1.2.2 "Geopoliítica del agua en el mediterráneo"

Autor: Ingeniero de aguas y representante de la PHG, una organización especializada independiente y dedicada a desarrollar los recursos acuíferos y medioambientales; para asegurar la accesibilidad del público a los suministros de agua y adecuadas condiciones sanitarias; para desarrollar un sistema de información de aguas en Palestina.

Resumen de la intervención:

El agua es un recurso escaso en el Mediterráneo, un mar que no es frontera sino un puente entre los países ribereños.

LOS RECURSOS: DISPONIBILIDAD Y CALIDAD.

Los recursos hídricos disponibles en la cuenca mediterránea son en un 20% aguas subterráneas y el restante 80% corresponde a aguas superficiales.

La distribución de estos recursos no es homogénea en las 29 cuencas que componen el sistema hidrológico mediterráneo. Tanto el uso como la escasez es mayor en la parte Sur que en la parte Norte. Sin embargo, no es un problema circunscrito a la zona Sur, ya que se extenderá, con el tiempo, también a la zona Norte del Mediterráneo.

Existen países, como Malta o Chipre, que ya tienen problemas relacionados con las diferencias entre el uso y las disponibilidades, pero que gracias a su nivel económico consiguen implementar medidas alternativas para producir agua. Los malteses y chipriotas han optado por la desalinización a pesar de que supone un coste quince veces mayor a lo que cuesta obtener agua en Francia.

Además de los recursos existentes, debe tenerse en cuenta su calidad. En la cuenca Mediterránea existen 20 ríos con agua de baja calidad. En zonas de Turquía y Gaza el agua no es adecuada para el uso urbano ni para la agricultura. Con el incremento desproporcionado de la demanda ha aumentado la salinidad y el uso de pesticidas ha venido a aumentar la degradación de la calidad del agua.

Se percibe que no se acomete una planificación integral de los recursos hídricos. Falta una mirada hacia el futuro, establecer criterios de sostenibilidad en los usos.

LOS PROBLEMAS DE LA ESCASEZ.

La utilización del agua aumenta con el aumento de la población, pero también con el cambio en el modelo de ciudad se dispara la demanda (se calcula que hasta el 2.025 se habrá producido un aumento del 25% en la demanda de agua). Empleamos el agua sin percatarnos de su importancia, sin tratarlo como un recurso escaso. No hay un uso racional del agua, en muchos casos se desaprovechan grandes cantidades de agua que regresan al mar sin haberse utilizado.

Es, por tanto, imprescindible la planificación del recurso agua. La inversión idónea para mantener la sostenibilidad en su uso y permitir unos niveles de calidad aceptables ante el aumento de las ciudades y de la población. También deben tenerse en cuenta los usos más intensivos que proliferan en la zona mediterránea, como el turismo, que en el periodo estival concentra a un número creciente de personas entorno a los núcleos costeros.

La escasez de agua, además, genera tensión e inestabilidad entre países (un claro ejemplo son Turquía, Israel y Palestina), un problema y también un conflicto que puede exportarse a otros países.

Y mientras los usuarios no somos conscientes del problema. El agua escasea cada vez más en la zona y dentro de veinte años la calidad del agua no será la que tenemos hoy en día. Si bien los países del Norte podrán implementar los medios para mantener ciertos niveles de calidad dado sus mayores posibilidades económicas.

La generalización de prácticas erróneas, la falta de concienciación, el uso ineficaz que genera grandes pérdidas, son hechos comunes en el uso del agua. Para solucionar estos problemas debe animarse a los gobiernos a invertir para transformar estas situaciones indeseables.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

-La planificación de los recursos hídricos debe realizarse en el ámbito de todo el Mediterráneo y no sólo a nivel nacional.

-El desarrollo urbano debe evitar las zonas de recogida y acumulación de aguas, por medio de planes integrales que tengan en cuenta estas circunstancias.

-La planificación integral también debe servir para asegurar la disponibilidad de aguas para las generaciones futuras, al menos en la cantidad y calidad actual. Esto pasa por la sensibilización de la población a partir de una buena información.

-Debe existir además una colaboración entre todos los países de la cuenca mediterránea para evitar posibles conflictos relacionados con el abastecimiento y uso del agua y una colaboración estrecha entre los países del Norte y del Sur.