Cableado y enganchado, primera parte
Por Michael Albert
No hay motivo alguno para ignorar tendencias reales e imparables. Las telecomunicaciones no son una moda. No se irán. Por el contrario, las telecomunicaciones van a convertirse en algo tan omnipresente como la televisión y los teléfonos. Es muy posible que pronto haya más computación a distancia que ordenadores de sobremesa. El software relacionado con las comunicaciones será usado más amplia y frecuentemente en los hogares que cualquier otro. E, incluso si sólo ocurre eso en parte, ¿dónde encaja la comunidad progresista en esta ecuación que se está desarrollando?
Muchos comentaristas han remarcado un grave peligro,: el del comercialismo que lleve a la exclusión. En ese escenario, como ocurre con la televisión, el espacio en la autopista de las comunicaciones, y especialmente el espacio y la oportunidad para presentar ofertas serias será prohibitivamente caro. Inmensas corporaciones dominarán el tono y la definición de lo que se llama ciberespacio. Las barreras de entrada en el área de proveer servicios serán muy grandes. Los límites en el abanico de material disponible serán severos. Los usuarios recibirán con facilidad cantidades de información, por ejemplo catálogos, formularios de pedido, info-entretenimiento, pero tendrán una capacidad muy limitada de poner información en el sistema y mucho menos interactuar con otros a través de sus comunidades y la sociedad. El contenido, y mucho más el contenido disidente, será excluido o desaparecerá hacia la periferia.
No tengo mucho que añadir a la discusión acerca de la potencial comercialización y monopolización de los medios de telecomunicaciones. Espero que esa pesadilla no se convierta en realidad, y creo que puede ser así. Lo que quiero sugerir es que la comercialización de arriba abajo no es el único problema con que nos encontramos los izquierdistas en la autopista de las comunicaciones. Esa es una roca con la que podemos estrellarnos, pero hay otro obstáculo más sutil, aunque relacionado, que puede destruir nuestras esperanzas.
Suponed que Internet se mantiene relativamente no comercial y, lo que es más importante, descentralizada, y que continúa atrayendo usuarios nuevos a velocidades fantásticas, manteniéndose por tanto como la opción disponible de telecomunicaciones más grande y más diversa [N. del T. en el momento de escribir el artículo no estaba claro que Internet no fuera a ser derrotada por sistemas de suscripción, como America On Line]. Y suponed también que los progresistas e izquierdistas trabajamos duro y aprendemos a trabajar de forma eficiente y económica con la tecnología de Internet. ¿Qué otros obstáculos permanecen?
La primera cosa a considerar es el coste. Quizá, aunque formalmente libres de participar y poner a disposición del público nuestras opiniones, la tecnología sea demasiado costosa. Esto es posible pero no parece probable. El precio de los equipos requeridos ya es bastante bajo y sigue cayendo sin parar, sin verse el fin. Las herramientas necesarias para preparar información incluso para la presentación más fabulosa en Internet tienen un coste modesto, al menos en comparación con el tipo de equipamiento que ya usan los izquierdistas en prensa escrita. Se puede hacer con un ordenador de sobremesa típico y software de uso compartido. Incluso poner en marcha un sitio de comunicaciones completo, capaz de dar conexión a Internet a miles de suscriptores y presentar opciones de telecomunicaciones progresistas propias, especiales y variadas, no es terriblemente caro, aunque pagar a la gente para hacerlo puede ser costoso, como para cualquier gran proyecto.
No. Esas no son las preocupaciones que quiero tratar. En vez de eso, me preocupa una virtud primaria de las telecomunicaciones, porque creo que también puede ser su debilidad más preocupante. Irónicamente, a lo que me refiero, es a las consecuencias de hacer que la información y material sea accesible gratuitamente y las formas más naturales de tratar los problemas que la disponibilidad gratuita crea.
Para empezar, ¿por qué la disponibilidad gratuita de información, sea artículos, informes, discusiones, fotos, gráficos, entrevistas en directo, grabaciones de discursos públicos, etc, es una virtud? Bueno, al poner estos recursos disponibles a ningún coste más que el de poseer un equipo de telecomunicaciones, lo podemos hacer llegar al mayor número de gente. Gratuidad significa máxima distribución y facilita, por ejemplo, que los activistas de base y otros pongan a disposición del público todo lo que quieran. Es más: la gente que no está segura de lo que quiere, puede probar los ofrecimientos de los disidentes sin coste y, si les gusta, seguir recibiéndolos, de nuevo sin coste.
Entonces, ¿cuál es el problema? Bueno, en lo que hay que pensar, me parece a mí, es por un lado en un volumen excesivo e inmanejable, y por otro en la calidad en declive.
Si es gratis o muy barato poner información en un sistema del que también es gratis o muy barato obtenerla, la cantidad de información disponible es probable que se convierta en astronómica. Es más, se presentará sin demasiada diferenciación en cuanto a fuentes o calidad. El usuario tendrá entonces que encontrar esas piezas de particular interés para él o ella entre todo el resto. Más aún, si no hay ingresos para pagar a la gente que produce información (fotos, artículos, lo que sea) se hace muy difícil para la gente hacer ese trabajo de forma continuada, dedicarse a él, y por lo tanto la calidad del producto va bajando, por cuanto más y más cosas son producto de hobbies, o producción de después del trabajo, etc. Así que tenemos cada vez más material, con cada vez menos calidad. Cada usuario tiene que buscar lo valioso entre lo inútil y poco interesante. El tiempo dedicado a esa empresa empieza a ser opresivo. La necesidad de abrirse paso entre montones de material empieza a restringir la participación.
Consideremos algunos ejemplos. Suponed que se ponen gratis en la red fotos políticas progresistas. ¿Qué le ocurre a Impact Visuals, organización que vende fotos progresistas? Podéis pensar, muy bien, desaparece, pero hay un sistema mejor en su lugar. Eso es progreso. Pero el caso es que Impact Visuals no es un timo innecesario. Canaliza pagos a los fotógrafos, permitiéndoles comprar equipamiento e ir a los sitios necesarios para tomar las fotos necesarias. Además, la gente de Impact Visuals, sus editores, se toman el tiempo para escoger entre las fotos posibles las que van a ofrecer, de forma que cuando un periódico les pide fotos sobre Timor, o los sin techo, o lo que sea, y recibe un paquete de fotos, éste es ya un conjunto seleccionado de fotos de calidad entre las cuales escoger. La gratuidad, en el lugar de Impact Visuals, facilita la distribución, pero si Impact Visuals es reemplazado por la carga generalizada de fotos progresistas, entonces con el tiempo la calidad de las fotos disponibles decrecerá y, además, el tiempo requerido para un periódico que quiera obtener fotos no disminuirá sino que se incrementará, suponiendo que encuentren algo de valor.
Tomad el caso de los notablemente útiles esfuerzos de David Barsamian recorriendo el país y juntando grandes entrevistas con gente progresista, para hacerlas luego disponibles.¿Qué pasa con eso? Primero sus entrevistas empiezan a aparecer gratis, lo cual parece un gran avance puesto que llegan a mucha más gente, y así conocen a David, cosa que todos queremos. Pero luego los ingresos de David se acaban, porque todo el mundo recibe su material gratis, así que ya no puede ir a hacer entrevistas; cada vez hay menos entrevistas, y al final se han acabado. Ya aparecerán otras, podéis decir, pero sin ingresos para pagar a entrevistadores que hagan el trabajo duro, serán cualquier cosa, desde entrevistas a vecinos hasta, aunque mucho menos frecuentemente, entrevistas valiosas. ¿Y dónde estará la fuente que distinga el grano de la paja, al menos de forma razonablemente correcta, de forma que no tengamos que pasarnos el tiempo buscando entre masas ingentes de material para encontrar lo que queremos? ¿Qué evitará el declive de la calidad y el crecimiento inapropiado de la cantidad? Lo mismo se puede decir de Z. Pongamos todos los artículos gratis. Hagamos que el material digital sea cada vez más parecido al de la revista, con gráficos y todo. Al principio es genial. Gente nueva ve el material y quizá contacta con Z. Pero, con el tiempo, las suscripciones a la revista empiezan a decaer, puesto que la gente obtiene el equivalente digital gratis. Sigue habiendo un torrente de artículos digitales, pero no aquellos que eran posibles gracias a la existencia de Z. Y no hay filtros que ayuden a los usuarios a acceder fácilmente a material de calidad. Los ingresos para que los escritores tengan tiempo para preparar piezas de calidad son cada vez más raros, etc. Al cabo de un tiempo, Z, como organización de prensa, y otras como ella, resulta imposible.
¿Hay respuestas a estos miedos, que ya admito que he exagerado
para enfatizarlos? Creo que sí. Creo que es posible crear instituciones
de telecomunicaciones que hagan más fácil, más barata
y más efectiva la diseminación de información y de
materiales, al mismo tiempo que preservamos o agrandamos el flujo de ingresos
necesario para mantener a los escritores, fotógrafos, entrevistadores,
etc. así como las fuentes institucionales de material filtrado (editoriales)
tanto para los medios digitales como para los otros. Pero no ocurrirá
así si simplemente seguimos la corriente Internet sin pensar cuidadosamente
sobre estas dinámicas y descubrimos cómo funcionar evitando
dificultades y beneficiándonos a la vez de las telecomunicaciones.