Cuba de cara al siglo XXI
por Manuel Menéndez Díaz.

 

El mundo, a las puertas de una nueva edad, es conducido al borde del abismo por la globalización neoliberal. El socialismo, después que desapareció de Europa Oriental y la URSS, aparece solo en los libros como un accidente histórico. En ese contexto, para muchos, una de las «rarezas» que el viejo siglo le lega al nuevo, es sin lugar a dudas la Cuba de hoy.

Explicar las razones históricas y los principales argumentos de su «realpolitik», de que el país no es un rezago del viejo mundo, sino el deber ser del nuevo milenio, han sido las intenciones del autor al entregarnos el compendio de entrevistas, a un importante grupo de figuras políticas y sociales de Cuba.
Para poder comprender bien los diálogos y juicios, es muy importante conocer la coyuntura actual de la Revolución cubana de cara al próximo siglo.

Este país fue uno de las últimas dos colonias españolas en el continente hace apenas 100 años, la otra fue Puerto Rico. Las guerras de independencia en Cuba se iniciaron en 1868 y se extendieron a lo largo de 30 años. En la última de ellas iniciada en 1895, cuando prácticamente estaba derrotado el Ejército Español, en 1898, interviene Estados Unidos, ocupa el país y al no poder perpetuar su gobierno de ocupación, tiene que acceder a la proclamación de la República en 1902. No sin antes imponer un apéndice constitucional, la Enmienda Platt, que les otorgaba el derecho de intervención en cualquier momento para proteger sus intereses.

Hasta la Revolución de enero de 1959, el siglo XX cubano estuvo caracterizado por la supeditación a los intereses estadounidenses. La presencia yanqui era hegemónica en la economía. Ya en 1930 Cuba ocupó el primer lugar en las inversiones estadounidenses en América Latina, y cuando triunfa la Revolución en 1959 se encontraba entre los tres primeros.

En el país no llegó a desarrollarse una burguesía nacional del tipo europeo. La clase nativa dominante era la burguesía - latifundista dependiente, que desplegaba sus actividades en funciones complementarias o asociadas a los intereses estadounidenses. Esto explica no todo pero, si esencialmente, las razones del entramado de relaciones que hizo de Washington un factor central en el sistema de dominación en la Isla, y que burdamente dictara cada política de los gobiernos burgueses de turno, razón por la cual ninguno se atrevió a contradecirlo so pena de perecer.

En los casi 41 años de Revolución, la nación cubana siempre ha estado en una disyuntiva: o mantiene su proyecto nacional liberador que condujo, inexorablemente, a la opción socialista para preservar la nueva realidad creada por la Revolución y avanzar hacia el futuro, o claudica ante el imperio yanqui y por ende retorna a su antiguo status neocolonial.

Desde los primeros momentos del triunfo revolucionario, Estados Unidos abrió un nuevo capítulo con Cuba: hacer lo indecible para que fracasara el proyecto cubano. Hoy la desclasificación de los documentos de la CIA y otras entidades gubernamentales estadounidenses, han revelado todos los siniestros planes que desde un inicio desarrollaron con el objetivo de liquidar la Revolución.

En mayo de este año 1999, ocho organizaciones representando la sociedad civil cubana, presentaron ante el Tribunal Provincial Popular de La Habana, la Demanda del Pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos, por reparación de daños e indemnización de perjuicios derivados de la muerte de 3 478 ciudadanos cubanos, y la incapacitación de otros 2 099. Todas víctimas de la política agresiva de ese gobierno contra Cuba en los últimos 40 años y las acciones que han ejecutado agencias oficiales y agentes estadounidenses. Además los acusadores exigieron que el demandado se retracte públicamente por el daño moral de que ha sido objeto tantas familias cubanas.

La guerra de Estados Unidos contra la Revolución cubana ha quedado demostrada históricamente, y fue concebida como política de Estado. Durante los 40 años han desatado acciones políticas, militares, económicas, biológicas, diplomáticas, psicológicas, propagandísticas, de espionaje, actos terroristas y de sabotaje, la organización de bandas armadas y grupos mercenarios, así como los intentos de liquidar físicamente a los líderes de la Revolución. Todo esto es constatable por las múltiples informaciones, que han sido reconocidas en ese país en los últimos tiempos y de modo especial por los documentos secretos desclasificados. Entre estos los más importantes son: el «Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro» aprobado el 17 de marzo de 1960, por el Presidente de EE.UU., Dwight Eisenhower, y el «Proyecto Cuba» presentado por el General de brigada Edward Lansdale, en enero de 1962 a las más altas autoridades de ese gobierno y al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional, y que contiene las 32 tareas de guerra encubierta para ser ejecutadas por las dependencias oficiales, en la llamada Operación Mangosta.

La Revolución se desarrolló al calor de los enfrentamientos con el imperio yanqui. Es falsa la tesis de algunas autores que han tratado de presentar el decursar del proceso cubano como una resultante de la política norteamericana. La estrategia de liquidar la Revolución, sí conllevó una aceleración de la causa revolucionaria, pero su Programa no fue determinado por causas externas, sino un producto de la realidad económica y social.

«La historia me absolverá»1, el primer documento programático de la Revolución, fue un proyecto de justicia social, nacional-liberador. Su aplicación condujo al socialismo, al establecer la propiedad social en los medios esenciales de producción; una transformación radical de la tenencia de la propiedad agrícola, pasando ésta a manos de quienes la trabajaban; la liquidación del analfabetismo; la extensión a toda la población de la educación y salud gratuita; además acceso a la seguridad social y una vida espiritual plena. Así llegamos a identificar al socialismo con la solución de los problemas del subdesarrollo en todos los ordenes, y por ende se requería la transformación radical del país.

A fines del milenio el país pugna por salir de la compleja situación económica en que se sumió, al inicio de la actual década, como una resultante de la liquidación del socialismo en Europa y la URSS. Esto ha sido sobradamente explicado.

En Europa no fue la verdad socialista la que falló. Erraron quienes tenían la responsabilidad histórica de llevarla adelante, de encausarla con la creación cotidiana y las experiencias particulares. Pero algo sí ha quedado bien demostrado, y es que ese proceso europeo no significó el fracaso del socialismo como sistema.

Tampoco implicó la nulidad del marxismo y del leninismo como guías de nuestra acción. Sí significó el desmoronamiento de un tipo de marxismo dogmático y vulgar, que en esos países alcanzó fuerza de teoría oficial, enterrando muchos principios centrales de nuestros clásicos, y elevando a carácter de ley universal tesis que solo servían para justificar posiciones políticas y que apenas contaban con aval científico.
Los clásicos no nos diseñaron un esquema de la sociedad socialista, ellos elaboraron tesis fundamentales. El socialismo que sucumbió, se había ido alejando del ideal socialista concebido por los precursores, y en múltiples oportunidades hizo caso omiso a las realidades y tradiciones nacionales.

Cuando se produce la caída del socialismo en Europa y la URSS, Cuba transitaba por un proceso de perfeccionamiento iniciado en 1986. Habíamos llegado a la conclusión de que el modelo de dirección de la economía, copiado en buena medida de la experiencia soviética, debía ser sometido a profundas transformaciones. Iniciamos un proceso de rectificación y perfeccionamiento de nuestro Socialismo, pero desde posiciones socialistas. Ese camino se vio tronchado por los procesos en la Unión Soviética y el resto de Europa Oriental.

La nueva etapa que se abría en 1990, deparaba para Cuba una disyuntiva: salvar la Revolución y sus conquistas populares o rendir las banderas del socialismo. El país tiene una obra de la Revolución en todos los órdenes de la vida económica y social, que se identifica con el socialismo y sus conquistas.
Muchas personas, incluso grandes amigos, caen a veces en la trampa que el enemigo nos tiende: explicar a Cuba partiendo de los esquemas de otras naciones. Nuestra escala de valores y concepciones sociales son diferentes, por ello metodológicamente debemos partir de lo que nos proponemos y nuestras concepciones.
En primer lugar, ciertamente pasamos por difíciles momentos económicos, pero ¿es acaso el socialismo el culpable? Redondamente no. La respuesta tenemos que buscarla primero que todo en la guerra económica que Estados Unidos ha llevado sistemáticamente contra Cuba durante casi 40 años.

Los cálculos de los especialistas indican que desde su inicio hasta el cierre de 1998, el bloqueo afectó al país en unos 67 000 millones de dólares. Es decir 4 veces el Producto Interno Bruto de Cuba en 1 año. En la actualidad, con todo el recrudecimiento por la ley Helms-Burton, el bloqueo afecta la economía del país en el equivalente al 15 % de su PIB anual. Precios más altos, mayores gastos de transportación, el llamado «riesgo Cuba» para cualquier actividad comercial o financiera, eleva nuestros gastos en todas esas transacciones. Esto son solo muestras de esa deshumanizada política de quien se autoproclama el campeón de los derechos humanos. Para tener una idea de lo que puede significar para un país el bloqueo, mencionaré algunas de las principales medidas impuestas por Estados Unidos desde sus inicios:
- Prohibir la exportación o reexportación por un tercer país, de productos o datos técnicos de origen estadounidense o aquellos que en su composición contengan materiales de ese origen. De igual forma se prohibe la importación desde Cuba o de terceros países, de productos que contengan insumos de origen cubano.
- No se permite a los bancos de terceros países mantener cuentas en dólares a Cuba o a nacionales cubano y a las firmas utilizar el dólar en sus transacciones con Cuba.
- Estados Unidos extiende las prohibiciones de comerciar con Cuba a entidades de terceros países, bajo las leyes de terceros países, si estas son propiedad o controladas por personas o corporaciones de EE.UU., aunque los intereses estadounidenses sean inferiores al 50%. Igualmente establecieron una «lista negra» de buques que transportaban mercancías por cuenta de Cuba prohibiendo el acceso de estos a sus puertos.
- Los ciudadanos estadounidenses están impedidos de viajar a Cuba, y además están prohibidos los vuelos comerciales entre ambos países.
- A los representantes estadounidenses en las instituciones financieras internacionales se les ordena oponerse a cualquier intento de otorgar créditos o concesiones a Cuba.
- El imperio mantiene una «lista negra» de cientos de empresas en terceros países, con los que se prohibe cualquier transacción. Igualmente sucede con empresas que tengan nacionales cubanos en su nómina; y si cuenta con propiedades en EE.UU. estas son congeladas. Así, todas las propiedades y depósitos bancarios en ese país de empresas o nacionales cubanos fueron congelados.

Como puede apreciarse, el bloqueo a Cuba tuvo desde sus inicios medidas de carácter extraterritorial que, además de afectar a Cuba, lesionan la soberanía e intereses de terceros países. La ley Helms-Burton vino a profundizar esta guerra económica, e introdujo nuevas medidas para su recrudecimiento, a la vez que  amplió la extraterritorialidad, muestras de lo cual bien se conocen en Europa.

En segundo lugar, si bien es cierto que tenemos carencias materiales, nosotros no aspiramos a la concepción de consumo de los países capitalistas desarrollados. El mundo no puede avanzar en esa dirección. Pensemos por un momento si no acabaríamos de hacer explotar este planeta, de proponernos para los miles de millones del Tercer Mundo, los esquemas consumistas del Primer Mundo. ¿Pudiera sostenerse la humanidad copiando el sueño estadounidense? Nosotros en primer término nos interesamos por el nivel de la calidad de vida de la población, que incluye los niveles educacionales y de los servicios de salud alcanzados. El presupuesto del Estado cubano dedica en 1999 el 39 % a esos dos servicios.

En 1994 logramos detener la caída del Producto Interno Bruto, que desde 1990 venía cayendo y había alcanzado en 1993 un descenso del 34,8 % en relación con 1989. A partir de aquel año comenzamos un crecimiento sostenido, aunque aún no al nivel deseado. En este sentido debemos apuntar que la distribución de los ingresos en Cuba, no presenta los niveles de desigualdad que caracterizan este mundo.
El Informe sobre Desarrollo Humano de 1998 del PNUD, destacó esa realidad cuando señaló que el 20 % más rico de la población mundial, tiene el 86 % del gasto total en consumo personal; mientras el 20 % más pobre solo el 1,3 % del consumo. Si lo queremos ver más preciso diríamos que ese 20 % más rico consume a nivel mundial el 45 % de la carne y el pescado, el 58 % de la energía y posee el 74 % de las líneas telefónicas y el 87 % de los vehículos. El consumo, es por ende para pequeñas minorías e ilusión para las mayorías, si no que lo diga el hecho de que las 15 personas más ricas de la Tierra poseen activos mayores al Producto Interno Bruto de toda el Africa Subsahariana.

Por su parte viendo otro ángulo del asunto, la revista Foreing Affairs señaló que en los últimos 30 años, de mediados de la década de 1960 a mediados de los 90, el ingreso del 20 % de la parte de la población más rica creció hasta tener el 85 % de los ingresos mundiales, mientras el 20 % más pobre, bajó al 1,4 % del ingreso total mundial. Es la misma población donde según la UNESCO, existen más de 880 millones de adultos analfabetos -de ellos dos terceras partes son mujeres- y unos 120 millones de niños sin aulas, maestros y libros, de los cuales, para orgullo nuestro, ninguno es cubano. Aquí no podemos olvidar que la globalización neoliberal, entre muchas consecuencias desastrosas, ha acelerado el problema de la desigualdad en los ingresos.

A la misma vez, la política neoliberal ha traído otras consecuencias como el debilitamiento de los Estados nacionales, la crisis política en muchos partidos tradicionales, incremento de la corrupción, aumentos de la transferencia de excedentes, crisis en los gobiernos abriendo paso al fenómeno de la ingobernabilidad. Según CEPAL, en América Latina el aumento de la pobreza se demuestra con cifras absolutas: si en 1980 había 136 millones de pobres, en 1998 esa cifra se elevó a 204 millones, de ellos 90 millones de indigentes.
En tercer lugar, no ocultamos que tenemos insuficiencias económicas de orden interno, pero desarrollamos estrategias para superarlas. Hemos comenzado un programa de perfeccionamiento del sistema empresarial, que va avanzando de manera sostenida. Igualmente trabajamos en la dirección de una economía con un mayor nivel de gestión eficiente, buscando la disminución sistemática de los costos. Se va reduciendo a gran velocidad el subsidio a las entidades estatales y cooperativas. Desde 1994 se ha ido reduciendo el déficit del Presupuesto Estatal cuando pasó a ser solo el 7,4 % del PIB, ya en 1996 estuvo por debajo del 3%, posición en la que se ha mantenido y que es aspiración de muchas naciones.

Un problema básico de nuestra economía, es el acceso al financiamiento externo en cuyo desenlace tiene mucha incidencia la política de bloqueo, porque nos impide lograr prestamos de las instituciones financieras internacionales, nos sobredimensiona los intereses a pagar por los créditos comerciales y otros a corto plazo. Asimismo el flujo de inversiones no está acorde con las posibilidades de negocios que brinda Cuba, por temor a las represalias de EE.UU.

A pesar de esa política, el número de empresas de carácter mixto con capital extranjero, aumenta sostenidamente. Mientras en 1995 contábamos con 212 asociaciones de ese tipo, al cierre del primer semestre de 1999 ya sumaban 360. Ahora bien, debemos apuntar que este proceso de apertura a inversiones extranjeras, tiene un papel complementario a los esfuerzos que hacemos por mantener la capitalización en aquellas ramas de mayor tasa de retorno.

Por el contencioso que ha generado la ley Helms-Burton, entre la Unión Europea y la Administración norteamericana, donde se ha acusado a entidades del viejo mundo de «traficar» con propiedades yanquis, quisiera anotar que siempre estuvo en la decisión cubana compensar las propiedades nacionalizadas, nos regimos por las normas internacionales, ejemplo de ello fue que se hicieron compensaciones, por acuerdos adoptados con Francia, Suiza, Gran Bretaña, Canadá y está en marcha con España.
En esa dirección, el 6 de julio de 1960 se dicta la Ley No. 851 mediante la cual se otorgaron poderes al Presidente y al Primer Ministro para nacionalizar propiedades estadounidenses, por vía de la expropiación, cuando lo consideraran conveniente a la defensa del interés nacional. Pero, en esa Ley, su artículo 5 dice que se pagarán los bienes expropiados, a través de Bonos de la República, emitidos a esos efectos, pagaderos en 30 años y con un interés no menor del 2 % anual. Para ello se crearía en el Banco Nacional un Fondo especial.

La Revolución, que había recibido las arcas de la nación completamente vacías, no tenía de donde sacar activos para asumir los futuros pagos. En ese sentido la propia ley estableció que el Fondo especial se formaría con el 25 % de los ingresos por la venta de azúcar a EE.UU. por encima de los 3 millones de toneladas anuales.

En agosto de ese año se nacionalizaron 40 empresas estadounidenses, posteriormente el proceso seguiría, pero ya el 19 de octubre de 1960 iniciaron el embargo de todo tipo de mercancías dirigidas a Cuba y el 3 de enero del siguiente año determinaron romper las relaciones diplomáticas con el pequeño país. En septiembre el Congreso autorizó al Presidente Kennedy a establecer el bloqueo, que fue instalado oficialmente el 3 de febrero de 1962, como continuación de todas las agresiones que desde el principio del triunfo revolucionario venían realizando.

En cuarto lugar nuestra estrategia de desarrollo no se proyecta hacia una economía de mercado. Si bien por las decisiones adoptadas a partir de 1993, se incrementó el área económica cooperativa y privada, el número de ocupados actual, por tipos de propiedad, expresan la preponderancia socialista. Las entidades estatales agrupan el 78 % de las fuerzas de trabajo, las cooperativas el 9 %, mientras las empresas mixtas, sociedades mercantiles y la actividad privada nacional alcanzan el 13 %.

La sociedad cubana producirá los cambios necesarios para asegurar su supervivencia y desarrollo, aunque sin traicionarse. La propiedad estatal seguirá preponderante y el Estado mantendrá su papel garantizando, entre otros asuntos, la planificación y participando activamente en la producción y los servicios con gran eficiencia.

Durante 40 años, no obstante las agresiones y la guerra económica, los problemas que nos afectaron con la caída del socialismo, y nuestras propias insuficiencias, la economía del país ha crecido a una tasa media anual por encima del 2,5%.

Tenemos un pueblo con un alto potencial científico y una elevada cultura.

Este derrotero cubano tiene lugar en el complejo mundo neoliberal en que estamos viviendo. La actual es una época de grandes riesgos y una sociedad dominada por la globalización neoliberal en que, por las transformaciones al interior del sistema, el capital financiero especulativo ejerce el dominio de los eslabones esenciales de la rotación del capital global. A la vez que concentra y transnacionaliza el poder político, desplazando los mecanismos fundamentales de éste hacia las grandes potencias imperialista, produciendo parejamente un proceso de desnacionalización en el resto de los Estados.

El mundo está ante una posible crisis económica global, donde son las transnacionales las que gobiernan realmente. Y esa sociedad de globalización neoliberal, no podrá subsistir. De cara hacia el siglo XXI, este mundo necesitará un orden global pero justo y genuinamente democrático. Y para alcanzarlo habrá que unir las fuerzas revolucionarias y progresistas para enfrentar al imperialismo, su potencia hegemónica y su política de dominio mundial.

Es incuestionable que esas condiciones mundiales incidirán sobre el perfil de la sociedad cubana del mañana, pero será una sociedad alternativa al capitalismo, un proyecto anticapitalista. Sólo en ese contexto podrá Cuba mantener su independencia y su proyecto nacional. En ese camino es que luchamos por perfeccionar nuestro socialismo, y cerrar cualquier brecha que ese mundo ajeno intente abrirnos. Este será nuestro gran reto.

Sobre el autor:
Manuel Menéndez Díaz es director de «Cuba Socialista»,  revista editada por el Comité Central de Partido Comunista de Cuba.

Notas:
1. En 1953 las tropas rebeldes encabezadas por Fidel Castro, atacaron el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Castro fue tomado prisionero. Durante el juicio él realizó un discurso, conocido como «La historia me absolverá», donde expuso la situación social, económica y política de Cuba, así como el camino a seguir