecho nada al respecto".

Además, el experto mexicano aclaró que, desde 1994, cuando
entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN), firmado entre México, Canadá y Estados Unidos,
los soldados mexicanos representan el grupo más grande de los
latinoamericanos que se forman en las escuelas militares de
Estados Unidos, para aprender las tácticas contrainsurgentes.

Aunque el panorama se muestra sombrío, los expositores
insistieron que "sin resistencias no hay alternativas", y
llamaron a tender puentes y juntar los esfuerzos de las
diferentes organizaciones sociales del continente en contra
del ALCA y en contra de los proyectos de militarización de la
región. "¿Hasta cuándo van a seguir decidiendo por nosotros?",
se preguntó Evo Morales, líder campesino y ex candidato a la
presidencia de Bolivia, quien propuso plantear alternativas
conjuntas para, como han hecho los pueblos indígenas al
interior de algunos de los países de la región, recuperar el
poder político y gobernarnos a nosotros mismos.
 

"La deuda no se paga, la deuda está pagada"

Adolfo Pérez Esquivel(Argentina), Premio Nóbel de la Paz;
Alberto Acosta, economista ecuatoriano; Marcos Arruda, de
Políticas Alternativas para el Cono Sur (PACS), de Brasil, y
Beverly Keene, de Diálogo 2000, Argentina, fueron algunos de
los expositores que intentaron explicar la relación que existe
entre el ALCA y la deuda externa, y de ésta con los procesos
de militarización del continente.

Entre 1997 y el año 2000, América Latina y el Caribe
transfirieron por servicios al pago de la deuda externa un
total de 583.000 millones de dólares, además de 192.000
millones de dólares por conceptos de intereses. Sin embargo,
Marcos Arruda explicó que la deuda sigue creciendo, que se
paga con nuestras reservas internacionales y que esto implica
menos dinero para la inversión social en cada uno de los
países latinoamericanos.

Por su lado, Alberto Acosta señaló que la deuda es un
instrumento de dominación e implica la posibilidad de
introducir políticas de ajuste estructural en América Latina y
el Caribe. "No debemos nada, la deuda está pagada, y esto se
puede comprobar matemática y financieramente", insistió
Acosta, señalando que esta propuesta de no pago o cancelación
de la deuda externa debe plasmarse en acciones concretas y
conjuntas de parte de los países de la región.

Acosta también explicó que diversas organizaciones del
continente, agrupadas en Jubileo Sur-Américas, plantearon, en
una reunión de hace unos pocos meses, la necesidad de buscar
una estructura de derecho para afianzar la propuesta de no
pago de la deuda externa. Así, se busca constituir un Tribunal
Internacional que introduzca este estado de derecho que hoy no
existe, y por lo cual los deudores son tratados como reos y
los acreedores actúan como jueces y parte.  Otra propuesta es
promover lo antes posible un proceso de auditorías de las
deudas que existen.

"Cualquier deudor tiene derecho a no cumplir con su contrato
si es que las exigencias y condiciones de pago le conducen a
una situación inhumana", explicó el economista ecuatoriano, y
agregó que la deuda no puede seguir siendo un obstáculo para
el desarrollo humano de la región. Por tanto, la alternativa
es introducir este estado de derecho, enfrentar el tema de la
deuda en el campo político, con parámetros claros y con
argumentos y, si es que todavía queda algo por pagar, entonces
pagar sin poner en riesgo los proyectos sociales.

Para lo/as expositore/as de esta primera conferencia y
reflexión sobre lo que significa el ALCA, el reto que hoy
tiene América Latina y el Caribe es reunir esfuerzos y tener
un proyecto propio de desarrollo, un proyecto que promueva
sociedades más equitativas y solidarias. De lo contrario, el
riesgo es que el ALCA sea una realidad aún sin existir, a
través de lo que significa las presiones de la deuda externa y
las iniciativas de intervención militar en la región por parte
de Estados Unidos. Para Adolfo Pérez Esquivel, es necesario
vencer las divisiones y la poca unidad latinoamericana que hoy
existe y presentar alternativas conjuntas, porque "no nos
resignamos a ser esclavos".