Petrolero en Colombia
Bush puede enfrentar una  controversia por sus intereses personales en campos petroleros
en  zonas de guerra del país, que valen más de US$230  millones.

Todo empezó el 19 octubre de 1999 cuando el presidente  Andrés Pastrana y el candidato a la Presidencia de los Estados Unidos,  George W. Bush, se reunieron en Austin, Texas. Bush, entonces gobernador del  estado de Texas y precandidato por el partido republicano, se declaró muy  cercano a Colombia y le prometió apoyo a Pastrana en caso de ser elegido  como el sucesor de Clinton.

A finales del año pasado, cuando en  la Casa de Nariño se celebraba la elección de Bush, el propio  presidente Pastrana comentó que la cercanía del nuevo presidente  de los Estados Unidos con Colombia se debía no sólo a que  había sido asesor de una empresa petrolera con millonarias inversiones en  el país, sino a que la familia del nuevo presidente poseía  acciones en esa compañía.

Pastrana recordó que en  1999, durante su visita a Austin, el entonces gobernador Bush le coordinó  un encuentro con prestigiosos empresarios del sector petrolero y  energético de Texas para que valoraran posibles inversiones en Colombia.  Pero también le reveló que él ya tenía inversiones  en Colombia por cuenta de Harken Energy Corporation, una firma petrolera cuya  casa matriz está en Houston, Texas, y que tiene una filial en  Bogotá, donde aparece registrada como Harken de Colombia Ltda.
 

Bush llegó a tener 345.426  acciones y un poder de influencia que consolidó la imagen de  Harken.

El ingreso de Harken a Colombia no fue  accidental. Rastreando los orígenes de la historia, CAMBIO pudo  establecer que Bush empezó a interesar- se en el país gracias a su  amistad con Rodrigo Villamizar, ex ministro de Minas y Energía del  gobierno de Ernesto Samper.

Bush y Villamizar se conocieron a finales de  la década del 60 en la Universidad de Yale y en la facultad de  Administración de Empresas de la Univer- sidad de Harvard. Los dos  siempre mostraron interés por el tema petrolero y desde entonces  Villamizar se convirtió en uno de los principales consejeros de Bush en  asuntos que tenían que ver con América Latina. Consultado por  CAMBIO, Villamizar dijo desde Houston que “Bush siempre ha creído  en Colombia para invertir, así como lo ha hecho en Ecuador y Perú  o en los estados de Oklahoma y Louisiana”.

Las  inversiones de Bush

Los primeros pinos que hizo Bush en negocios de petróleo  fueron con pequeñas compañías de su familia en Texas, pero  los resultados negativos de esas incursiones empezaron a crearle fama de mal  empresario.

En los sectores petroleros de Estados Unidos se asegura que  en 1986 Harken lo salvó de la quiebra cuando compró parte de las  acciones de Spectrum 7, una empresa creada por Bush Jr. en momentos en que su  padre, George, aspiraba a la Presidencia de los Estados Unidos. Spectrum 7  estaba al borde de la bancarrota cuando Harken la salvó.

Harken  figuró entre las empresas que contribuyeron a la financiación de  las dos campañas presidenciales de Bush padre. Harken hizo lo mismo con  las del hijo tanto para la gobernación de Texas en 1994 y en 1998, como  para la Presidencia en 2000.

Gracias a la fusión realizada entre  Harken y Spectrum 7 en noviembre de 1986, el actual presidente Bush acabó  convertido en uno de los propietarios de la nueva firma con 212.152 acciones de  capital. Luego, el 10 de marzo de 1987, compró otras 80.000 acciones, y  25.000 más el 6 de junio de 1989. Su inversión llegó en  1993 a 345.426 acciones, lo que representa el 1,1% del valor de la empresa, algo  insignificante en un país de gran concentración de capital como  Colombia, pero nada despreciable en un país como Estados Unidos, donde  los grandes potentados controlan compañías con el 5% ó el  10%.
 

Mientras Villamizar era ministro de  Minas, Ecopetrol le adjudicó a Harken tres de los cinco contratos que hoy  tiene con el Estado.

Las ganancias de la  guerra

Aunque Bush siempre ha calificado su  participación en Harken como “insignificante”,  investigaciones realizadas por The Washington Post y The Wall Street Journal  demostraron que la familia Bush siempre mantuvo “las posiciones  sustanciales” en el plano directivo de la compañía.  Según la biografía de Bush que difundió el Departamento de  Estado, el nuevo presidente habría dicho en alguna oportunidad una frase  que puede explicar todo esto: “Aprendí el valor de la diplomacia  personal al ver cómo mi padre creaba amistades y relaciones con  gobernantes extranjeros”.

La influencia de la familia Bush sobre Harken creció cuando  Bush padre asumió la Presidencia de los Estados Unidos en 1989. Entonces,  Bush hijo pasó a formar parte de la junta directiva de la firma y se  desempeñó como director y consultor con un salario que  empezó en US$80.000 al año y que llegó después hasta  US$120.000.

Pero a comienzos de la década del 90, los intereses  económicos del delfín empezaron a crearle problemas al padre. A  Harken le fue otorgado por 35 años un contrato en Bahrein, en el Golfo  Pérsico, por encima de multinacionales con mayor experiencia como Amoco.  Según Bill Muntaglio, investigador autor del libro First Son sobre Bush  hijo y su padre, “analistas de la industria petrolera quedaron  atónitos cuando Harken se quedó con el negocio, en momentos en que  Amoco ya había iniciado negociaciones con el ministro de Petróleos  de Bahrein”, cuyo gobierno es uno de los principales aliados de Washington  en la zona. La sensación de que Bush padre había influido en  Bahrein en favor de la compañía de su familia quedó en el  aire.

El negocio disparó el valor de las acciones de Harken y el  22 de junio de 1990 Bush Jr. vendió buena parte de las suyas, lo que le  significó ganancias superiores al 200%. Pocas semanas después  estalló la Guerra del Golfo, la exploración fracasó y las  acciones de Harken se derrumbaron. Entonces se oyeron voces en tono acusador que  sindicaban a Bush Jr. de haber sacado provecho personal de información  privilegiada en el sentido de que venía la guerra y las acciones  caerían.

Influyentes medios de comunicación como la  revista Time se preguntaron entonces cómo una empresa sin prestigio  internacional había sido utilizada por el hijo del presidente para  especular y enriquecerse. La investigación no terminó en  sanción alguna contra los Bush, pero el debate ético no  dejó bien parada a la familia presidencial. Para los analistas de la  prensa y para la opinión pública en general, no cabía duda  de que el interés patriótico había sido manipulado cuando  los intereses financieros de la familia presidencial estaban muy cerca del  frente de combate.
 

Harken fue una de las petroleras que  intercedieron ante el Congreso para la aprobación del Plan  Colombia.

Los cargos de tráfico de  influencias contra Bush Jr. se repitieron en 1994, cuando siendo candidato a la  gobernación de Texas, el semanario neoyorquino The Nation lo acusó  de presionar al ministro de Obras Públicas de Argentina, Rodolfo  Terragno, para que le adjudicara un contrato de gas a la multinacional Enron,  una de las compañías que habían aportado recursos a su  campaña electoral. El gobierno de Raúl Alfonsín no  cedió a las pretensiones de Bush, pero más tarde, durante la  primera administración de Carlos Menem, amigo de los Bush, la  construcción del gasoducto entre Argentina y Chile le fue entregada en  concesión a Enron.

Harken en Colombia

El ingreso de Harken a Colombia empezó a estudiarse a comienzos  de la década del 90 y se formalizó en 1992 cuando Ecopetrol le  adjudicó un contrato de exploración entre los municipios de  Maní y Orocué, en Casanare (ver mapa) al que se sumaron cuatro  más, el último de los cuales se suscribió en 1998. Vale la  pena destacar que entre 1995 y 1997, cuando Rodrigo Villamizar se  desempeñaba como ministro de Minas y Energía, Ecopetrol le  adjudicó a Harken tres de los cinco contratos de exploración que  hoy tiene con el estado colombiano. “En esta adjudicación no  había impedimento alguno porque los contratos beneficiaron al país  y no a mí”, dijo Villamizar a CAMBIO.
 

Si a Harken le va bien, Bush puede  ganar millones de dólares. Si, por ejemplo, la guerra los afecta, puede  perder otro tanto.

En la actualidad, Harken es una de las compañías con  más contratos vigentes, con posibilidades de exploración durante  seis años y de producción durante 22 años más.  Aunque la mayoría de los proyectos se encuentran todavía en la  etapa de exploración y sólo tres pozos están produciendo  crudo, en su página web Harken Energy Corporation muestra a Colombia como  su principal inversión hacia el futuro, por encima de Estados Unidos y de  otros países de América Latina.

En los círculos  petroleros internacionales Harken es percibida como una empresa sólida  porque, además de sus inversiones en varios estados de Estados Unidos,  tiene la capacidad de apostarle a un país en donde los riesgos son muy  altos y al que sólo se le miden las grandes petroleras como Oxy y BP. De  hecho, en su página web, Harken Energy demuestra que sus inversiones  más importantes están en Colombia, pues son más del doble  de lo que tiene en Estados Unidos. Según el ex ministro Villamizar,  “gracias al interés de Bush en Colombia, Harken ha invertido cerca  de 250 millones de dólares en busca de petróleo, lo que le ha  representado al país importantes ingresos en divisas”.

Conflicto de intereses

Pero  más allá de lo anecdótico, la conexión del actual  presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, con Harken y de ésta  con Colombia pueden tener importantes efectos políticos, pues el futuro  de Colombia, de su economía, de los inversionistas extranjeros como  Harken, depende en buena medida del apoyo que Washington le brinde.

Desde un punto de vista pragmático, para Colombia la  situación puede ser positiva, pues si al país le va bien, a Harken  y a Bush les puede ir bien. De donde se puede deducir que Bush podría  tener el mayor interés en que a Colombia le vaya bien.

Pero el  asunto es más delicado. El cruce de cables entre los negocios del  presidente Bush y la política exterior que hoy debe orientar, tiene sus  semillas en 1999 cuando las principales petroleras estadounidenses –Harken  entre ellas–, empezaron a cabildear ante el Congreso en Washington para  presionar la aprobación del Plan Colombia. Incluso se creó el  grupo conocido como US Colombia Business Partnership del que forman parte  multinacionales que tienen negocios en Colombia y que están interesadas  en que se mejoren los niveles de seguridad para proteger sus inversiones.

Como en el caso de Bahrein, el presidente Bush podría terminar  envuelto en un conflicto de intereses, pues en su caso resulta difícil  separar sus negocios personales de los asuntos de política exterior y  seguridad de su país, aún si se tiene en cuenta que sus acciones  en Harken están en poder de un fideicomiso y él no las controla  desde que asumió la Presidencia. El fideicomiso sólo garantiza que  él no pueda intervenir en decisiones de Harken. En cuanto a Colombia, el  país del que depende el futuro de Harken, bien puede ser favorecido por  determinaciones presidenciales de Bush. Basta con imaginar que si a Harken le va  bien en Colombia y sus pozos operan de modo exitoso, Bush puede ganar millones  de dólares. Y si no, si por ejemplo la guerra los afecta, puede perder  otro tanto.

No es de extrañar que si un día se intensifica  la intervención estadounidense en Colombia, la oposición a Bush y  los medios de comunicación cuestionen el hecho de que su comandante en  jefe decida invertir millones de dólares y arriesgar la vida de decenas  de soldados estadounidenses en un país donde tiene tantos y tan valiosos  intereses personales.
 

“Gracias a Bush, Harken ha  invertido en Colombia 250 millones de dólares en busca de  petróleo”. Rodrigo Villamizar, ex ministro de Minas.

Andrés Pastrana y George W. Bush  se encontraron de nuevo el pasado 27 de febrero. Bush ya no era el gobernador  del estado petrolero por excelencia de Estados Unidos, sino el Presidente de los  Estados Unidos. Volvieron a hablar de economía y de petróleo,  aunque Bush ya no le habló de Harken. Sin embargo, le aseguró al  presidente colombiano que defenderá el Plan Colombia a capa y espada, y  que promoverá más inversión estadounidense en Colombia.  “Ante todo soy un libre comerciante”, le dijo. Y es tal vez esta  vocación la que lo puede meter en problemas.

El debate  está planteado y dará mucho de qué hablar sobre todo si se  tiene en cuenta que el Congreso de los Estados Unidos acaba de anunciar que  espera que el presidente Bush explique en las próximas semanas los  alcances del Plan Colombia no sólo bajo la perspectiva de la seguridad  nacional sino frente a las inversiones de los empresarios privados  estadounidenses en Colombia. Sólo entonces se sabrá si el fantasma  de Harken hará temblar al presidente Bush y tendrá efectos para  Colombia.

Bush como petrolero
Huyéndole a las quiebras

Una vez George Bush Jr. se graduó en Yale y Harvard  decidió ir a probar suerte en Midland, Texas, un pueblo en el que su  familia ya era reconocida entre los empresarios petroleros. Según una  biografía publicada por el Departamento de Estado luego de su  posesión como presidente de los Estados Unidos, su historia petrolera  empezó como landman, un pequeño empresario que investiga los  derechos de propiedad de terrenos aptos para la exploración y luego los  arrienda. Enseguida decidió trabajar en casos de derechos de  regalías y después arriesgó en proyectos de  perforación de pozos. No le iba bien pero era muy reconocido entre los  ejecutivos del sector. En 1978 se lanzó como aspirante al Congreso con el  apoyo de varios empresarios petroleros y perdió

Creó  empresas petroleras que no tuvieron mayor trascendencia como Zapata Oil en la  cual lo apoyaron varios inversionistas. Pero no encontró petróleo  y sus socios perdieron dos millones de dólares. Luego fundó  Arbusto Energy en honor al significado en español de su apellido. Cuando  la quiebra volvió a amenazar recibió el apoyo de Philip Uzielli,  un inversionista con intereses en Panamá y cercano a su padre. Uzielli  compró el 10% de Arbusto Oil en un millón de dólares a  pesar de que había sido valorado en US$400.000. Luego cambió el  nombre de la empresa a Bush Exploration en busca de mayor publicidad pero, dice  la biografía divulgada por el Gobierno norteamericano, “las cosas  no marcharon bien y los precios del petróleo empezaron a caer a  principios de la década del 80, lo que dificultó la  operación de la nueva empresa”. En 1984 Bush decidió  fusionar la compañía con otra pequeña empresa de  exploración llamada Spectrum 7, con sede en Cincinnati y oficina en  Midland, de la cual pasó a ser presidente. Una vez más, la crisis  se hizo insostenible a pesar de controlar 180 pozos en Texas, hasta que  apareció en 1986 la propuesta salvadora de Harken Energy Corporation. A  pesar de que su eficacia como empresario petrolero no le ayudó mucho, su  apellido sí resultó definitivo (ver artículo central). El  diario Washington Post citó a Paul Rea, un ex presidente de Spectrum 7,  que reconoció que “una de las razones por las cuales Harken se  interesó por la compañía fue porque allí estaba  George. Ellos pensaban que el apellido Bush sería una gran ayuda y por  ello lo querían de su lado”. Con él Harken se  posicionó en el mercado internacional pero casi quiebra cuando el  controvertido contrato en Bahreim resultó fallido. A pesar de los  traspiés la billetera de Bush siempre salió fortalecida.

A la espera de un golpe de suerte
Colombia es  la esperanza

Para decirlo de la manera más sencilla posible, la suerte de  Harken Energy Corporation está íntimamente atada a la de sus  proyectos en Colombia. Y es que la empresa con sede en Houston tiene cinco  contratos de asociación en el país, muy por encima de sus  intereses en Costa Rica o incluso en los Estados Unidos. Aunque sólo dos  campos están en producción, gracias a yacimientos de tamaño  relativamente pequeños –de menos de 5.000 barriles diarios–,  la empresa mantiene el optimismo en las posibilidades de encontrar  depósitos de crudo más grandes. Según Harken, las reservas  probadas en Colombia tenían un valor presente, antes de impuestos, de  224,6 millones de dólares a junio 30 de 2000, una suma bien superior a  las que tiene en los Estados Unidos, estimadas en 95,8 millones de  dólares a finales de 1999.

Las cifras conocidas de Harken dejan  en claro que la empresa se está jugando casi todo en Colombia. Las  pérdidas en 1999 fueron de 13 millones de dólares con ventas de 20  millones de dólares, una mejoría notable, pero no suficiente  frente al saldo en rojo de 53 millones de dólares que dejó el  ejercicio de 1998. El mercado de valores ha mostrado una actitud cambiante  frente a la compañía. La acción que llegó a  cotizarse en US$13,10 en los últimos 12 meses, alcanzó a caer a  US$1,25 y estaba en cerca de US$5 la semana pasada. El valor de la empresa,  según su cotización reciente en bolsa, es de unos 88 millones de  dólares, una cifra relativamente menor en los Estados Unidos.

¿Son tales cifras evidencia de una gran fragilidad? Sí y  no. Harken, al igual que decenas de empresas exploradoras de ese tamaño,  depende de su éxito en unas cuantas áreas y de la mezcla adecuada  de suerte y técnica. En sus más de 20 años de historia la  empresa ha estado tanto al borde del colapso, como ha tenido épocas de  vacas gordas. Es con la intención de ver reverdecer sus laureles que la  compañía se ha jugado sus cartas en Colombia. La  explicación oficial es que las posibilidades de encontrar tesoros en  materia petrolera en territorios conocidos, como los de Estados Unidos, es muy  escasa. En cambio Colombia sigue siendo un territorio relativamente inexplorado  en el cual una empresa del tamaño de Harken puede hacer una buena  fortuna, como en su momento y bajo condiciones similares le ocurrió a  Triton en el caso de Cusiana. Si los riesgos de operar en el país le  preocupan a Harken, hay que decir que eso está dentro de los  cálculos típicos de una industria que se mueve normalmente en  condiciones inhóspitas, en los más remotos confines del mundo. La  empresa se precia de conocer bien el territorio nacional y para ello cuenta con  dos colombianos en sus altas esferas: Gabriel Gustavo Cano Velásquez,  gerente de la operación en el país, y Guillermo Sánchez,  vicepresidente en el área de desarrollo de negocios.

En lo que va  del año las noticias han traído unas de cal y otras de arena. Por  una parte, el pozo Olivo 2 en el contrato Bolívar no dio resultado,  después de una inversión de varios millones de dólares. Por  otra, el pozo Estero 2 en el contrato Alcaraván dio resultados positivos  con una producción cercana a los 1.500 barriles de petróleo  diarios, lo cual aumenta en casi 30% la capacidad de producción de la  compañía. Tal como dijo su presidente, Mikel Faulker, a comienzos  de mes: “La capacidad de producción adicional potencial (...) debe  tener un impacto significativo sobre nuestro desempeño en 2001”.

Harken en cifras

*Reservas avaluadas  en los Estados Unidos antes de impuestos: 95,8 millones de dólares
Reservas avaluadas para Colombia antes de impuestos: 224,6 millones de  dólares (a junio 30 del 2000)
*Promedio de producción  aproximada de barriles por día: 4.700, un 39% más sobre el  promedio de 1999
*Capital de trabajo: 18,4 millones de dólares de un  efectivo disponible de 26,8 millones de dólares
Valor presente por  acción de la empresa: US$4,7 muy bien posicionada en el mercado de bolsa
Valor neto de activos con un crecimiento de 47% durante los últimos  cinco años
*Terrenos en todo el mundo calculados en dos millones de  acres, unas 500.000 hectáreas
Cinco contratos vigentes en Colombia  con posibilidades de exploración a seis años y producción a  22 años
*Activos comprados por 600 millones de dólares en todo  el mundo
Ha atraído y cerrado transacciones equivalentes a 1.000  millones de dólares
*Utilidades antes de impuestos por 19,6 millones  de dólares durante el último trimestre

FUENTE: HARKEN  ENERGY CORPORATION A SEPTIEMBRE 30 DE 2000

Las operaciones  internacionales
Nuevas inversiones en  Latinoamérica

Además de sus inversiones en  Colombia, Harken maneja proyectos de inversión en Estados Unidos en Four  Corners, Nuevo México, Texas, Arkansas, Mississippi y Louisiana. En  Latinoamérica también trabaja en Costa Rica en un contrato en el  que se asoció con MKJ para manejar cuatro concesiones que suman un total  de 5.634 kilómetros cuadrados localizados dentro del Mar Caribe, desde el  Parque Nacional Tortuguero hasta el Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca  Manzanillo, en la frontera con Panamá. Allí la controversia se  desató por las garantías para el cumplimiento de las normas  ambientales. Harken declara en su página de internet que los  próximos países en los que suscribirá contratos de  exploración son Chile, Ecuador, Perú, Panamá, Honduras,  Nicaragua y Belice.

Muchos de los contactos de Harken para esta parte  del continente los facilitó Bush mientras fue gobernador de Texas entre  1994 y enero del 2001. Una vez en la Presidencia, Bush no ha escondido su  interés por los temas petroleros. Durante su primer encuentro con el  presidente mexicano Vicente Fox le manifestó su deseo de llegar a un  acuerdo petrolero para diversificar la dependencia norteamericana en el mercado  del crudo. En el mismo sentido ya habló con el presidente de Brasil,  Fernando Cardoso; con el de Chile, Ricardo Lagos, y con el de Bolivia, Hugo  Bánzer. Este último país por su potencial de gas. Una de  las mayores preocupaciones de Bush es Venezuela debido a la política  nacionalista promovida por el presidente Hugo Chávez, por lo que se  considera que será el próximo objetivo de la agenda petrolera de  Bush