José Carlos García Fajardo
Centro de Colaboraciones Solidarias. España,
diciembre del 2001.
Hace un mes me llegó una invitación para participar
en Togo en un Congreso Internacional sobre el
tema "Fin del holocausto en Irak, una iniciativa africana". Convocaba
la Fundación Afro-Iraquí para la
Paz, la Amistad y la Solidaridad. En la Invitación se
enfatizaba el apoyo humanitario al pueblo iraquí
para liberarlo de un embargo que afecta a la población
civil, en especial a los niños, a las mujeres, a los
ancianos y a los enfermos.
Los temas de la Conferencia eran justos e interesantes: once años
de embargo cruel, zona de
exclusión aérea, secuelas de la utilización
de uranio empobrecido y de bombas de fragmentación, y el
papel del continente africano para pedir el fin del trágico
holocausto. La cifra de más de setecientos mil
niños muertos por hambre o por enfermedades relacionadas
con la desnutrición causada por el
embargo anglo norteamericano debe conmover a toda asociación
humanitaria que se precie.
Sin embargo, cuando me hicieron llegar el programa oficial del
Congreso, pude comprobar que se
trataba de una convocatoria para "Honrar al Padre del Pueblo,
al Gran Líder Espiritual y Presidente de
la República de Irak, Su Excelencia el Dr. Saddam Hussein".
Entre las "ventajas" del Congreso, que
reuniría a representantes de 52 países de Africa
y de otros pueblos amigos, decía se destacaba "la
oportunidad para animar al Presidente Saddam a que permanezca
fiel a Su inmenso compromiso
humanitario y a su ejemplar liderazgo; y sobre todo, la Conferencia
honrará al Presidente Saddam
como un héroe y como un auténtico modelo de dimensión
internacional". Se puede decir más alto pero
no más claro.
Además, el presupuesto para el Congreso -que durará
tres días- asciende a cinco millones de dólares.
Es inevitable no pensar lo que se podría hacer con ese
dinero para aliviar los sufrimientos de las
víctimas inocentes del pueblo iraquí. Es una vergüenza
y un escándalo que existan millones de dólares
destinados a confundir y a emponzoñar a la opinión
pública africana. Pero han querido utilizar a las
organizaciones humanitarias con la moda de intentar poner a las
ONG al servicio de políticas y
economías perversas.
Igual que se denuncia el embargo cruel e inhumano que sufre la
población iraquí, igual que es
imprescindible censurar la política de EEUU en Oriente
Medio, es preciso denunciar a los que
pretenden explotar la buena fe de las gentes para llevar adelante
campañas publicitarias, promoción de
ideologías que no son capaces de convocar adhesiones a
través de los cauces normales: partidos
políticos, sindicatos, confesiones religiosas o fundaciones
con fines declarados.
En el mes de abril tuve la oportunidad de viajar a Irán
para participar en un Congreso Internacional sobre
la Causa Palestina y pronunciar otra conferencia en su Universidad
sobre el fenómeno del voluntariado
social y el auge de la sociedad civil a través de las
organizaciones humanitarias. Nadie me puso
condiciones, ni censuró mis intervenciones, ni impidió
mi amplio coloquio con los participantes. Nadie
me obligó a reconocer ni a alabar la revolución
de los ayatolás ni el régimen que instauraron.
En el mes de mayo, asistí a otro Congreso en Bagdad sobre
el tema del embargo. Ocurrió lo mismo:
mi ponencia fue repartida entre los asistentes y en la universidad
pude hablar con toda libertad ante un
auditorio bastante asombrado, hay que reconocerlo. Agradecí
al vicepresidente Tariq Aziz las
facilidades que me dieron y nadie pretendió que reconociese
el sistema político imperante, y mucho
menos a su presidente.
Los miembros de asociaciones humanitarias acudiremos a donde nos
inviten para dar testimonio de
nuestra labor y del esfuerzo de tantas personas por presentar
alternativas a un modelo de desarrollo
que causa tantas injusticias sociales. Pues entendemos por solidaridad
la respuesta ante una
desigualdad injusta. Pero nadie pretenderá que alabemos
los regímenes políticos ni a los líderes de
países empobrecidos sólo porque son 'malditos'
en las consignas de la política de EEUU, pues
pretenden servirse de las ONG como pantalla para ocultar sus
excesos y abusos insoportables.
Fuente: http://www.lainsignia.org/2001/diciembre/soc_002.htm