Cableado y enganchado, segunda parte
Por Michael Albert
En la primera parte de esta serie de dos (en diciembre) argumenté que presentar la información gratuitamente tenía tantos defectos como virtudes. Las virtudes eran por supuesto el potencial para un mayor acceso a más información para más gente. El posible defecto en que me centré fue que resultara en una avalancha de material de cada vez menor calidad debido a la ausencia de "editores" y de ingresos para mantener a los que producen el material (escritores, fotógrafos, etc.). Hay otros temas interesantes también. Por ejemplo, a mí me gusta jugar al Go, el juego de mesa japonés, y hay un club de Go en el área de Boston. En el club jugar al Go es una cosa social, cara a cara. Pero ahora también puedes jugar al Go por internet, con gente de todo el mundo, de día o de noche, gratis. No es sorprendente que el club ya tengaproblemas de ingresos y de número de miembros. ¿Qué significa este paso de la interacción social a la interacción via ciberespacio? Aunque este tipo de problemas sociológicos son sin duda importantes e interesantes, quiero ahora tratar otra capa de la imagen que empecé a dibujar la última vez sobre internet y los medios de comunicación.
Ante la sorpresa de muchos críticos izquierdistas, la moda actual en internet es que las empresas capitalistas ofrezcan su material gratuitamente. Así, gigantes como Time Magazine se apresuran a establecer "lugares de internet" que den acceso a los usuarios de internet a copias gratuitas de Time. Y Time no sólo da a los usuarios de internet acceso gratis a la versión on-line de la revista, con sus gráficos, etc, sino que ofrece una ampliación de la revista, con artículos extra, vídeos, clips de sonido, diálogos con escritores, etc. Y esto es lo que otros periódicos de parecida orientación también se apresuran a hacer.
¿Qué está pasando? ¿Desde cuándo Time Magazine está en el negocio para dar productos gratis? ¿Cómo puede ser que los ejecutivos del Time permitan que sea gratis una versión mejor de la revista que hasta ahora vendían? Y no es que no le cueste nada hacerla a Time. En realidad, Time y el resto de revistas que siguen este camino deben construir un conjunto muy elaborado de "páginas" en la Red y esas páginas deben actualizarse regularmente, no sólo para las nuevas entregas sino para dar información actualizada. En el caso de Time, las páginas incluso son interactivas, dando la posibilidad de tener discusiones sobre el contenido de los artículos como si fuera un foro. Hoy en día hay periódicos on-line que actualizan el contenido de sus noticias no semanalmente ni diariamente sino cada hora y en algunos casos cada 20 minutos. Esto requiere una infraestructura considerable así como muchos empleados cualificados; el producto va mucho más allá del anticuado periódico que pagabas, tanto en noticias como en facilidad de uso, sin embargo, como el cibernético Time, es gratis.
Y todo esto es sólo el inicio. Porque el uso de la Red, aunque está creciendo increíblemente rápido, es aún bastante bajo. Lo que tenemos es una empresa tras otra que apuesta por este terreno de comunicaciones gratuitas, intentando imponerlo, creando la infraestructura aun antes que exista la audiencia. Entonces, ¿de dónde vendrán los beneficios de internet para Time y el resto?
La publicidad. Tú, el navegante de internet, usas Mosaic u otro navegador para acceder a las páginas de Time en la Red. En esas páginas no puedes evitar ver los anuncios insertados. ¿Por qué apuesta Time que los departamentos de publicidad de las empresas pagarán altos precios por poner sus anuncios en las páginas de Time en la red?
Es como la relación con los quioscos. El anunciante quiere que los ojos de los potenciales compradores vean su anuncio con agrado. Time ofrece muchos ojos de gente con ganas de comprar y con el dinero para hacerlo. Y en el ciberespacio el anunciante tiene un plus. Si el usuario cliquea en un anuncio, tachán, ya están en el escaparate del anunciante, preparándolos para una compra. El potencial comprador puede efectuar la compra con un simple click antes de que el efecto del anuncio se desvanezca. Cada anuncio es una puerta a más tentaciones en vídeo y audio, y luego una compra. Es como un catálogo de venta por correo, en tiempo real, inacabablemente variado, con un alcance ilimitado dentro de los hogares para las compras inmediatas. Hay todo tipo de implicaciones para Madison Avenue [N. del T.: avenida neoyorquina donde tienen su sede las principales compañías publicitarias], para expositores, etc. ¿Para qué necesitamos concesionarios de coches, por ejemplo, cuando podemos hacer un click en un anuncio, entrar en la fábrica de General Motors y probar cualquiera de las docenas de modelos, con respuestas a nuestras preguntas por gente de la empresa, y luego comprarlo más barato y más fácilmente con cualquier accesorio que podamos querer?
Pero por importantes que sean estas dinámicas del marketing, yo quiero examinar una implicación en dos partes para la comunicación de información. Primero, la información que darán el ciber-Time y sus competidores estará pagada íntegramente, 100%, por los anunciantes. Eso es aún peor que ahora donde al menos Time obtiene ciertos ingresos de las suscripciones y ventas. La única razón de existir del periódico electrónico será entregar compradores dispuestos a ávidos anunciantes, y las implicaciones para el contenido del ciber-Time deberían ser bastante obvias.
¿Pero qué pasa con las publicaciones disidentes? ¿Qué hay de Z? Bueno, suponed que ponemos Z en la red. No hay ningún obstáculo técnico para hacerlo, después de un cierto trabajo. Y suponed que hacemos que el ciber-Z sea una extensión del Z en papel. Ponemos videos, entrevistas, artículos extra, discusiones entre autores y lectores. Estamos hablando del futuro, así que supongamos que todo este material es accesible con conexiones rápidas a internet, y por tanto es rápido, fácil y gratuito aparte de la conexión a internet, que puede ser sin costo también.
¿Cuál es el problema? El problema es que nosotros no tenemos anuncios. No queremos anuncios. No podríamos tener anuncios aunque los quisiéramos. Así que si queremos tener una presencia en esta parte básica de internet en el futuro, tendrá que ser cobrando una suscripción por usarlo. Y entonces tendremos el irónico espectáculo de un Time Magazine (y demás) ofreciendo una montaña de páginas altamente eficientes y artísticas, todo gratis, y un Z (o el In These Times, o The Progressive o Monthly Review, o el que sea) cobrando por el acceso a páginas similares pero mucho menos elaboradas y mantenidas por voluntarios. El gigante empresarial chupóptero en busca de beneficios ofrece la información gratis. El grupito disidente anti-capitalista, a favor de la gente y del cambio social, cobra. Genial. ¿Qué usuarios estarán dispuestos a pagar una cuota a los sitios disidentes? Los que ya están de acuerdo con nosotros y están dispuestos a pagar para apoyarnos, observáis. Bien. Pero, ¿qué ha ocurrido con la tarea de llegar a las masas?
Podéis decir que no es tan diferente de la actualidad. Es sólo una extensión. Su precio ha bajado, el nuestro ha subido. Pero el contraste es manifiesto cuando es GRATIS versus pagando. Se convierte en una cosa casi filosófica además de material, o así lo parece al menos.
No estoy nada seguro que este sea el futuro de internet. Muchas, muchas
empresas están apostando por ello. Pero está por ver si los
anuncios funcionarán suficientemente bien como para pagar tales
precios por comprarlos. Si es así, todo está preparado. Y
la forma en que la comunidad disidente quedará marginada en ese
escenario tendrá ya poco que ver con altas barreras de entrada,
o con una censura simplista, o incluso con altos costos. En vez de eso,
tendrá que ver con las dinámicas de la publicidad y la ironía
de que los disidentes tengan que cobrar a la gente que quiera acceder a
información disidente mientras los medios convencionales dan la
suya gratis.