De la ausencia más comentada,
la de George W. Bush, no se habla más después del inicio
de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible. Por otra parte,
su presencia no es necesaria, visto que la agenda de la cumbre desde los
encuentros preliminares refleja ampliamente el pensamiento de Bush, ningún
nuevo acuerdo internacional vinculante, anulación de los compromisos
tomados hace diez años en Río, solamente algunos acuerdos
voluntarios con las empresas y sobre todo el libre comercio como único
motor del desarrollo sostenible para quienes viven en el mercado
global, lástima para los excluidos. Pero nadie habría pensado
que los portavoces de Bush en los primeros días de la cumbre hubieran
sido los propios europeos. El peligroso acercamiento de la Unión
Europea a las posiciones americanas en lo relativo a las cuestiones del
comercio y la financiación ha emergido ayer en la sesión
plenaria. Renunciando a aclarar la relación discutible entre acuerdos
ambientales internacionales - más de trescientos ya firmados y en
parte ratificados por los Estados en las últimas décadas
- y las normas del comercio en curso de definición por la Organización
Mundial del Comercio, la UE ha conseguido del unilateralismo americano
al menos la confirmación de que los acuerdos sobre comercio de Doha
y los de Financiación para el Desarrollo de Monterrey. Por lo tanto,
una situación que no ofrece nada a las peticiones de los países
del sur y que la UE intentará vender como el "pacto global"
de la lucha contra la pobreza y el desarrollo sostenible.
Sin embargo algún país del
Sur ha empezado a torcer la nariz, además de los anfitriones. En
un encuentro informal con los ONG en días pasados, el Ministro sudafricano
para el Comercio, Alec Irwin, reveló sus preocupaciones por la dura
postura en la negociación sobre el comercio de todas las delegaciones
del Norte, en ausencia de los correspondientes colegas de los países
en vías de desarrollo. Hoy Irwin ha recordado públicamente
que la agenda de Doha también debe ser ratificada, en lo que concierne
a los acuerdos alcanzados, por los ecologistas y los países
del Sur. Todo eso para una aclaración de la relación comercio-medio
ambiente, para la antigua cuestión de los subsidios agrícolas
para los productores de la UE y de los Estados Unidos y para la política
comercial proteccionista del rico Norte. Un ejemplo evidente lo tenemos
frente a los ojos, es imposible encontrar en Italia una botella del óptimo
y económico vino sudafricano, que los delegados en la cumbre beben
en estos días, ya que se ven elevados por los aranceles sobre
el consumo en nuestro país.
Como resultado de la dura negociación
al final de la tarde, los gobiernos sudafricanos y de otros países
en desarrollo han logrado incluir en el texto la necesidad de promover
la responsabilidad, la transparencia y el control en el sector privado
y la adopción de las "mejores prácticas" al respeto, también
con la definición de un marco intergubernamental de reglas claras
y vinculantes en la promoción de acuerdos público-privado.
Una pequeña provocación para los americanos y la inmensa
mayoría de los países europeos, incluida Italia, que hasta
a hoy hablan solamente de acuerdos voluntarios como el nuevo paradigma
para el desarrollo sostenible. En ausencia de normas claras para las multinacionales,
estas sociedades amenazan favorecer la exportación de un modelos
de “ecologismo estilo Enron". O bien, en nombre del desarrollo sostenible,
se favorece la penetración de empresas en los mercados del Sur con
el renovado apoyo público, para beneficiarse de la privatización
de los servicios esenciales como el agua y la energía. No se tienen
en cuenta si luego las mismas empresas están entre las más
contaminantes del mundo, violando los derechos al acceso a los recursos
de las comunidades locales, maquillando las cuantas y corrompiendo a los
gobiernos del Sur para ganar las contratas.
El resto del texto de la negociación
sigue inspirándose en la «integración del mercado"
que el mismo presidente sudafricano Thabo Mbeki criticó en su discurso
de apertura. El mismo Mbeki que en cambio, cuando pide más ayudas
al desarrollo, piensa en la iniciativa NEPAD para África, bendecida
por el G8 y por las instituciones financieras internacionales el pasado
mes de junio en Canadá. También en este caso los “business
as usual” y las condiciones macro económicas están antes
que cualquiera regla ambiental o social.
Mañana se inicia la negociación
sobre las cinco cuestiones clave para salvar el planeta, propuestas por
Kofi Annan y con la esperanza de conseguir algún acuerdo concreto
y cuantificable: agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad.
Sigue faltando el acuerdo sobre la aplicación del principio de precaución
de Río y la Unión Europea estaría hasta dispuesta
a ablandarse en lo referente a Kyoto con tal que convencer al caprichoso
aliado americano a aceptar un objetivo global antes del 2010 para la promoción
de las energías renovables, incluidas, las contestadas grandes presas
y el empleo de la madera de las selvas como biomasa. El espíritu
de Río parece lejano, a años luz de distancia esta tarde
en Johannesburg, igual que lo es Europa como paladín de la defensa
del medio ambiente a partir de Kyoto.