Y Europa se acerca a Bush
Confirmados los acuerdos sobre comercio y finanzas de Doha y Monterrey, que perjudican los países pobres
ANTONIO TRICARICO
Campaña para la reforma del Banco Mundial
 

De  la ausencia más comentada, la de George W. Bush, no se habla más después del inicio de la Cumbre Mundial sobre  Desarrollo Sostenible. Por otra parte, su presencia no es necesaria, visto que la agenda de la cumbre desde los encuentros preliminares refleja ampliamente el pensamiento de Bush, ningún nuevo acuerdo internacional vinculante, anulación de los compromisos tomados hace diez años en Río, solamente algunos acuerdos voluntarios con las empresas y sobre todo el libre comercio como único motor del desarrollo sostenible para quienes viven  en el mercado global, lástima para los excluidos. Pero nadie habría pensado que los portavoces de Bush en los primeros días de la cumbre hubieran sido los propios europeos. El peligroso acercamiento de la Unión Europea a las posiciones americanas en lo relativo a las cuestiones del comercio y la financiación ha emergido ayer en la sesión plenaria. Renunciando a aclarar la relación discutible entre acuerdos ambientales internacionales - más de trescientos ya firmados y en parte ratificados por los Estados en las últimas décadas - y las normas del comercio en curso de definición por la Organización Mundial del Comercio, la UE ha conseguido del unilateralismo americano al menos la confirmación de que los acuerdos sobre comercio de Doha y los de Financiación para el Desarrollo de Monterrey. Por lo tanto, una situación que no ofrece nada a las peticiones de los países del sur y que la UE intentará  vender como el "pacto global" de la lucha contra la pobreza y el desarrollo sostenible.
 
Sin embargo algún país del Sur ha empezado a torcer la nariz, además de los anfitriones. En un encuentro informal con los ONG en días pasados, el Ministro sudafricano para el Comercio, Alec Irwin, reveló sus preocupaciones por la dura postura en la negociación sobre el comercio de todas las delegaciones del Norte, en ausencia de los correspondientes colegas de los países en vías de desarrollo. Hoy Irwin ha recordado públicamente que la agenda de Doha también debe ser ratificada, en lo que concierne a los acuerdos alcanzados, por los ecologistas y  los países del Sur. Todo eso para una aclaración de la relación comercio-medio ambiente, para la antigua cuestión de los subsidios agrícolas para los productores de la UE y de los Estados Unidos y para la política comercial proteccionista del rico Norte. Un ejemplo evidente lo tenemos frente a los ojos, es imposible encontrar en Italia una botella del óptimo y económico vino sudafricano, que los delegados en la cumbre beben en estos días, ya que se ven elevados por los  aranceles sobre el consumo en nuestro país.
 
Como resultado de la dura negociación al final de la tarde, los gobiernos sudafricanos y de otros países en desarrollo han logrado incluir en el texto la necesidad de promover la  responsabilidad, la transparencia y el control en el sector privado y la adopción de las "mejores prácticas" al respeto, también con la definición de un marco intergubernamental de reglas claras y vinculantes en la promoción de acuerdos público-privado. Una pequeña provocación para los americanos y la inmensa mayoría de los países europeos, incluida Italia, que hasta a hoy hablan solamente de acuerdos voluntarios como el nuevo paradigma para el desarrollo sostenible. En ausencia de normas claras para las multinacionales, estas sociedades amenazan favorecer la exportación de un modelos de “ecologismo estilo Enron". O bien, en nombre del desarrollo sostenible, se favorece la penetración de empresas en los mercados del Sur con el renovado apoyo público, para beneficiarse de la  privatización de los servicios esenciales como el agua y la energía. No se tienen en cuenta si luego las mismas empresas están entre las más contaminantes del mundo, violando los derechos al acceso a los recursos de las comunidades locales, maquillando las cuantas y corrompiendo a los gobiernos del Sur para ganar las contratas.
 
El resto del texto de la negociación sigue inspirándose en la «integración del mercado" que el mismo presidente sudafricano Thabo Mbeki criticó en su discurso de apertura. El mismo Mbeki que en cambio, cuando pide más ayudas al desarrollo, piensa en la iniciativa NEPAD para África, bendecida por el G8 y por las instituciones financieras internacionales el pasado mes de  junio en Canadá. También en este caso los “business as usual” y las condiciones macro económicas están antes que cualquiera regla ambiental o social.
 
Mañana se inicia la negociación sobre las cinco cuestiones clave para salvar el planeta, propuestas por  Kofi Annan y con la esperanza de conseguir algún acuerdo concreto y cuantificable: agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad. Sigue faltando el acuerdo sobre la aplicación del principio de precaución de Río y la Unión Europea estaría hasta dispuesta a ablandarse en lo referente  a Kyoto con tal que convencer al caprichoso aliado americano a aceptar un objetivo global antes del 2010 para la promoción de las energías renovables, incluidas, las contestadas grandes presas y el empleo de la madera de las selvas como biomasa. El espíritu de Río parece lejano, a años luz de distancia esta tarde en Johannesburg, igual que lo es Europa como paladín de la defensa del medio ambiente a partir de Kyoto.