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Pero la situación del agua está vinculada en gran medida al sistema de relaciones internacionales de la región. Desde fines de los 80 hasta la actualidad se ha apreciado un retorno de las interacciones hidro-políticas en la zona. Los medios de comunicación mundiales cíclicamente muestran su preocupación por posibles guerras por el agua en la región del Medio Oriente. Los dos instigadores fundamentales en los últimos tiempos, han sido Turquía e Israel, quienes se han ido preparando desde hace años para tomar el control de los recursos hidráulicos de la región y contruir represas que constituyen una amenaza a los recursos de agua en los países árabes.
Esta situación es aún más preocupante teniendo en cuenta los acuerdos entre Turquía e Israel para fortalecer una alianza militar entre ellos firmados entre 1994-95, a los que se unen nuevos acuerdos en 1996, y una cooperación para la lucha contra el terrorismo, todo lo cual profundiza los cambios en el balance regional de poder. Este acercamiento entre ambos ha sido visto con muy buenos ojos por EEUU ante la unión de "dos democracias" , según el modelo norteamericano, en tan estratégica región.
Teniendo en cuenta esta situación entendimos conveniente focalizar el presente trabajo en los casos de los conflictos entre Turquia y sus vecinos, e Israel y sus vecinos por el control de tan preciado liquido, asi como los principales problemas y acuerdos al respecto.
El conflicto entre Turquía, Siria e Irak.
Turquía, Siria e Irak han estado enfrascados históricamente en disputas de diversa indole por el uso del agua de los rios Tigris y Eufrates. En la actualidad los tres tienen grandes necesidades de agua para satisfacer las demandas de su creciente población. Dentro de los proyectos realizados Iraq por ejemplo, construyó una red de canalizaciones y embalses, además de un canal de 585 km (Canal Saddam Hussein) que comunica los dos ríos desde 1992. Despúes realizó el Canal de Al-Qadissiyah en 1992 que tiene 140 kms y une las provincias de Nadjaf con la de Zi-Qar. Construyó además otro de 36,5 kms en la provincia de Missan, entre otros.
Siria por su parte también construyó la represa Al-Thawra en 1974, la cual implicó la reducción del caudal del Eufrates en una cuarta parte, lo que provocó las protestas de Irak.
Los fracasos de las conversaciones efectuadas en Damasco a principios de octubre de 1992, entre Turquía y sus vecinos Siria e Iraq por el reparto de las aguas de los ríos Eufrates y Tigris revivieron en el ámbito noticioso internacional una permanente disputa por la posesión y el uso de tan importantes vías fluviales. No se llegó al éxito, según informaron fuentes diplomáticas sirias, por la negativa turca de aumentar la cuota de agua de Siria e Irak. Los representantes de Turquía se negaron, además, a discutir las presas sobre los dos ríos. No se logró firmar ningún acuerdo para el reparto, solo intercambiar informaciones sobre el tiempo y el nivel de agua.
Este problema por tan preciado líquido entre los tres países se agudizó desde julio del propio año 1992 ante la inauguración en territorio turco de la gran presa de Ataturk. El gigantesco dique de 170 metros de altura y un lago artificial de 820 kilómetros cuadrados, -que lo convierten en el cuarto del mundo-, doma las aguas del río Eufrates y se planteaba que produciría a finales de 1993 nueve millones de kilovatios hora de electricidad.
La presa forma parte del proyecto de desarrollo del Sudeste de Anatolia conocido como GAP: el cual comprende 13 sub-proyectos de Irrigación e hidroeléctricas, que componen un sistema que contiene 15 represas y 18 estaciones eléctricas. Permitirá además el riego de 1.8 millones de hectáreas de tierra, además de energía. Debido al alto potencial de desarrollo del área incluida en el proyecto, se ha convertido en la tarea número uno de la agenda, la necesidad de modernizar la agricultura. El valor de la producción, según cálculos estimados, será superior en 10 a 20 veces a la existente en el nivel actual. Con este proyecto se podrá duplicar la producción de algodón, arroz, semillas aceiteras y forraje.
Esta obra del GAP costará alrededor de 32 millones de dólares y regará un tercio del territorio de la Anatolia Suroccidental, considerada como la región más pobre de Turquía. Pero este proyecto esconde ambiciones mucho más importantes que las explicadas, por cuanto le permitirá a Ankara dominar los recursos hídricos de la región. Con el GAP los ríos Eufrates sobre todo, y Tigris, en menor medida perderán parte de su caudal afectando a Siria e Iraq. El gobierno de Damasco protestó por la inauguración del dique Ataturk y la perspectiva de que Turquía controle en el futuro la regulación de las aguas. "Nosotros podemos hacer lo que queramos", le respondió el primer ministro turco Suleiman Demirel. Y agregó, "Los ríos son nuestros, así como el petróleo, en sus respectivos territorios es de Siria e Irak".
El Eufrates es un factor crítico en las economías de Turquía y Siria, al ser una fuente importante de energía eléctrica, y para la agricultura. Por su parte Iraq tiene la ventaja de que, además de ser un importante productor de petróleo, puede tomar agua del menos explotado Tigris. Pero tiene el problema de que la mayor parte de su agricultura se basa en la región de Mesopotamia, al sur de Bagdad, tierra que es irrigada fundamentalmente por el Eufrates. La corriente anual de este río en el lugar en que alcanza a Iraq es de aproximadamente 30 000 millones de metros cúbicos. Sin embargo, con el GAP se reduciría a alrededor de 11 000 millones de metros cúbicos, mientras que Bagdad estima sus demandas del mismo en cerca de 13 000 millones de metros cúbicos. Por gran número de años Iraq ha invertido en represas y otras construcciones a lo largo de ambos ríos para asegurar su óptima utilización, sobre todo en la agricultura.
Indudablemente, Siria está en una posición hidrológica menos favorable. En medio de Turquía e Iraq, ni controla las aguas del río Eufrates, ni posee una mayor fuente de agua alternativa. Los expertos ya han determinado que Siria enfrentará un déficit anual de agua de alrededor de 1 000 millones de metros cúbicos para el año 2000. Ante el proyecto GAP y el incremento de su población tendrá que enfrentar grandes problemas de falta de agua. A esto sumesele la situación que tiene con Israel y Jordania, por el Jordan y el Yarmuk.
A pesar de que los tres países han creado una Comisión Trilateral para los asuntos del río Eufrates, sus reuniones se han visto confinadas más a problemas técnicos, que a un análisis de cómo repartir equitativamente las aguas entre ellos. Turquía se ha negado en numerosas ocasiones a discutir el asunto a alto nivel, por lo que incluso el Banco Mundial rehusó darle determinados prestamos si no llegaba a acuerdos con sus vecinos.
Para resolver el problema Turquía ha ideado el llamado Acueducto de la Paz con un costo aproximado de 21 mil millones de dólares y que se construirá a partir del desvío de los ríos Ceyhan y Seyhan, que desembocan en el Mediterráneo. El acueducto se dividiría en dos troncos para venderle agua a los países árabes colindantes: uno atravesaría Siria, Jordania, y el oeste de Arabia Saudita: el segundo viajaría por Kuwait, el Oriente saudí y los emiratos del golfo. Pero los beneficiarios no ocultan sus preocupaciones ante un proyecto que deja en manos de los turcos el control de vitales fuentes hídraúlicas. Sin embargo, este proyecto ha contado con el apoyo del Banco Mundial y el Banco de Inversiones europeo.
Otro problema importante es que el GAP se encuentra diseñado en una región que forma parte del Kurdistán turco. Un informe de Naciones Unidas revela que a raíz de la construcción de diques, 220000 kurdos fueron expropiados y deportados sin ninguna compensación. Cuando el GAP concluyera, los deportados serían medio millón. Sólo el dique Ataturk, por ejemplo, ha inundado 155 aldeas.
Por su parte, los kurdos acusan al gobierno de Ankara de querer transformar la Anatolia para dominar y desplazar a su etnia. La mayor parte de los 15 000 trabajadores que construyeron la presa eran los llamados turcos del norte; nunca contaron con los kurdos. Y el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) sostiene que una sección secreta del proyecto GAP contempla la creación de colonias de campesinos ex soviéticos y búlgaros para trabajar las nuevas tierras fértiles gracias a la irrigación. El peligro es que las represas hidroeléctricas y los sistemas de irrigación se convierten cada vez más en objetivos militares vitales, sobre los que ya ha advertido que atacara la guerrilla kurda del PKK. A esto se une el apoyo que el gobierno de Hafez el Assad en Siria ha dado al PKK, lo que se ha visto como una forma de presionar a Turquía. Pero el gobierno de Ankara por su parte, chantajea a Siria con la amenaza de cortar el agua si no deja de apoyar a los kurdos.
Ante el GAP, el embajador sirio en Turquía señaló que ambos países habían firmado un acuerdo que estipulaba que la parte turca dejaría fluir a través de la frontera por lo menos 500 metros cúbicos de agua por segundo y agregó, como una amenaza velada "...las actividades del PKK están estrictamente prohibidas por el gobierno sirio, según el acuerdo de Damasco. Sin embargo, un control absoluto es imposible y, de vez en cuando, pueden ocurrir penetraciones en Turquía".
Por su parte Iraq respondió amenazando con la guerra y advirtió en un comunicado del Ministerio de Información que "...no permitiremos que se nos restrinja nuestra agua por cualquier medio. No nos detendremos ni ante la guerra, si es necesario".
Muchos califican estos problemas entre los tres países como el preludio de una nueva guerra por el agua en la región del Oriente Medio. Para solucionarlos, es necesario ante todo, negociar acuerdos con relación a la distribución y uso de las aguas entre las partes en conflicto, de forma tal de reemplazar la situación de hostilidad y tensión existente, en una donde primen las relaciones de cooperación en aras de la supervivencia y la paz.
El agua y el conflicto árabe-israelí.
Precisamente el problema del agua ha sido históricamente uno de los grandes tópicos de litigio dentro del diferendo árabe-israelí.
Las victorias de Israel sobre sus vecinos en las guerras regionales libradas hasta hoy le facilitaron apoderarse de la mayoría de los recursos hidráulicos de la zona. Tel Aviv controla gran parte del preciado líquido en la meseta siria del Golán, los afluentes del Río Jordán, casi la totalidad de fuentes y reservas acuíferas de Cisjordania y la franja de Gaza y utiliza gran cantidad de agua del Litani que fluye en el sur libanés.
Los principales ríos que deben abastecer de agua a la Palestina geográfica son el Río Jordán y sus tributarios -en el norte, el Hasbani (que nace en Líbano), el Liddani (o Dan), y el Banias (que se originan en Siria), y en el nordeste el Yarmouk y un pequeño río al norte de Tel Aviv, el Yarkon.
El río Jordan y sus tributarios, que toman gran cantidad de agua de la cuenca del Monte Hermon, es el recurso acuífero más importante de Palestina. El principal tributario del Río Jordán, el Yarmouk (que nace en el Reino Hashemita de Jordania) se une al primero por el este justo debajo del Lago Tiberias. Juntos, estos 2 ríos suministran el mayor potencial de agua para la irrigación, un promedio de 1,013 mcm por año.
La cuenca del Rio Jordan es una de las más importantes de la región en la medida en que es compartida por cuatro países: Israel, Jordania, Líbano y Siria.
También está el Río Litani en el Líbano, objetivo importante en la política israelí y uno de los motivos principales de la ocupación sionista del sur libanés y las Alturas del Golán Sirio, estas últimas también vinculadas al Lago Tiberias.
El promedio de precipitaciones anual oscila entre 1000 milimetros por año en el norte a menos de 100 milimetros por año en el sur. Las fuentes de la superficie son también problemáticas, por eso los recursos fundamentales para el abastecimiento de la región han sido durante siglos, las aguas subterráneas. En la actualidad , los principales recursos de abastecimiento son dos sistemas acuíferos: el costero (que corre paralelo a la costa del Mar Mediterráneo, y el montañoso (también llamado Yarqon-Taninim Aquifer), que fluye de lo que se conoce como Margen Occidental pero también hacia la zona occidental, bajo el Israel anterior a 1967.
La dimensión árabe israelí del conflicto por el agua es de vital importancia en la región, sus raíces están dadas desde la propia creación del Estado de Israel, por eso es necesario hacer un breve recorrido por los principales acontecimientos en este sentido.
Desde antes de la fundación del Estado de Israel los sionistas habían pensado "estratégicamente" y a largo plazo acerca de la seguridad hidráulica de un futuro Estado hebreo. El logro de este objetivo ha estado presente durante toda la historia del conflicto árabe-israelí hasta nuestros días. Buena muestra de ello fueron por ejemplo: las peticiones de Weizman en 1917 y 1919 para ampliar la frontera norte de Palestina de forma tal que incluyera las aguas de los ríos Jordan y Litani; la autorización concedida por los británicos en 1921 al movimiento sionista de fundar una hidroeléctrica para la explotación de las aguas del Jordan, Yarmouk, Litani y del Lago Tiberias; la fundación en 1936 de la sociedad Mekorot para la realización de proyectos hidráulicos en Palestina; el llamado Plan Lowdermilk en 1944 que implicaba la creación de una autoridad en el Valle del Jordan para en primer lugar llevar a cabo la explotación de las aguas del Jordan, del Yarmouk, del Banias, del Hasbani y del Zarga en un plan global a fin de irrigar las tierras de la cuenca del Jordan al norte de Galilea, y utilizar las aguas del Litani para crear un lago artificial al norte de Palestina para bombear las aguas hacia el sur y regar la región desértica del Neguev, que constituye casi la mitad de la superficie de Palestina. Es importante recordar que la mayoría de los asentamientos judíos se hicieron en el norte de Palestina porque allí se encuentra el 85% de las reservas de agua.
En segundo lugar estaba la idea de desarrollar la energía a través de medios poco costosos, esta energía debía constituir uno de los fundamentos esenciales del futuro estado hebreo. El desarrollo energético implicaba la realización de un Canal que uniera el Mediterráneo (a partir de Haifa) con el Mar Muerto y permitiría la realización de los proyectos hidráulicos. La idea de este canal fue desarrollada posteriormente en el marco del proyecto Med-Dead Canal.
Para poner en práctica el Plan Lowdermilk, los sionistas convocaron al hidrólogo norteamericano James Hayes, el cual propuso la desviación de las aguas del Yarmouk hacia el lago Tiberias y la recuperación de las aguas del Jordan para irrigar la región del Neguev y las planicies costeras.
El Estado de Israel fue fundado en 1948 en alrededor del 80% aproximadamente del territorio de Palestina, sin realizar por completo su proyecto hidráulico, pero sin olvidarlo. Entre los planes para llevarlo a cabo se destaca el llamado Plan Johnston en 1955, que consistía en un proyecto regional de explotación de las aguas del Jordan entre los países ribereños, el cual fue aceptado técnicamente por las partes pero rechazado políticamente.
La agresión tripartita de 1956 contra Egipto cerró en gran medida el dossier de las negociaciones hidráulicas sin regular el litigio entre los tres Estados ribereños. Israel continuó sus trabajos sobre el Jordán. Jordania comenzó la realización del Canal de Ghor, (que constityó la primea etapa de su proyecto bautizado como "Gran Proyecto del Yarmouk"). En 1960, una comisión técnica de la Liga Arabe preparó un proyecto para la utilización de los afluentes del Jordan para beneficio de los tres países árabes, Jordania, Siria y Líbano.
El dossier hidráulico emerge de nuevo en las interacciones regionales en 1964. En reacción a la instalación por Israel de un sistema de bombeo de las aguas del Valle del Jordan, para irrigar la meseta de Neguev, los Estados árabes, luego de una reunión cumbre llevada a cabo en El Cairo, decidieron el desvío de las aguas de los ríos Hasbani y Banias hacia el Yarmouk para impedir el desvío de las aguas del Jordan por Israel. Aunque el proyecto árabe era difícil de realizar y costoso, los trabajos comenzaron en 1965. La tensión aumentó en la región. Israel movilizó sus tropas en la frontera con Siria y Jordania, y multiplicó las operaciones militares contra las zonas de realización del proyecto. La más importante de esas operaciones es el ataque aéreo de abril de 1967 ejecutado en el interior del territorio sirio.
El agua es uno de los puntos más sensibles para Israel dentro de los llamados casus belis para llevar a cabo agresiones contra los árabes. Es opinión generalizada que la guerra de los 6 días, en 1967 fue una guerra por el agua, aunque otros consideren esta razón como una exageración. Lo cierto es que esta guerra le dió la oportunidad a Israel de poner fin a los proyectos hidráulicos árabes y de realizar el suyo, estableciendo su control sobre las zonas estratégicas que le garantizaran la seguridad hidráulica. Para esto se debe tener en cuenta que el agua dulce o renovable de Israel antes de la guerra de junio de 1967, después del aprovechamiento de todos los recursos hídraúlicos, se estimaba entre 1.610 y 1.650 millones de metros cúbicos al año.
En aras de garantizar cada vez más su control es que en diciembre de 1981, Israel decidió abolir la administración militar sobre el Golán, -establecida después de la guerra de los 6 días-, anexándose esta región que pasó bajo jurisdicción israelí. No se puede olvidar que el Golán ofrece a Israel un doble interés hidro-estratégico. La ocupación del Golán permite al Estado hebreo controlar los dos afluentes del Jordán, el Hasbani y el Banias, que contribuyen en un tercio al caudal del río abasteciendolo en aproximadamente en 12,5 millones de m3 por año. Además, a partir del sur del Golán domina completamente el Lago Tiberias, que abastece un cuarto del agua consumida por Israel. En fin, el Golán asegura el control de la mitad de las riberas del Yarmouk.
La otra región estratégica que cayó bajo control israelí es Cisjordania, donde las lluvias que caen en las colinas constituyen la fuente principal para las aguas del subsuelo palestino. Además del Golán y de la Cisjordania, Israel ocupó también la banda de Gaza y el Sinai (devuelto a Egipto luego de los Acuerdos de Camp David en 1979.)
Las consecuencias de la guerra de los 6 días sobre el asunto del agua son inmensas. Los árabes perdieron el control del Jordán, e Israel se convirtió en el nuevo amo del valle, hasta el mar Muerto. Uno de los puntos estratégicos esenciales en materia de aprovisionamiento de agua, el lago Tiberias pasó enteramente a territorio israelí. Todo esto permitió a Israel continuar bombeando el agua del Jordán para regar el desierto del Neguev -operación necesaria por el hecho de que las aguas del subsuelo de esta región son muy salinas. Por esto se han construido varias industrias para la dessalinización de las aguas del mar. Israel utiliza en la actualidad las energías alternativas (nuclear y solar) para facilitar esta dessalinización.
Con el tiempo, Israel pudo reforzar su capacidad de explotación de las aguas del Jordán. En 1983, los israelíes declararon que bombearían alrededor de 600 millones de m3 de agua en el Jordán, lo que representa un aumento de 225 millones con relación a los estimados del proyecto Johnston. Es necesario destacar que la cantidad que queda en el cauce principal del Jordán después del bombeo israelí es muy limitada y contiene una gran cantidad de sal.
Con relación al valle del Yarmouk, la guerra de los 6 días le permitió a Israel la ocasión de explotar este río de dos maneras: por un lado, aumentando el bombeo de sus aguas hacia el lago Tiberias, que constituye un reservorio natural seguro, y controlando así la mitad de sus fronteras norte. Los israelíes bombean actualmente alrededor de 100 millones de m3 de agua del Yarmouk, lo que es un aumento de 75 millones con relación a su atribución de 25 millones de m3 acordados por el proyecto Johnston; por otro lado, bloqueando todos los proyectos hidráulicos jordano-sirios.
Según un informe publicado por la comisión Económico-Social de Asia del Oeste, las autoridades de ocupación han adoptado entre 1967 y 1989, más de 2000 leyes y reglamentos militares relativos a los territorios ocupados y a los recursos hidráulicos superficiales y subterráneos. Como por ejemplo, gracias a dos ordenanzas militares, la número 92/7 de junio de 1967 y la número 58 de 1968, Israel se convirtió en dueño absoluto de los recursos de agua, que le permiten a las autoridades militares israelíes imponer a los palestinos reglamentaciones muy estrictas. Estas leyes y reglamentos han abrogado las leyes vigentes con la ocupación, lo que ha multiplicado las trabas y los obstáculos a las posibilidades de explotación de las tierras agrícolas y de los recursos hidráulicos por parte de los ciudadanos palestinos.
Casi inmediatamente despúes de la guerra de 1967, Israel integró los recursos hidraúlicos de Gaza y Cisjordania a su sistema, anexandose recursos y territorios. Desde entonces ha mantenido un estrecho control sobre los mismos para beneficio de los israelíes y en detrimento de los intereses de los palestinos. Hoy, alrededor del 70% del agua subterránea de la cual depende Israel, y más de un tercio de su sustancial suministro de agua, es de la llamada Margen Occidental.
Ya en 1979 el comisionado israelí del agua, Meir Ben Meir, enfatizaba que para 1985, y sobre la base de los cálculos establecidos, Israel tendría un déficit considerable de agua, el cual no podría resolver sino a expensas de la margen occidental. Desde 1967, la política israelí en esta dirección estuvo encaminada a utilizar la Margen Occidental y la Franja de Gaza como reserva de agua para sus intereses. Para garantizar esto adoptaron medidas tales como: prohibir a los palestinos la realización de pozos artesianos; imponer topes sobre la extracción y consumo de agua; prohibir la ejecución de pozos con fines agrícolas; todos los asentamientos sionistas podían, en cambio, perforar pozos en cualquier cantidad, arrebatándole fuentes a los propios palestinos hasta el punto que, en general se calcula en más del 30% del consumo de agua de Israel provenía de la margen occidental hacia 1983.
Un informe publicado en Amán mostró que la política de colonización israelí trata de reforzar su economía y de crear una base económica, agrícola e industrial allí donde han sido edificadas las colonias es decir en las tierras más fértiles, que disfrutan de grandes recursos hidráulicos subterráneos.
Se puede decir que, desde 1967, Israel ha practicado una verdadera estrategia hidráulica que se articula alrededor de dos ejes principales: de un lado, la práctica de una legislación estricta, limitando y controlando el consumo de agua por los árabes de Gaza, de Cisjordania y del Golán; de la otra, la ocupación del espacio geográfico por la presencia física, esencialmente militar, y la implantación de colonias de poblamiento próximas a las regiones ricas en agua.
En este sentido Israel llevó a cabo un amplio programa de implantación de colonias de poblamiento, cerca de los recursos de agua, por eso por ejemplo, los asentamientos desarrollados en el Golán son esencialmente agrícolas. Estas colonias agrupan alrededor de 10 000 colonos en las tierras árabes más fértiles de la región, que quedaron sin ocupar después del éxodo del 93 % de los 100 000 árabes que habitaban esta región antes de 1967.
En Gaza y Cisjordania, se ha seguido la misma política de implantación de las colonias de poblamiento próximas a los recursos de agua. En Cisjordania, la región más poblada es la de Ghor. Esta región constituye la parte este de Cisjordania, que la separa de Jordania. y representa un doble enclave estratégico -hidráulico para la seguridad de Israel, porque el que domine Ghor controla todos los puntos de tránsito hacia Cisjordania. Por esta razón Israel concentró las colonias de poblamiento en esta zona. Esta política le facilitara, en el futuro, la anexión de esta región haciendo imposible toda negociación con Jordania. En materia de aprovisionamiento de agua, Ghor es una región muy rica. La política de poblamiento practicada en esta región seguía el Plan Alon del Partido Laborista, que tenía por objetivo la creación de un sector israelí separando la continuidad demográfica entre el oeste y el este del Jordán. Con este propósito, se pueden distinguir 3 cinturones de seguridad "de poblamiento" en Cisjordania, que se extienden de norte a sur, realizados tanto por el Partido Laborista y como por el Likud.
Como parte de su política de dominación sobre los recursos hidráulicos, las autoridades israelíes prohiben a los ciudadanos palestinos construir o servirse de infraestructuras hidráulicas sin autorización previa. Además, cuando las autoridades israelíes permiten a los ciudadanos palestinos cavar pozos, les prohiben cavar a más de 60m de profundidad, mientras que los colonos israelíes tienen derecho a cavar hasta una profundidad de 500m.
Otro ejemplo de la política israelí es la ordenanza militar de 1982, que encargó a la sociedad israelí Mekorot (compañía Nacional de las aguas) de la gestión técnica de todos los pozos árabes para uso doméstico e industrial. Mekorot administra cerca del 70 % del agua utilizada en los territorios actualmente ocupados por los israelíes (3% proviene de pozos privados en Cisjordania y Gaza).
Hay que recordar que los recursos hidráulicos de Cisjordania se elevan a 600 millones de m3 por año, de los que son desviados 500 millones, es decir el 85 % de los recursos totales, hacia Israel y hacia las colonias de Cisjordania. Los habitantes árabes sólo tienen derecho a 100 millones de m3.
Los israelíes han reconocido que ellos aprovechan el 95% de las fuentes hidráulicas de Cisjordania y las alturas del Golán del total de todos los territorios ocupados desde 1967, además de las aguas del río Jordan. Otras cifras muestran que en 1990, Israel permitió solo 127 millones mm3 de agua para uso de los palestinos, pero los colonos israelíes pudieron utilizar más de 160 mm3 solo en Cisjordania.
Como consecuencia de la política israelí en el uso de las aguas ha bajado el nivel subterráneo de las mismas anualmente de 0.5 de 2.5 metros en Gaza y aproximadamente 0,3 anualmente en Cisjordania. En el período 69-91 ha disminuido el promedio general del nivel de agua subterránea en las zonas de grandes reservas como: Jerico 15,5 metros, Jeftlek 16,4 m, Betla 11,6 m; Jenin 10,4m; Kalquiha 5,8m; Turkarem 5,0m. Las autoridades israelíes aprovechan más del 80 % de las aguas en Cisjordania y el 30 % en Gaza para los colonos judíos, y lo que queda más las prohibiciones a los palestinos no satisfacen las necesidades de la población palestina.
En los años 80 tanto Israel como sus vecinos afrontaron graves problemas de abastecimiento de agua, y se agudizaron muchas de las tensiones entre ellos. Es conocido como Israel se ha estado apropiando abiertamente de las aguas del Hasbani y el Litani en Líbano, y el Yarmouk que corre entre Siria y Jordania -interfiriendo directamente en los asuntos de estos países, lo que agudiza los problemas históricos que confrontaban.
Uno de los casos más discutidos acerca de las relaciones entre Israel y sus vecinos árabes con relación al agua es el del Líbano. Entre 1982 y 1992 se puso en práctica la última fase del proyecto hidráulico sionista concerniente a las aguas del Litani. Este río abastecería a Israel con cerca de 800 millones de m3 de agua suplementaria, lo que explica las múltiples muestras de las intenciones israelíes de controlar las aguas del mismo, sobre todo luego de su primera invasión al sur del Líbano en 1978,( más conocida bajo el nombre de "Operación Litani"). Después de la invasión del Líbano en junio de 1982 ("Operación Paz para Galilea"), los israelíes ocuparon el sur de ese país donde controlan actualmente una franja de 40 km, conocida como "cinturón de seguridad". Esta zona de seguridad engloba al norte una importante presa, así como otras instalaciones hidráulicas construidas por los libaneses en el curso del Litani. La perspectiva del desvío de las aguas de este río se precisó desde la ocupación del sur del Líbano, pues los israelíes llevaron a cabo rápidamente ciertos trabajos en este sentido. Pero el proyecto de desvío tuvo dificultades. Una de las principales reside en la cantidad limitada de agua que pasa por la región que ocupa Israel debido a la existencia de una presa cerca de la fuente del Litani, en pleno territorio libanés. Israel no podría captar eficazmente las aguas del Litani más que instalándose en la proximidad de la presa del lago Kara'oun, lo que lo obligaría a controlar físicamente toda la región, que comprende el sur de la ruta Beyrut-Damasco, hasta Mary'uyoun, lo que arriesgaría contrariar seriamente a Siria. La segunda causa de dificultad es la tipografía del Litani: este río corre no lejos de la frontera israelí, en ranuras profundas, y su curso muy rápido lo hace naturalmente difícil de explotar.
Según un observador norteamericano, los israelíes bombean secretamente las aguas del Litani y del Hasbani en el sur del Líbano a partir de un lugar bien equipado, construido por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y renovado por las fuerzas israelíes en el otoño de 1983. Esto explica las fortificaciones militares de Israel en la región del Litani desde la invasión del sur del Líbano, y la vigilancia particular a que ha estado sometida la región. Por otra parte, un medio de evitar las dificultades naturales es la prohibición que Israel formuló en contra de la población libanesa que vive en la franja ocupada de utilizar las aguas del Litani para irrigar sus cultivos.
Otro de los casos más significativos es el de Jordania, la que vive una severa penuria del preciado líquido que es prácticamente crónica desde los años 70. Se plantea que las causas fundamentales de este problema se deben a la debilidad de la infraestructura hidráulica jordana y al desacuerdo político con relación a la repartición de las aguas del Yarmouk, el cual estuvo en el origen de la interrupción de los trabajos en la "Presa de la Unidad". Se previó incluso una nueva crisis entre ambos países si continuaban consumiendo agua a ese ritmo, sin tomar las medidas pertinentes.
En 1987, Jordania había firmado un acuerdo con Siria por la construcción de la "Presa de la Unidad" sobre el Yarmouk, cerca del triángulo fronterizo jordano-israelo-sirio. Este acuerdo retomó las atribuciones propuestas en el proyecto Johnston entre 1953 y 1955. Es Jordania quien financió la construcción de una presa, evaluada en 360 millones de dólares. La primera fase de los trabajos se terminaron en enero de 1990 con la construcción de un canal de una longitud de 923m, destinado al desvío de las aguas del Yarmouk cerca de la frontera jordano-siria. La realización de este canal costó 3,5 millones de dólares. La segunda fase de la operación es la construcción de un muro de 100m de altura, y de una estación hidroeléctrica. Pero un acuerdo Tripartito entre Jordania, Siria e Israel sobre la repartición de las aguas del Yarmouk no se había podido encontrar, y no se había podido realizar la segunda fase del acuerdo. El consenso es difícil de obtener porque los fundamentos de la repartición del agua han cambiado. Siria ha construido 28 presas sobre el Yarmouk, y las necesidades de Jordania e Israel han aumentado. Con relación al financiamiento de la "Presa de la Unidad", Jordania negoció con los bancos occidentales (la participación del FMI es de 30 millones de dólares) y árabes. Estas negociaciones se efectuaron bajo los auspicios de la Agencia Americana para el desarrollo internacional (USAID), pero desde 1990, ante la ausencia de un acuerdo tripartita, no ha tenido lugar ninguna reunión entre las partes concernientes y las instituciones financieras.
La severa escasez de agua en Jordania, se ha visto empeorada por la llegada al país de 300 000 jordanos y palestinos procedentes de Kuwait, debido a las consecuencias de la guerra del Golfo, que provocó la expulsión masiva de miles de emigrados de Kuwait, por lo que el gobierno tuvo que reducir el área dedicada a la agricultura para suministrar a la población agua para tomar.
Fuentes cablegráficas informaron que Israel aceptó como gesto de buena voluntad ante las conversaciones de paz en Washington en septiembre de 1992, que Jordania utilice más agua del río Yarmouk, cuya explotación comparten ambos países, respondiendo así a una solicitud de la delegación jordana por la escasez de agua en Ammán. A partir de entonces, Jordania podría aumentar su cuota anual de agua en 25 millones de metros cúbicos, que equivalen al consumo de toda la ciudad de Jerusalén.
En varias ocasiones Jordania intentó reclamar su parte de las aguas del Río Jordán. Hasta ahora, Israel ha tomado el total de los 640 millones de metros cúbicos por año del río, aunque el Reino Hashemita tenía, según el Plan de Johnston, el derecho a 100 millones de metros cúbicos. Jordania también quiso su parte del agua del río Yarmouk, pero esto no había sido aceptado antes por Israel.
En el marco de las negociaciones entre Israel y Jordania se lograron una serie de acuerdos para el control y distribución de las aguas entre ambos países, según informaciones de 1994.
Por otra parte, en el caso de Israel es lógico que en un país con suministros limitados de agua, deba hacerse todo lo posible para reducir el uso no productivo de la misma. Sin embargo, se plantea que se dilapidan los recursos acuíferos, como resultado del sobreconsumo, la proliferación de jardines, piscinas y otras "amenidades", así como el uso de agua para la agricultura y la industria de forma intensiva, entre otros.
Pero sobre este uso del agua por parte de Israel la opinión del Ministro de Aguas e Irrigación de Jordania en 1998 señalaba que Israel no desperdicia agua, sino que los que alli viven vienen de sociedades occidentales con otros patrones de consumo y que pagan por el agua que consumen de acuerdo a esos patrones y necesidades.
Agregaba el Ministro Jordano que en su opinión la solución al problema es sobre todo la cooperación y compartir este recurso. Plantea que el agua extingue fuegos, no los aviva, y que crear conflictos calientes no es parte de su naturaleza, de ahi la importancia de cooperar y no disputar por ella. Enumeró en este sentido una serie de aspectos en los que podían cooperar Israel y los árabes como por ejemplo:
- Tecnología, lo que implicaría compartir los descubrimientos científicos en la agricultura, el agua, etc.
- Sistema de Administración del agua.
- Programas de protección del agua para evitar su contaminación.
- Incrementar el suministro de agua para el uso doméstico.
- Desalinización del agua.
- El uso de agua como fuente de energía.
- Protección del medio ambiente.
El desarrollo más reciente del sistema de acuerdos entre Israel y sus vecinos pasa esencialmente por los progresos alcanzados en la solución negociada al conflcito árabe israelí. Luego de la firma del acuerdo de paz entre árabes e israelíes, o Acuerdo Gaza-Jericó I, después de numerosas rondas de conversaciones y más de dos años de negociaciones en el Oriente Medio bajo el auspicio de mediadores internacionales, no todo esta resuelto en este conflicto.
Como parte de las rondas multilaterales de negociaciones en las conversaciones internacionales de paz para el Levante -iniciadas en España en octubre de 1991- se trataron los temas de recursos hidráulicos, armamentos, desarrollo económico, refugiados y protección del Medio Ambiente. Pero uno de los aspectos principales contemplados en esta agenda de negociaciones multilaterales es el agua. Elemento que siempre ha ocupado un lugar clave en el sistema de relaciones entre los países del Levante, cual manzana de la discordia que ha pesado para la guerra y para la paz.
Con respecto a las negociaciones bilaterales y su relación con los temas de la agenda multilateral -como el agua por ejemplo-, una fuente del Departamento norteamericano de Estado dijo que "no puede llegarse a una conclusión sobre el agua hasta que no haya progreso en las conversaciones bilaterales de paz". , concepción que ha sido reafirmada por numerosos especialistas de la región y las propias partes negociadoras.
Históricamente se han llevado a cabo numerosos proyectos para la división y explotación de los recursos hidráulicos del Levante, así como múltiples planes e iniciativas auspiciadas tanto por los involucrados como por terceros, en los que Estados Unidos se destaca en sus iniciativas. Pero, en la práctica, todos los planes han fracasado, Israel, por sus crecientes necesidades de agua para garantizar el consumo de los nuevos asentamientos, ha llevado a cabo su política agresiva de ocupación de territorios. En la misma medida en que la política de asentamientos israelí se ha expandido, se ha incrementado proporcionalmente la expropiación de las aguas de Palestina y de los demás países árabes vecinos. La actitud de Israel hacia el futuro de los territorios ocupados y su rechazo durante mucho tiempo al establecimiento de un Estado Palestino puede ser parcialmente atribuido al factor del agua en estas tierras. Un ejemplo palpable de ello es la política de dependencia a la que ha sumido a los territorios palestinos ocupados de la Margen Occidental y la franja de Gaza.
Una muestra de la marcha de las negociaciones sobre tan preciado líquido fue la tercera fase de la ronda multilateral en la conferencia internacional de paz levantina, donde los delegados se reunieron en la segunda quincena de septiembre de 1992 en Washington y Moscú para tratar los temas de recursos hidráulicos y armamentos respectivamente. La reunión se realizó sin la presencia de El Líbano y Siria, cuyos gobiernos la boicotearon hasta tanto se logren progresos en las discusiones bilaterales con Israel. Los auspiciadores cursaron invitaciones a las partes involucradas en el conflicto del Levante (Israel, Siria, Jordania, el Líbano y los Palestinos), además de Egipto, así como a las monarquías árabes del Golfo Arábigo Pérsico, Yemen, los estados maghrebinos, Turquía, la Comunidad Europea, Canadá, China, Japón y la India.
Esta reunión multilateral sobre recursos hidráulicos concluyó con la decisión de reunirse de nuevo en Suiza en los primeros días de 1993. Además acordaron integrar comisiones que viajarían a Jordania y a la Franja de Gaza para analizar el problema de la salinidad y de las aguas estancadas. También estudiarían técnicas hidráulicas que permitan mejorar el bombeo de agua. Pero a pesar de estos esfuerzos no se ha logrado aún un acuerdo definitivo para resolver el problema.
Informaciones de 1994 señalaban sin embargo, que delegados de la OLP a las conversaciones de autogobierno informaron a los reporteros que luego de meses de negociaciones ambas partes acordaron en principio que los palestinos tendrían autoridad sobre el agua en la franja de Gaza y en la ciudad cisjordana de Jericó. El tema del agua era el mayor problema para el comite que negociaba la transferencia de autoridad civil a los palestinos en las zonas de autogobierno y que con su solución, el comite había terminado en gran medida su trabajo, según habían declarado los delegados.
En principio, esto significa que el agua y su completa administración en Gaza y Jericó estarán bajo el control palestino, esto incluye la perforación de nuevos pozos y supervisar los ya existentes, según planteó el jefe negociador palestino Nabil Shaath. Agregó el dirigente palestino que Israel continuaría enviando agua a Gaza y Jericó, por lo que pagaría la autoridad palestina, y también a los asentamientos judíos en los enclaves autogobernados, así como que el agua para los pobladores judíos no excederá sus niveles actuales y estará bajo el control israelí.
Por su parte el jefe de la delegación israelí para la transferencia de la autoridad civil a los palestinos, Gadi Zohar dijo: "alcanzamos un acuerdo sobre el agua, está terminado". Mientras que Jamil Tarifi, el jefe del equipo negociador de la OLP sobre temas civiles, dijo: "tenemos el derecho a desarrollar nuestros recursos en agua, perforar pozos en Gaza y Jericó, hay una autoridad palestina total, no hay límite a nuestra autoridad. Aunque los pozos en los asentamientos están bajo la autoridad israelí, están limitados a una cierta cantidad de agua y tenemos el derecho a conocer el número de pozos y la cantidad de agua que se extrae", según manifestó Tarifi.
La delegación palestina a la Quinta Ronda de negociaciones en Maskat, Omán presidida por el Sr. Riadel Kudary planteó que "los israelíes estimulan a los palestinos a endulzar el agua marítima y a importar agua de Turquía", cuestión que ellos rechazan, planteando que tienen derecho a sus propias fuentes de abastecimiento, que existen en los territorios de la Palestina geográfica.
El nuevo Estado Palestino que está surgiendo a raíz de los acuerdos con Israel tiene entre los objetivos principales del programa del desarrollo para las fuentes acuíferas, los siguientes:
- Por la importancia que tiene el asunto del agua en todos los niveles (político, económico y social) este programa trata de conservar cuidadosamente lo que ha logrado y estudiar e investigar sobre tan importante tema.
- El establecimiento de la autoridad palestina sobre las fuentes acuíferas nacionales.
- Tener una política acuífera para largo plazo y establecer leyes legislativas relacionadas con esta política.
- Establecer empresas acuíferas con sus ramas.
- Proteger y conservar las fuentes acuíferas posibles, sobre la base de aumentarla con la necesidades surgidas por la demanda y la oferta.
- Preparar un plan acuífero general para el Estado palestino.
- La protecci
ón de las fuentes acuíferas del gasto no organizado y de la suciedad.
Incluye también el programa varios proyectos para el desarrollo de las fuentes acuíferas de todo tipo, incluidas las subterráneas.
Pero a pesar de estos planes la realidad es bien distinta. Muchos palestinos se quejan de que con los acuerdos de Oslo, Israel tiene el control absoluto del agua de la región, y que las autoridades palestinas no hacen nada ante las necesidades que tiene la población del preciado líquido. Estas quejas se unen a los problemas de diversa indole que enfrentan los palestinos, que se sienten como en bantustanes en medio de los asentamientos judíos que crecen cada dia.
A la altura de septiembre de 1998 la opinión generalizada señalaba que agonizaba el proceso de paz por el incumplimiento de los acuerdos de Oslo y se temía que la crisis desembocara en una guerra.
A cinco años de los acuerdos de Oslo para lograr una "solución justa, durable y global del conflicto más largo del siglo" esto ha quedado en gran medida en letra muerta debido a "la situación real en el terreno, la desconfianza y las incomprensiones reciprocas, así como las tergiversaciones de la comunidad internacional". Los acuerdos de Oslo firmados el 13 de septiembre de 1993 entre la OLP e Israel retomaron lo esencial de la posición palestina de los acuerdos de Camp David, y ambos firmantes plantearon que ya era "hora de poner fin a varios decenios de confrontación y conflicto".
En 1994, Arafat regresó a Palestina e instauró un gobierno autónomo en las partes de los territorios palestinos que Israel evacuó. Pero, las restricciones y bloqueos israelíes impedían el desenvolvimiento adecuado del proceso de consolidación de la Autoridad Nacional Palestina. Con el ascenso al poder en Israel del gobierno de la derecha nacionalista dirigido por Benjamin Netanyahu, el cuestionamiento por parte de este del principio de tierra por paz y la intensificación de la colonización judía, se produjo un proceso paulatino de estancamiento del proceso.
Las negociaciones estuvieron congeladas por más de un año, hasta que fueron reactivadas con la activa mediación norteamericana en octubre de 1998. Se logró la firma de un acuerdo entre Arafat y Netanyahu en la Plantación Wye, EEUU, luego de nueve días de difíciles negociaciones. El acuerdo señala que Israel se compromete a entregar un 13.1% del territorio palestino, y negociar el establecimiento de un aeropuerto y un puerto palestino en Gaza, entre otras cosas. Los palestinos se comprometen a garantizar la seguridad del Estado de Israel y reprimir las acciones terroristas de cualquiera de las organizaciones palestinas, entrega de los autores de atentados a las autoridades israelíes, listas de sospechosos, etc, así como modificar los artículos de la Carta Nacional palestina que aluden al no reconocimiento del Estado de Israel.
La repercusión del acuerdo fue variada, pero predomina el escepticismo en cuanto a que pocos confian en que se cumpla todo lo acordado. En cuanto al tema del agua, no se dió ningún paso positivo por lo que aún sigue siendo un asunto por solucionar en este proceso.
En general a pesar de las negociaciones de diversa índole en el plano político bilateral, el problema del agua sigue sin tener avances sustanciales en favor de los palestinos. En este sentido ellos insisten en sus posiciones firmes para recuperar sus derechos sobre sus recursos acuíferos por lo que consideran este aspecto como uno de los más importantes en las negociaciones para la paz. Aún no está todo dicho en esta materia, a pesar de pequeños avances en algunos aspectos, porque aún quedan muchos asuntos por definir, vinculados no sólo al uso y distribución del agua, sino además a los asentamientos de los colonos israelíes en territorio palestino y al control del agua que aún tiene Israel en la región.
No se puede obviar en el análisis de los conflictos por el agua en la zona la diferenciación entre el nivel político de las relaciones entre los diversos actores y lo que se llama el nivel técnico del asunto que incluye temas tales como la disminución, mantenimiento o incremento del volumen de agua y los aspectos de construcción e infraestructura a ellos asociados. Este último nivel depende además, esencialmente, de cuatro elementos fundamentales:
"las alternativas tecnológicas, la importación de agua, el cambio de los modelos económicos y la gestión adecuada a las necesidades".
Se ha especulado en numerosos medios académicos, políticos y por las propias partes negociadoras del conflicto, en posibles soluciones a estos litigios hidraúlicos en el Machrek. En este sentido son interesantes los criterios de un autor consultado con relación a lo que considera como los pasos a llevar a cabo para una posible solución del problema del agua, los que se reproducen a continuación:
- Inmediatamente situar más agua para el uso de los palestinos en los territorios ocupados (como gesto de buena voluntad y como algo que fuerce a alguna cooperación)
- Reconocer explícitamente una preocupación conjunta por el uso del agua, y aceptar la necesidad israelí de usar agua de Palestina, aunque sea mediante compensación en divisas convertibles.
- Establecer acuerdos bilaterales o trilaterales para compartir los recursos hidraúlicos, como fue sugerido en Camp David.
- Reestablecer las negociaciones internacionales para el diseño de un sistema hidráulico para la región.
Otros criterios apuntan al análisis del asunto a partir de la creación de escenarios posibles según las medidas que se adopten y la evolución probable de la situación. En este sentido se enmarcan las valoraciones que conciben los siguientes escenarios:
- Escenario de la continuidad: Sería si continuara la tendencia actual, lo que implicaría una fuerte penuria de agua, sobre todo para Jordania e Israel.
- Escenario reformista: Los países afectados tratarían en serio el problema del agua y elaborarían un sistema hidro-político regional común, planificando la repartición de agua según los intereses de cada uno. Pero el obstáculo fundamental para esto es la creación o no del Estado Palestino, parte importante a tener en cuenta, por lo que de su consecución dependería en gran medida del éxito de las negociaciones arabo israelíes.
- Escenario de la guerra del agua: En caso del fracaso de las negociaciones, Israel, ante la situación crítica en que se encuentra provocaría algún incidente que le permitiera atravesar el Jordán y dominar ambas orillas, lo que conjuntamente con el agua del Litani, Golán, Lago Tiberias, etc. lo convertirían en el amo absoluto, provocando un nuevo conflicto por el agua en la región. Esta opción ha estado reafirmada por las amenazas israelíes de utilizar las armas para resolver el problema del agua.
Consideraciones finales
Indudablemente el agua constituye un elemento esencial en el desarrollo de la vida humana y un factor de tensión y conflicto en muchas regiones del planeta, donde la zona de África Norte y el Oriente Medio se destaca por sus características particulares explicadas.
Sin lugar a dudas, uno de los más difíciles tópicos a solucionar, en los esfuerzos por lograr un acuerdo de paz al conflicto árabe-israelí, es el problema del agua. Esto es uno de los retos que los que buscan la paz en el Medio Oriente deben enfrentar.
Para ello, no solo bastan los múltiples proyectos de buscar más fuentes de agua, sino también el uso racional de la existente. Pero, hace falta mucha voluntad política para lograr la paz y la cooperación entre todos los que allí viven, y a esto, que es lo más difícil de alcanzar, no se le vislumbra una solución a corto o mediano plazo.
Turquía emerge como poder regional en el plano acuífero de forma tal que presiona a sus vecinos por el control que ejerce sobre tan importante recurso y junto con Israel constituye uno de los países cuya política en este sentido hay que seguir de cerca en la región por lo que puede implicar para la estabilidad de la misma.
Israel, por su parte siempre ha justificado sus acciones por imperativos de Seguridad Nacional y continúa siendo el poder militar predominante en la región. Mientras que los árabes no logren una estrategia regional coherente y una cooperación más efectiva entre ellos para proteger sus recursos de la apropiación israelí, la política de Israel con relación al agua continuará siendo un factor central en la perpetuación del conflicto entre ellos.
Por todo esto existe una relación intrínseca entre los resultados de las conversaciones bilaterales y multilaterales para solucionar el problema del agua, ambos marchan juntos, como el agua que fluye cual río que marca frontera entre la guerra y la paz.
CEAMO, octubre de 1998.
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